Hace un par de semanas me encontré con un artículo en twitter que hablaba de una práctica sexual denominada en el mismo texto como “Bud Sex”, o en su traducción más burda, sexo entre colegas, entre cuates, entre carnales.

Cuando terminé de echarle un ojo a las letras me quedó claro que ahí se hacía referencia a encuentros sexuales entre hombres que no se asumen ni cómo homosexuales, ni como bisexuales. Sí, heterosexuales que llevan a cabo encuentros sexuales que dentro del término, son ejecutados con la gracia de la mera satisfacción. Por puro placer pues.

A lo largo del tiempo, nos ha quedado claro que en términos de sexualidad, la paleta de colores es muy amplia y muy flexible. Incluso las “etiquetas” son moldeables y pueden estirarse bastante. Sin embargo, cuando se habla de bud sex, no se establece una situación que ocurre una o dos veces en la vida de sus practicantes, sino que es una actividad que se lleva a cabo con cierta frecuencia, manteniendo siempre esa protección del:

“No soy gay, ni bisexual, yo sólo me acuesto con hombres para descargar mis ganas”

Detalle de un ánfora ateniense pintada con figuras negras del siglo V a. C.

Lo que más hizo ruido en mi cabeza, no estaba relacionado con las elecciones sexuales de nadie, sino con el miedo terrible, que este término establece, de parte de quienes lo llevan a cabo. Miedo a ser catalogados fuera del espectro heterosexual, a perder “su masculinidad”, a enfrentarse al juicio social, a formar parte del colectivo LGBT+. El en bud sex lo último que importa es la lucha por los derechos o el establecimiento social de nuevas formas de la sexualidad (aunque de nuevo no tiene nada, no olvidemos que este patrón de comportamiento existe desde la Grecia antigua). ¿Qué me preocupó más? Como bisexual, me puede llegar cierto dolor al pecho cuando pienso en hombres que, para no aceptar una orientación fuera de la heterosexual, justifican sus acciones bajo el estatuto de “esto sólo lo hago por placer”. Es evidente que son hombres que llevan vidas heterosexuales, donde, es raro que en la conversación con la novia o la esposa, se les salga decir:

“Mañana llego tarde, porque voy a cogerme a -un colega-”

La negación contundente de un comportamiento bisexual es triste y nos hace caminar varios pasos atrás en la lucha por los derechos. Vayamos entonces a varios puntos que establece el llamado Bud sex:

Puro sexo, nada de amistad, besos, ni se diga.

Según esta práctica, aquí se va a lo que se va. No ha lazos de cariño, no es el amigo con el que puedes irte de fiesta, no es el conocido que te cae bien en la oficina y que de vez en cuándo te compra un café. Puro placer, sin la caricia romántica, casi casi, sin mirarse a los ojos.

No es de diario.

Sí existe un parámetro que lo vuelve constante, pero no está relacionado con un periodo semanal, sino que se hace cuando vuelve el calor del cuerpo. Cuando se necesita descargar el deseo sexual con un hombre, es el momento perfecto para quienes practican el bud sex.

El dinero y el sexo

Muchos de los casos se relacionan con el pago monetario a cambio de sexo.

Considerando que las reglas son evitar cualquier contacto “cariñoso”, es común que estos encuentros se lleven a cabo a través de un intercambio económico, donde se deja claro que al cuerpo se le debe cosificar, convertirlo en una especie de costal de desahogo.

¿Y la parte femenina?

Varios estudios, uno muy interesante realizado por Jane Ward, profesora de la Universidad de California, establecen que cualquier comportamiento que evoque a la feminidad está prácticamente prohibido. No se permite el juego curioso, ni las “manifestaciones homosexuales”. Algo así como: Machos con machos.

Tener sexo homosexual sin ser homosexual o bisexual, es posible. Ese es el punto de partida de los autodenominados budsexers. Este planteamiento les ha acarreado un sinfín de críticas por parte de la comunidad LGBT+ que parten de la idea de que quienes practican este tipo de encuentros cargan consigo enormes grados de homofobia. Y es que dentro de este espectro, cualquier relación que pueda existir entre el encuentro sexual de dos hombres y la atracción romántica está mal visto. Desde un análisis más personal, considero que lo que puede ser lamentable de esto radica en la negación de aquello que internamente también nos define; la orientación sexual. No intento pensar que si tienes sexo con un hombre automáticamente eres gay, porque creo que es una afirmación muy dolorosa para quienes están fuera de ese rango de expresión sexual. Lo que con el tiempo he aprendido, es que la bisexualidad es una orientación en la que muchos no creen porque algunas personas homosexuales tienden a asignársela antes de salir del clóset. En el bud sex, se niega a la bisexualidad manteniendo como única forma de expresión sentimental y amorosa a la heterosexualidad. Se establece que el sexo entre hombres es una práctica totalmente carnal y se declara que cualquier forma de amor que no sea entre un hombre y una mujer es producto del simple placer sexual.

Ustedes ¿Qué opinan?