“Te veo los ganglios muy inflamados” palabras que me hicieron pensar que algo no andaba bien.

El 22 de Noviembre del 2016, después de lograr vencer mis miedos de saber mí estado, fui a hacerme la prueba de VIH. No fue mi primera tarea del día, pero me lo dejé programado para al fin librarme del gran peso que sentía al verme y sentirme delante del espejo si en verdad mis ganglios estaban tan inflamados como me dijeron.

Tal vez te interese leer: 5 razones para hacerte la prueba del VIH

Llegué a la clínica con esa tranquilidad falsa con la que siempre suelo entrar a los lugares dónde sé que puedo llegar a saber cosas que no quiero escuchar, tomé mi turno y esperé a que tomaran mi muestra de sangre; siempre le he tenido miedo a las tomas de sangre y esta vez no fue la excepción. Al esperar no pude evitar el pensar todos los posibles escenarios sobre que me van a decir al cruzar por esa puerta hasta que escuché mi nombre cortando por completo mis pensamientos y pasé con el consejero que después de un saludo de protocolo me pregunta ¿qué sabes del VIH? Vi que tenía mis resultados sobre la mesa boca abajo y le contesté lo que sabía entonces: No te mueres, el VIH no es SIDA, ataca tus células CD4, debes saber tu conteo de células CD4, se contagia por vía sexual o transfusión de sangre, los fluidos con mayor carga de virus son el semen y la sangre y un sinfín de hechos a medias y atiborrados que me llegaron a la punta de la lengua que simplemente sentía la necesidad de escupir.

Terminada mi respuesta su “al menos tienes una idea” de alguna manera me logró tranquilizar sin saber que seguía un “tu prueba salió como reactiva“, y por ese momento el tiempo dejó de correr y sentí ese latigazo frío que recorre todo tu cuerpo en cuestión de segundos; mis oídos dejaron de escuchar, mi piel dejo de sentir, un silencio abrazador llenó el lugar y mis ojos se fijaron al piso moviéndose como si buscaran algo moviéndose, pero sólo veía al vacío intentando hacer un escaneo completo de mi vida sexual –Que en mi personal opinión no tenía gran relevancia, pues muchos, pocos, mayores, menores, ricos o pobres, en mi estuvo la decisión de usar o no un condón y el VIH no discrimina-. Esos minutos se distorsionaron en horas hasta el ¿qué piensas? del consejero y lo único que en ese momento pude contestar fue un “preocupante” no sé.

No tengo idea de cómo estaba el clima ese día, pero mi interior se tornó sofocante y oscuro, entré en desesperación, mi corazón quería salirse de mi pecho, los constantes – ¿qué piensas? ¿qué sientes? del consejero después de decirle que me sentía decepcionado de mí –además de pensar un gran chale-, junto con el no saber sobre qué retos me esperan tanto en la vida sentimental como en la profesional y el shock que tenía, no me ayudaban en nada y sólo me ponían más nervioso, ansioso, triste y de mal humor. Posiblemente fue el mismo shock o en verdad me desesperó el consejero, pero no le acepté otro ¿qué piensas? y “tomé acción” – “Ok, ¿qué sigue? “A lo que me contestó – Una segunda prueba y un conteo de CD4 y en una hora te vuelvo a llamar.

El cruzar la puerta ya era un reto, pues, aunque “no era ignorante” no deja de ser algo impactante que rompe tus esquemas el que te digan que eres reactivo.

El mismo shock me hizo salir como si nada, ir a los laboratorios y tomarme la segunda muestra, además acepté que tomaran más sangre para estudios a parte de mí segunda prueba y conteo de CD4, así entendí por qué le sacaban tantos tubos de sangre a otra persona –El que me tomen muestras de sangre me pone muy nervioso y me he llegado a desmayar, pero la misma situación hizo que pasara por alto los 5-6 tubos de muestra-.

Mientras esperé, pensaba en ¿Cómo le iba a decir a mis padres y mis amistades? Y ¿Cómo iba a poder lograr el tener un trabajo sin ser discriminado? Entre esos pensamientos también salió alguien, alguien con el que empezaba a formar un lazo sentimental y que no podía dejarlo fuera de esto –estuve muy tentado a callármelo y simplemente alejarme-. No tuve el valor para llamarle – tuve miedo de romper en llanto- y decidí mejor escribirle y decirle que si nos veíamos y aceptó. También entre ese océano de ideas, pensamientos y miedos salió ‘La pregunta’ ¿Quién fue? Y pasaron muchos nombres, pensé miles de reclamos, pero reflexioné y llegué a la conclusión de que pudo saber que lo tenía, pudo no saber, pudo hacerlo a propósito o no, pero al final el que decidió fui yo –Y como pasivo el riesgo de contagio es más alto-. “Lo hecho, hecho está” y sólo te queda frenarte o seguir adelante -Muy de película, lo sé, pero es cierto-.

Vuelvo a pasar con el consejero y me recibe con la misma pregunta ¿qué piensas? ¿qué has pensado? –patada en los tanates- le dije que en cómo podría decirle a mi familia –mamá y papá- a lo cual me mostró la segunda prueba que salió reactiva también y mi conteo de CD4 que estaban –y están- altas explicándome que eso es muy bueno, pues quiere decir que mi carga de virus es baja y será más fácil llegar al indetectable empezando ya un tratamiento, me aconsejó que debería esperarme a empezar tratamiento para decirle a mi familia, pues me dijo que así podría estar más fuerte emocionalmente para enfrenar las diversas reacciones posibles. Es todo por mi parte, te veo el siguiente martes para ver tu carga de virus, una tercera prueba y resultados de sífilis, hepatitis B y hepatitis C.

Mientras esperaba el segundo resultado y conteo de CD4 decidí mandarle un mensaje para citar al chico con el que estaba saliendo y poder hablar, ya sabía que estaba haciéndome la prueba y notó mi seriedad y me dijo que tenía unos pendientes, pero al terminarlos me alcanzaba. Después de mi conteo salí de la clínica me dirigí a donde habíamos quedado de vernos, fue una eternidad el esperarlo, lo que le tenía que decir no era nada, pero nada fácil. Llegó, nos saludamos, dimos no más de diez pasos y ya estaba diciéndole que me hice la prueba y que salí reactivo, rompí en llanto y me abrazó y me dijo que todo iba a estar bien. Seguimos caminando, pasamos por un puesto de revistas y compró dos cigarros y me pidió que le contara que me habían dicho y le quise responder lo mejor posible entre llantos y silencios.

Ahí mi resultado pasó a segundo plano y mi mayor preocupación era el haberle transmitido el virus y no podía dejar de sentirme como un ser totalmente despreciable, regresamos a la clínica para que se hiciera la prueba y nunca voy a olvidar que me dijo Esto no te mata, no quiero que te sientas responsable salga el resultado que salga, mi única preocupación es que vayan a encontrarme las cajas de las pastillas, y voy a estar contigo. -Hasta la fecha nunca me ha dejado ir sólo a ningún trámite, consulta, estudio, etc.- Me dijo eso y bueno, seré un ogro, pero me hizo llorar horrible y nos abrazamos. Seguimos caminando y hablando, le dije que me habían sacado mucha sangre y que no había probado bocado en todo el día y pasamos a comer algo, saliendo de cenar seguía siendo una montaña rusa de emociones y no pude evitar pedirle a lagrimas que no me dejara dormir solo, y aceptó el venir a dormir conmigo y ahora somos novios y somos una pareja serodiscordante.

Puedo decir que muchas veces nos dejamos guiar por la imagen y el VIH no le da a sólo a los que van a lugares en especifico, el virus no discrimina.

Por último me gustaría comentar los siguientes puntos:

  • No está mal tener relaciones sin condón, sólo uno debe ser honesto, responsable y no dejarse ganar por la calentura.
  • No veo necesario decirlo al mundo entero, pues el ser VIH positivo no nos define y la discriminación es algo que existe, nos guste aceptarlo o no.
  • Hay infinidad de ignorancia, estigmas, mentiras, mitos, rumores sobre el VIH e irónicamente el internet es uno de los mayores creadores de todos esos.
  • Te protejas o no, hacerte la prueba es de las mejores cosas que puedes hacer, pues así puedes empezar un tratamiento antes de tener complicaciones mayores.
  • Infórmate con gente profesional y especializada, toma concejo de gente que ya vive con experiencia y responsabilízate.
  • Siempre va haber un par de brazos, un par de hombros o un par de oídos que te van escuchar, motivar y apoyar.
  • Tu vida “será igual que siempre” a cierto punto
  • Empieza en cuanto antes tu tratamiento sin suspenderlo

Si eres VIH positivo, el mundo no se acaba, el mundo sigue y es decisión de cada uno el querer seguir o no.

Anonimo – Su escrito nos llegó sin nombre al correo electrónico. ¡Ánimo chavo! Y muchas gracias, tu relato seguramente animará a muchos a hacerse la prueba.

Y tú ¿qué opinas?