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Recientemente, tras un blog en Out Magazine titulado “Queridos Hombres Gay, Dejen de Decirle a las Mujeres Que No Pueden Estar en Bares Gay”, se desató todo un debate en la web alrededor de este álgido tema, pues hay muchos sentimientos encontrados.

No es sorpresa que históricamente las poblaciones lésbicas y gays han mantenido separados sus espacios seguros para esparcimiento y ligue.

Mucho tiene que ver con el hecho de que socializamos de maneras algo distintas. Mientras que la gran parte de las mujeres lesbianas cisgénero frecuentan bares o reuniones entre círculos sociales más íntimos, los hombres gay cisgénero, junto con personas trans y travesti, frecuentamos más el ambiente nocturno. Muchos de los espacios seguros para el hombre gay giran alrededor de los encuentros sexuales. La presencia de alguien que no pertenezca al grupo para el cual ese espacio está pensado era, y en muchos lugares aún lo es, simplemente non grata.

Con el tiempo, aunque sigue siendo evidente esta división y una predominancia del enfoque hacia hombres gay en bares y antros, las nuevas generaciones han sabido hacer cada vez más mixtos los lugares que frecuentamos. ¿Son suficientes estos espacios de inclusión para nuestras compañeras lesbianas? Lo dudo, pero sería interesante escuchar lo que piensan al respecto (coff, coff, Mildred, coff, coff).

El internet vino a cambiarlo todo, y el ambiente nocturno no fue la excepción. Las apps de ligue alteraron las dinámicas de encuentros, facilitando el sexo casual mientras que para los antros y bares gay les afectaba en sus ganancias pues ya no retenían a su clientela como antes. Éstos ya no necesitaban pasar mucho tiempo en ellos para ligar. Muchos incluso han dejado de recurrirlos puesto que ya no son vitales para conocer gente.

Naturalmente, los antros y bares se vieron forzados a ser más incluyentes con su clientela, pero sobre todo en muchos países es ilegal negarle la entrada a la gente por su género, orientación sexual e identidad de género. 

De lo que he podido recolectar de los comentarios de gente que preferiría no dar acceso a las mujeres a nuestros bares, muchos expresan rechazo a la idea de verse identificados como “mascotas” de las amigas, de ser el amigo gay, el Will de Grace. Cada quien con el tipo de amistades que uno hace, pero en mi experiencia muchas de las personas que han sido mis confidentes y apoyo en los momentos más difíciles (y viceversa) han sido mujeres buga. Precisamente si shows como Will & Grace y Sex & the City están tan asimilados en la comunidad gay es porque es un reflejo muy común de esta dinámica de muchos de nosotros con nuestras primeras, y muchas veces únicas, aliadas en nuestra juventud. Es por ello que veneramos a ídolos gay como Cher, Madonna, Lady Gaga y Kylie Minogue. Fueron nuestras amigas antes de que ser gay fuera cool.

Muchos hombres gay resienten la idea de estar rodeados de mujeres buga mientras ligan, muchas veces por encima de las muy escandalosas fiestas de despedida que acostumbran celebrar en nuestros bares. Por alguna razón, a lo mejor por la machista idea de “decencia” ante la presencia de la mujer es por la que muchos se cohiben. Para aquellos que sea su caso, el problema es suyo y no de las invitadas. No podemos culpar a la mujer de nuestras propias inseguridades.

Otro motivo de rechazo a la idea de compartir espacios para muchos es el recelo a la apropiación de éstos por personas que no son vistas como parte de la comunidad. Y esto sí lo entiendo. 

Decirle a las mujeres en dónde sí y dónde no pueden estar es misoginia. Simple y claro. Debemos entender que así como nosotros hicimos de estos lugares un espacio seguro para divertirnos, socializar y ligar, las mujeres buga encontraron con nosotros también un espacio en donde pueden bailar y socializar sin el latente temor de ser acosadas y violentadas por hombres buga que no conocen de límites y respeto, y ¿por qué no?, también encontraron un lugar en donde, para variar, no son ellas las cosificadas sexualmente.

Sin embargo, nuestras amigas hetero, y las parejas que ocasionalmente arrastran a nuestros bares y antros, no pueden olvidar que son ellas las que entran a nuestro mundo. No pueden esperar que nuestros espacios seguros estén pensados también para acomodar sus gustos y demandas, ni mucho menos pueden ofenderse si son el objeto de deseo personas de su mismo sexo.

Pese a los grandes avances en la aceptación de la comunidad LGBT, los bares y antros gay siguen siendo de los pocos espacios públicos en los que nos sentimos casi sin preocupaciones al bailar y mostrar afecto con alguien de nuestro mismo sexo. En muchas ciudades son incluso la cuna y continúan jugando un papel importante en la lucha por los derechos de la diversidad sexual.

El mundo está pensado para la gente buga, y si bien está en nosotros hacerles sentir bienvenidas y luchar contra la misoginia dentro de la comunidad, está en las amigas buga en involucrarse como aliadas más allá de la hora feliz. 

Y tú ¿qué opinas?