La mayor epidemia de nuestros tiempos no es producto de una conspiración para acabar con los homosexuales, como se llegó a creer a principios de los 80.

Es más bien el resultado de una serie de acontecimientos que inician a principios de siglo XX en la zona de los Grandes Lagos en el centro del continente africano, donde existían chimpancés y otros monos que tenían el Virus de Inmunodeficiencia de Simios (SIV).

Entre las décadas de 1930 a 1950, pasó a algunos cazadores de la República Democrática del Congo (antes llamada Zaire) y mutó, convirtiéndose en un virus que también ataca humanos. Pasaron años para que el virus saliera de las selvas del centro de África y llegara a Haití, de donde saltó a Estados Unidos a través de algunos migrantes y posteriormente, se detectaron los primeros casos del “mundo occidental” entre hombres gays en California y posteriormente en Nueva York en 1981.

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Si bien al principio de la epidemia se le llamó “cáncer rosa” porque se creía que sólo afectaba a hombres que tuvieran sexo con otros hombres, los primeros casos de transmisión en los países como Tanzania y Uganda, se dieron a través de contactos heterosexuales mucho tiempo antes que los casos en E.U., sin embargo estos no fueron detectados ya que se confundían con otras enfermedades que azotaban a las zonas remotas de África.

Entonces, ¿por qué los homosexuales fueron el foco de la epidemia en el mundo occidental? A principios de los 80, se vivía aún la liberación sexual gay en las grandes ciudades norteamericanas, donde tener múltiples parejas sexuales era casi casi una regla, en una etapa en la que no se usaba condón en el sexo entre hombres. Además, como se comprobaría muchos años más tarde, la penetración anal es la práctica más riesgosa para la transmisión del virus, mucho más incluso que la penetración vaginal.

Estos dos fenómenos (múltiples parejas en un corto periodo de tiempo + alto riesgo de transmisión anal) hizo que la epidemia explotara entre los gays de Estados Unidos y muy pronto, también entre los gays de la mayoría de países desarrollados como los europeos, y aquellos con una comunidad gay naciente, como los latinoamericanos. Sin embargo, en los 90 se vio que la epidemia no era igual en todo el mundo: en los países de la antigua Unión Soviética, la epidemia afectó más a las personas que usan drogas inyectables; en países del sur de Asia, la población más afectada son las mujeres que ejercen el trabajo sexual; en el sur de África, las adolescentes heterosexuales son las que concentran el mayor número de casos.

A más de 35 años de que comenzó la epidemia del VIH, en México y la mayoría de países de América Latina, las poblaciones más afectadas por el virus siguen siendo los hombres gays y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH) así como las mujeres trans.

Pero incluso en zonas como el Oeste Africano, se estima que 1 de cada 3 hombres gays podría estar viviendo con VIH aunque en número, estos no representan ni el 10% del total de los casos, ante una epidemia eminentemente heterosexual. En Estados Unidos, se estima que 1 de cada 4 afroamericanos gays adquirirán el VIH en algún momento de sus vidas. En México la situación también es muy preocupante: 1 de cada 6 hombres gays y HSH podrían estar viviendo con VIH.

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Esto refleja que el reto de detener la epidemia en nuestra población no es sólo asunto mexicano o latinoamericano, es global. Pero también se empieza a vislumbrar una salida: el tratamiento como prevención. Dinamarca se ha convertido en el primer país del mundo en prácticamente frenar los nuevos casos de VIH. ¿Cómo? Asegurándose que todas las personas que viven con VIH conozcan su estatus y usen tratamiento antiretroviral. De esta forma, es casi imposible que alguien adquiera el virus al menos que viaje a otro país. El modelo danés se ha convertido en un anhelo para muchos países en los que a pesar de los esfuerzos existentes para promover el uso de condón, no se ha logrado disminuir la incidencia.

Como lo explicamos en este artículo, los gays no fuimos los primeros afectados por el VIH pero sí podríamos ser los primeros en eliminarlo si todos hacemos el compromiso de usar condón de manera consistente, de hacernos la prueba 1 vez al año y en caso de vivir con VIH, usar adecuadamente el tratamiento.

Si te interesa conocer más sobre el tema, te recomendamos:

La película “Y la banda siguió tocando” (1993) y el libro homónimo de Randy Shilts.

El libro “30 años del VIH: Perspectivas desde México” del CIENI.

La película “Un corazón normal” (2014).

El libro “The coming plague” de Laurie Garret

Y tú ¿qué opinas?