En los 60’s CBS invitaba a supremacistas blancos identificados como miembros del Ku Klux Klan al aire para comentar sobre las leyes de integración racial que se empezaban a dar gracias al movimiento de los derechos civiles impulsados por gente como Martin Luther King, Jr.

Los invitaban a opinar sobre el “efecto negativo” que ellos veían que tendría estas medidas de integración social entre personas blancas con personas afroamericanas en los niños y en las comunidades del sur de Estados Unidos, justificándose diciendo que habría un alza en la delincuencia, abuso sexual, o peor aún para ellos, un alza en matrimonios interraciales. ¿Les suena familiar?

Efectivamente ya hoy en día, cada vez que ocurre un incidente con tintes racistas, ya no se les invita a debatir sobre el tema del racismo a personas racistas, porque como sociedad ya concluimos que esto es una conducta discriminatoria que hay que erradicar con diálogo y educación, más no diciendo que quienes incurren en actitudes racistas tienen un punto. Claro, esto no significa que de vez en cuando no veamos a una que otra persona racista en medios, pero la discusión que vemos en los programas de noticias matutinos es en gran parte en desaprobación de la gente que expresa este tipo de actitudes.

Mi pregunta es: ¿por qué no podemos llegar al mismo acuerdo social con el tema de la homofobia y transfobia?

Con frecuencia vemos cómo en los paneles de discusión en programas matutinos ponen a discutir a activistas LGBT en compañía de las mismísimas dirigentes del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México, frente a cineastas cristianos que propagan homofobia con su trabajo y junto a líderes de grupos de odio/anti-derechos que buscan abierta y activamente atentar contra nuestros Derechos Humanos. Tiro por viaje escuchamos y vemos en noticieros éstos paneles en dónde ponen a ministros de la Suprema Corte, que defienden al matrimonio igualitario como un derecho protegido por nuestra constitución, frente a diputadas que comparan nuestras relaciones con actos de bestialismo con delfines, como si fueran ambas posturas “la otra cara de la misma moneda”. No sé ustedes, pero eso me encabrona.

También me encabrona ver a Esteban Arce que continúa propagando su homofobia, misoginia y desinformación sobre la sexualidad todas las mañanas en televisión nacional. Me encabrona que Joaquín López Dóriga siga poniendo a activistas LGBT a defendernos frente a fanáticos religiosos en temas que las mismas Naciones Unidas ha declarado como Derechos Humanos. Me encabrona ver que la prensa le siga dando cabida a la Iglesia Católica como guardiana de la inocencia de la niñez cuando se ha documentado cómo tienen institucionalizada y encubierta la pederastia entre sus filas. Me encabrona ver que el Frente Nacional por la Familia diga que busca proteger a la niñez al negarme mis derechos mientras marchan de la mano de sus violadores. Me encabrona que los grupos “ProVida” se identifiquen como tal siendo que no les interesa la vida de las mujeres que ponen en riesgo negándoles servicios de salud. Me encabrona ver que estos grupos anti-derechos busquen atacarnos citando a la biología (¡¿desde cuándo se basan en la ciencia?!), queriendo confundir a la gente con ciencia reproductiva mientras ignoran el resto de la sexualidad que la biología ha documentado en cientos de especies. Es cinismo puro.

El hacer un llamado al sentido de responsabilidad social de los medios y empresas no es pedirles que censuren, sino que ayuden a construir más espacios seguros. Sólo de hacerlo el gobierno, directa o indirectamente, sería un atentado a la libertad de expresión. Esto va para quienes dicen que pedirle a cadena de cines o a servicios de streaming en línea que desechen contenido homofobico es censura. Esto se llama oferta y demanda, mi cielas.

El discurso de odio se combate con más discurso, y hasta que socialmente rechacemos estas ideologías dañinas y discriminatorias en los espacios públicos, seguiremos debatiendo. Pero como tuiteó Neil deGrasse Tyson el pasado Día de la Tierra:

“Puedes decir que la Tierra es plana porque tenemos libertad de expresión, pero nuestra constitución no te otorga que cualquier cosa que digas sea correcto”. 

La libertad de expresión es una vía de doble sentido y no te blinda de la réplica ni de los hechos.