Nueva York es la capital… de mil cosas. La comida es deliciosa, la moda es inmaculada, la música es excepcional, y de la vida gay ni hablar. Pero si por algo la adoramos, es porque el arte de Nueva York es… el más homosensual.

El cuerpo masculino desnudo siempre lleva un mensaje cuando hablamos de piezas de arte plástico en Nueva York. Una sola obra oculta muchos significados. La cultura visual de esta urbe ha alcanzado límites que muchas otras no han alcanzado siguiera a imaginar. Aunque sea erótico, no es obsceno, ya que la misión es perfeccionar esta expresión artística yendo más allá del físico.

Hablar de piezas homoeróticas en Nueva York es como hablar de conchas en el Caribe. La paleta de museos y colecciones es tan amplia que la vida no nos alcanzaría. Pero esta muestra es apenas una pizca de lo que podemos descubrir en esta ciudad para dilatarnos la pupila con algunos artistas representativos, y también para conocer intenciones políticas, culturales y sociales, no solamente sexuales.

La parte más bella del cuerpo de un hombre (1986)

Duane Michals (1932)

DC Moore Gallery

Muchos coincidimos con Michals. En inglés le llaman Happy Trail (el sendero feliz), se trata de esa línea traviesa de vello debajo del ombligo que nos guía a la fuente de placer. Músculos delineados, pelvis marcada, venas bombeando sangre, quizá un pequeño lunar… todo lo que necesitamos para soñar despiertos. Ah, y el hecho de que la foto sea a blanco y negro la hace perfecta.

Arco de histeria (1993)

Louise Bourgeois (1911-2010)

The Easton Foundation

Una escultura decapitada que hace que su título adquiera sentido de inmediato. Su material dorado atrapa nuestra atención, pero la posición de la figura la retiene. Los detalles de las manos y los pies no tienen igual. Quizá algunos de ustedes conozcan a esta artista francesa por sus esculturas de arañas gigantes que han recorrido el mundo, pero en este caso le aplaudimos por dedicarle su energía a la anatomía viril.

Cortinas de baño (1987)

Oscar Muñoz (1951)

Colección Lio Malca

Muchos de nosotros hemos sentido esa adrenalina de vislumbrar la silueta de un hombre a través de la cortina opaca de un baño. Muñoz no se quedó con la fantasía, y decidió materializarla en estas sensuales piezas que nos regresan a los vestidores del gimnasio o a esa vez que compartimos un cuarto de hotel con nuestro guapo amigo buga en un viaje escolar en la preparatoria.

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La Inhumación (1898)

Fred Holland Day (1864-1933)

The Metropolitan Museum of Art

Otro fotógrafo fuertemente inspirado en el desnudo humano, los escenarios naturales y la religión. En este caso, la muerte de Cristo fue el pretexto perfecto tanto para manifestar su fe como para mostrarnos un lado del cuerpo masculino que pocas veces nos atrevemos a mirar, inerte y frío.

Muerte (1934)

Isamu Noguchi (1904-1988)

The Isamu Noguchi Foundation and Garden Museum

Brillante escultor, íntimo amigo de Frida Kahlo, cautivado por la figura humana y el diseño. Su concepto único de formas en esta escultura oscura también nos hace reflexionar sobre la muerte pero desde un punto de vista más general (no católico). Una cuerda sostiene el cuerpo que no ha perdido la vida aún (ya que se le ve claramente tenso), y nos dice mucho de nosotros mismos, dependiendo de lo que pensemos primero: una condena de muerte o un suicidio.

Finistère (1952)

El baño (1951)

Paul Cadmus (1904-1999)

Whitney Museum of American Art

Uno de mis artistas favoritos, y no me pueden culpar. Atrevido y honesto, Cadmus retó a una sociedad mucho menos abierta que la actual, con piezas excesivamente gráficas, no solamente por la desnudez de sus musculosos y jóvenes modelos, sino por el estilo de vida gay claramente reflejado en evidentes símbolos como miradas, ropa interior y analogías de penetración, así como en actos como el cruising o asearse con esmero después de la actividad sexual.

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