Y después de haber caminado un largo trayecto hacia lo que creíamos que era la “normalización” de nuestra comunidad, la realidad nos para en seco y nos hace ver que los miembros de la comunidad LGBTI+ todavía no somos reconocidos por la sociedad debido a que nuestros estilos de vida se basan en modelos de relaciones y patrones de comportamiento que fracasan… principalmente porque nadie nos ha enseñado cómo responder ante la invisibilización y la intolerancia.

Hemos salido a las calles con banderas y pancartas a luchar por un lugar para una comunidad dispersa, cegada por el furor de las luces y distraída en el estruendo de la música, buscando entre la multitud que alguien nos reconozca por lo que somos y después de todo el #LoveWins se vuelva realidad.

Eliad Cohen, productor, actor y modelo israelí.

“Soy gay pero eso no cambia mi vida. La imagen de los gais en televisión normalmente es extravagante y quiero normalizar eso”, expresó Eliad Cohen en su la presentación previa a su participación en un reality show llamado Supervivientes. Eliad, es un empresario israelí que se ha dedicado a crear un imperio en el mundo del entretenimiento gay creando grandes fiestas alrededor del mundo llamadas Papa Party.

Después de estas declaraciones, Eliad fue muy criticado. Y no es para menos, sus palabras hicieron sentir a muchos hombres homosexuales ofendidos porque sus comentarios tienen un trasfondo heteronormativo. Después de todo, el mensaje de Cohen refleja nuestra falta de empatía como comunidad. Sentimos vergüenza de nuestros semejantes, de aquellos homosexuales que no expresan su sexualidad como nosotros, o que la expresan quizás demasiado para nuestro gusto.

Pero tal vez el mismo Eliad no alcanza a entender el grave problema de lo que ha dicho, porque se ve a sí mismo como el Mesías de la comunidad gay, que ha venido a salvarnos del aburrimiento con su belleza y sus fiestas en las que se reúnen miles de homosexuales con cuerpos esculturales a celebrar el orgullo, el amor y la maravilla de tener músculos y caras perfectas, porque sería una lástima que fueras gordo o afeminado en un mundo en el que vales por lo que tienes, por cómo te ves y cómo te comportas.

Vamos por partes.

Eliad Cohen es un adonis, moderno y machista (aunque probablemente él crea que no lo es) que tiene una vida rodeada de placer, dinero y hombres similares a él: musculosos que atraen miradas y cuyos egos (en general porque seguramente habrá hombres que no sigan este patrón de comportamiento) les han hecho creer que tienen derecho a vivir bajo la consigna de “No gordos, no feos, no afeminados”.

Además el problema radica en que hemos desarrollado una obsesión por los estándares de belleza hipermasculinizados, rudos y que demuestren a toda costa que se puede ser tan viril como un heterosexual siendo gay. Y entonces es cuando el discurso sobre la libertad y la diversidad fracasa. ¿Qué sentido tiene marchar cada año apoyando supuestamente la diversidad de nuestro colectivo si el resto del año nos ocupamos de rechazarnos debido a nuestra apariencia?

De acuerdo a diversos estudios, los hombres gays expresan tasas muy elevadas de descontento corporal, perturbaciones en torno a su imagen corporal, y desórdenes alimenticios a niveles que casi igualan los de las mujeres heterosexuales. Los hombres gays son más propensos a hacer dieta, ayunar, vomitar y sobreejercitarse para alterar su físico. Asimismo, la orientación sexual de los gays es vista como un factor de riesgo en los desórdenes alimenticios.

Zach Verwey“El cuerpo ideal de los hombres gays: la travesía del clóset al gym” (mayo, 2017).

Como verán, la consecuencia más grave de nuestra obsesión con los músculos no es el rechazo de otros, sino el rechazo que llegamos a sentir nosotros mismos con nuestra apariencia y en consecuencia, los riesgos a los que exponemos nuestros cuerpos con tal de ganarnos la aceptación y admiración de otros hombres que quizás se sienten igual de solos y no atractivos.

Y por supuesto no está mal querer ser saludable, fuerte, estético si así lo quieren ver. Tenemos todo el derecho de ir al gym, someternos a un plan alimenticio para ganar músculo o perder grasa, pero por las razones adecuadas: no buscando el aplauso de alguien más, sino con la plena convicción de que todo aquello que hacemos para construir un cuerpo va de la mano de mucho amor propio.

Parece trillado, pero así es. Como seres humanos es muy complicado (con todo aquello que hoy el modelo social nos exige poseer) que nos baste con ser lo que somos para ser felices. Queremos ser más guapos, más altos o tal vez no tanto, delgados pero fuertes, con mucho dinero y por supuesto rodearnos de personas que siempre hablen de lo bien que nos vemos y lo bien que nos va en la vida. Hay una forma casi histérica de ver a los demás y de vernos a nosotros mismos, siempre lo hacemos a través de estándares incompatibles con la realidad inmediata o basados en caprichos superficiales y en el hedonismo que nos han inculcado.

¿Entonces qué necesita escuchar un hombre (gay o no) sobre su cuerpo para sentir que su existencia vale algo?

“Marek + Richard”, la marca que se le ocurrió lanzar esta tank top con la consigna “No gordos, no afeminados” que refleja todo lo que está mal en nuestra comunidad.

Parece simple, parece que el querernos y aceptarnos es algo natural, pero en realidad es una batalla que muchos homosensuales libran día a día. Incluso aquellos cuyos cuerpos parecen perfectos, encierran corazones destrozados, mentes perturbadas y un profundo miedo al rechazo (aún a pesar de la belleza física), a la soledad porque aunque parezca que un “mamado de gym discreto varonil” tiene una vida más sencilla que aquellos que no poseemos músculos ni una cara perfecta, la realidad es que no es así.

Todos tenemos inseguridades, miedos, ganas de que como lo escribí en un principio, alguien nos reconozca en la multitud y no por lo que ve en nuestro físico; o sí, pero que se quede por todo aquello que podemos aportar a su vida, por nuestro valor como personas.

Y reitero. Nada de malo hay con los torsos desnudos y los six-packs, porque nos encantan y el cuerpo masculino es un poema bello y admirable que hay que cuidar y querer. Pero en el entendido de que cada cuerpo es distinto, cada hombre posee distintas cualidades físicas, así que no todos podremos tener bíceps enormes o un pecho que parezca esculpido por Michelangelo Buonarroti, pero eso no nos hace mejores o peores como seres humanos ni como parejas. De hecho el que te acuestes con un hombre súper musculoso no te garantiza que el sexo va a ser placentero. Les habla la voz de la experiencia. 🙃

No está mal no tener músculos, ni está mal tenerlos y mostrarlos, ni organizar grandes fiestas para reunir a miembros de la comunidad gay con esta característica, lo que está mal es creer que ese es el gay ideal: el guapo, mamado, con dinero que rechaza a toda costa cualquier signo que delate su orientación sexo-afectiva como si se avergonzara de ella. Les recuerdo que para ser gay solo hace falta que te gusten los hombres, lo demás son gustos, que puedes o no compartir, formas de expresión que pueden o no ser compatibles contigo, pero las cuales no tienes derecho a invisibilizar, porque aquel homosexual afeminado o que no es fit como tú es tu igual y están juntos en esto que llamamos defensa de los derechos LGBTI+.

Olvidamos que después de todo, la belleza de nuestra comunidad es la diversidad de colores que la conforman, que la feminidad es bellísima en hombres o mujeres, que ser un oso o un twink también es bello y que si marchamos y salimos a las calles es porque queremos que nos vean, pero que vean todo lo que somos (además de hombres gays), profesionistas, hijos, padres, hombres buscando ser felices.

La campaña de The Sun que muestra hombres reales en ropa interior, imitando las posturas de modelos famosos.

Entonces… ¿Sin músculos no hay paraíso?

No nos traicionemos en el discurso, ni nos dejemos engañar por la irrealidad que nos pintan (¿Verdad, Andrew Christian, Eliad Cohen, etc.?). Hay más de una forma de ser un hombre hermoso y somos más que músculos o plumas y glitter; después de todo, ese es el objetivo de nuestra comunidad: visibilización. Pero no para ocultar a otros que nos avergüenzan, sino para que cualquier hombre gay o no, se sienta con plena libertad de expresarse y ser todo lo que quiera sin que alguien le diga que no se merece ser feliz porque no es hiper masculino.

Quizá nos tome un tiempo, pero por algún lado tenemos que comenzar. ¿Qué les parece en el espejo? Aceptando que tal vez no hay músculos, pero eso no quiere decir que no puede haberlos y que el paraíso ya está ahí, en esa mirada convencida de que lo mejor está por venir…