Alan tenía 28 años cuando murió, hace apenas unos días, víctima de una enfermedad relacionada con el sida.

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Aunque llevaba varios años viviendo con el virus, nunca quiso tomar medicamentos por el miedo a la discriminación que podría experimentar si la gente a su alrededor se enteraba que tenía VIH. Además, cuando ingresó al hospital tardaron mucho en atenderlo y no quisieron darle los medicamentos necesarios, según creen sus amigos se debió al rechazo por parte del personal de salud debido a su condición de positivo.

Historias como la de Alan se viven todos los días, en vida pero incluso después de la muerte. La epidemia del VIH no ha podido ser controlada por diversas razones, pero entre las principales están el estigma y la discriminación. El primero tiene que ver con lo que piensan las personas respecto a quien vive con el virus, lo segundo es lo que hacen o dejan de hacer para violar sus derechos.

Aunque la discriminación está prohibida por diversas leyes, en la práctica, el rechazo a las personas que viven con VIH sigue siendo muy común en México y toda América Latina.

En este artículo les contaré de 3 casos recientes de personas que han experimentado una serie de dificultades debido al virus:

Rigoberto

Rigo vivo con VIH desde hace unos 5 años y lleva 4 con tratamiento antiretroviral. Hace unas semanas solicitó empleo en una reconocida cadena de laboratorios para dedicarse a hacer análisis de muestras. Pasó todos los filtros, firmó su contrato y hasta credencial le dieron. Le dijeron que sólo faltaba que le hicieran un chequeo médico (los cuales en teoría están prohibidos, sobre todo por la discriminación relacionada con las pruebas de embarazo y también con el VIH) pero él comento a la persona de recursos humanos que tiene el virus porque sabía que de cualquier forma lo iban a saber eventualmente. En ese momento le arrebataron los documentos y le dijeron que desafortunadamente no se podían exponer a que “contaminara” las pruebas.

Obviamente no había forma en la que él pudiera exponer las sustancias a analizar al virus. El personal de laboratorio debería saber mejor que nadie cuáles son las formas de transmisión. Sin embargo, le quitaron su derecho a acceder a un empleo para el que tenía todas las credenciales y capacidades. A pesar del coraje que sintió ante esa circunstancia, no se atrevía a denunciar o poner una queja ya que temía que podrían ficharlo en el sector privado y ya no lo quisieran contratar en ningún lado. A pesar de haber cursado una licenciatura, desconocía a qué instituciones podía acudir para presentar una queja ante lo ocurrido. Actualmente está por abrir un expediente en COPRED para que atiendan su caso.

Campaña de ONUSIDA

Abner

Después de algunos años de vivir con VIH, a Abner le diagnosticaron cáncer en el estómago. Aunque lo trataron en algunos de los hospitales más reconocidos del sector público en su ciudad, afirma que muchos médicos lo dejaban hasta el final o buscaban no intervenirlo quirúrgicamente por ser positivo. Incluso llegó a escuchar cómo el personal de enfermería hacía comentarios denigrantes violando su confidencialidad y atacando su dignidad. Debido a la tardanza para que lo vincularan a los diferentes especialistas, su situación de salud se volvió más complicada. ¿Poner una queja contra la institución en donde lo atienden? No creía que fuera buena idea porque temía que el trato pudiera ser aún peor de lo que ya era.

Por lo pronto está en proceso de recuperación pero también ha sufrido otro tipo de rechazo. Cuando utiliza apps de ligue menciona que vive con VIH por lo cual normalmente mucha gente lo rechaza e incluso le dicen que es un “peligro” andante a pesar de que está en tratamiento desde hace varios años. Aunque parezca trivial, esta discriminación dentro del mundo gay afecta igual o hasta más que la que discriminación institucional o la que ejercen las personas heterosexuales.

Gonzalo

Gonzalo es militar desde los 20 años y vive con VIH desde hace casi 8. A diferencia de varios miembros de las fuerzas armadas que fueron dados de baja debido a que vivían con el virus hace varios años, hoy en día el Ejército ya no puede hacer eso después de una larga discusión de la Suprema Corte en el 2007. Sin embargo, experimenta el rechazo de sus superiores y de la mayoría de sus compañeros quienes lo catalogan de “sidoso”.

Diversos ejércitos de todo el mundo permiten que las personas con VIH sirvan en cualquier actividad castrense debido a que tener el virus, no les imposibilita física o mentalmente para llevar a cabo cualquier actividad. Sin embargo, en México se les considera “discapacitados” y no pueden participar en todas las actividades, tal como lo comenta Gonzalo en el reportaje para el que dio su testimonio en Vice.

Imagen de Onusida

Desde que comencé a trabajar en el tema de VIH, he conocido de casos en los que la discriminación ha provocado que las personas mueran, pierdan la vista, les arrebaten sus propiedades, les quiten a sus hijos, los corran de sus empleos, se vean forzadas a migrar al extranjero, sean desconocidas por sus familias, y una larga lista de tristes etcéteras. No podemos ni debemos permitir que sigan ocurriendo estos casos que en su mayoría, ocurren contra hombres gays y mujeres trans ya que seguimos siendo quienes concentramos la epidemia.

Si tú o alguien que conoces ha sido víctima de discriminación, acude a la Comisión de Derechos Humanos (CNDH o las de los estados) en caso de que los responsables pertenezcan a una institución de gobierno, o a CONAPRED (o COPRED en el caso de CDMX) para levantar una queja en caso de que los responsables sean individuos o del sector privado. En varias entidades, la discriminación también es un delito por lo que se puede denunciar en el ministerio público.

Recuerda que el VIH no tiene cura, la discriminación sí.

Y tú ¿qué opinas?