Todavía recuerdo el día que mi madre se enteró quién había provocado todas las cicatrices y heridas de mi cuerpo. Su cara era de preocupación, no sabía qué hacer, ni qué decirme. No sabía cómo podía ayudarme. Y, para serte honesto, yo apenas lo estaba descubriendo.

Quiero confesarte mi secreto más oscuro: fui cutter. Sí, me cortaba, abría mi piel para que el dolor se comiera al sufrimiento. Hoy necesito que sepas qué significa esto y que entiendas que ni todo el dolor del mundo puede ayudarte a escapar de ti. Pero sí hay una solución.

La verdad es que no sé ni cómo empezar. Pero, tal vez, lo más sensato sea contarte lo que detonó esto: un mensaje escrito con mi propia sangre, escondido, dejado por mí como un recuerdo de lo que fue y lo que no debía ser.

Santi deserves to die
“Santi deserves to die”

Cuando lo leí, no pude evitar sentir el horror. Los recuerdos me atacaban como si hubiera vivido ese momento ayer. Me vi abrazado en el suelo, llorando, sufriendo, arrancando de mi cuerpo el sufrimiento. Sí, fue algo horrible.

Como lo dije en el video, el cutter no busca matarse, sino que busca encontrar una solución a su estado actual (parciales, en todos los casos). Sin embargo, eso no es lo peor. Igual que un adicto que cada vez necesita mayores dosis para sentir el golpe, los cortes tienden a crecer en magnitud o profundidad. El primer corte duele horrible, aunque sea chiquito. Después, dejas de sentir tanto dolor y necesitas que el que siga sea más fuerte y el siguiente más. Así fue como mi cuerpo quedó marcado por cicatrices. Sombras de un pasado que sufrí.

img_20161024_023754En particular, esta cortada fue la que más me hizo reflexionar. Me la hice en un recreo, en mi prepa, con una navaja. Escarbé en mi piel hasta que vi amarillo. Fue ahí cuando el dolor ya era suficiente como para que éste me durara todo el día. Si el sufrimiento volvía, tocaba la herida y volvía a sentir. El dolor me daba paz.

Y, al mismo tiempo, me daba horror. Me estaba dando cuenta de que yo me hacía más daño de lo que pudiera hacerme otra persona. Algunas heridas se infectaron y, como en ese entonces mi familia no sabía lo que hacía, tenía que encontrar la manera de curarme.

10431481_10152548094296282_4335722313938771510_nEn ese tiempo estaba de moda Blink 182 y hi5. Y fue en esa red social donde busqué ayuda. Encontré grupos especializados que me daban consejos para calmar la imperiosa necesidad que tenía de lastimarme. Me ayudaron a reconocer cuando venía una crisis y cómo evitarla. Poco a poco, aprendí a controlar esas ansias de bañarme en mi propia sangre. Cuando estuve listo, lo compartí con mis amigos. Necesitaba ayuda. Y un problema se resuelve más fácil si tienes alguien en quien confiar, alguien que entienda que no necesitas que sientan lástima por ti, alguien que entienda que todos tenemos crisis pero que cada quien la vive de forma distinta.

Pude haberlo terminado antes. Sin embargo, era tan orgulloso que no quería reconocer que el odio que vivía dentro de mí era más fuerte que yo. Por mucho tiempo, oculté mis cicatrices a todos: mi familia, mis amigos, mi psicólogo. No cometas el mismo error que yo. No estás solo en esto.

Y tú ¿qué opinas?