Como seguramente ya habrán leído en estos días, México es la segunda zona de conflicto más mortal en el mundo, sólo detrás de Siria, un país en guerra civil en Medio Oriente.

Piénsenlo.
Digiéranlo.

Somos la Tailandia de las Américas en cuanto al conflicto de trata de personas se refiere. El conflicto con el narco y nuestros gobernantes coludidos han desplazado familias, intimidado, desaparecido y ejecutado a periodistas y activistas. Los feminicidios, transfeminicidios y crímenes de odio por homofobia nos colocan es el segundo lugar con más violencia de género y contra personas LGBT en el mundo, sólo después de Brasil.

Recibimos tanta información al día, que es fácil quedarnos entumidos por todo lo que ocurre. Colectivamente, hemos perdido la capacidad de asombro e indignación, y lo peor es que nuestra resolución como sociedad de buscar justicia se desvanece si se pide hagas algo más que firmar una petición en línea. Al igual que con el cáncer, nos perdemos en las cifras de los casos aunque sea casi imposible dar con alguien que no haya sido afectado por ello.

También es cierto que no todo es apatía. El hacer algo al respecto muchas veces significa ser vulnerables. Ante tanta impunidad y victimización de las mismas autoridades a quienes buscan denunciar, se entienden los miedos que como ciudadanos vivimos y que nos congelan. Esto ha hecho callar a tantas personas en su derecho al acceso a la justicia, y tantas otras por tan sólo reportar la verdad. No vivimos en la represión campal de Maduro en Venezuela, ni la abierta intimidación a medios de comunicación por el narcisista de Trump en Estados Unidos, pero no hay lugar a duda de que la cultura priista nos mantiene al borde del cinismo en las apariencias de que aquí todo esta bien.

Con tantos problemas sistémicos, es desolador el panorama. Casos donde impera la injusticia sobran. ¿Qué hacer al respecto?

La solución la hemos tenido siempre a la mano, no es inventar el hilo negro. Muchos lo han intentado pero hasta el día de hoy veo que alguien pensó en una estrategia integral y diferente. Ya lo hemos visto con casos como Pedro Kumamoto, quien se hizo de un curul en el Congreso de Jalisco en un distrito tradicionalmente panista con una plataforma liberal. Lo vivimos todos los días cuando firmamos una petición en línea, pero que nos queda el sabor de insatisfacción por el hecho de no ser tangible e inmediato. Lo vemos cada vez que nos azota una catástrofe natural y nos unimos en solidaridad con los afectados dentro y fuera de nuestro país. Se llama democracia de base.

Suena demasiado complejo o rebuscado pero no es más que la simple participación presencial en los asuntos que a nivel local te afectan. Tenemos el chip, la idea, de que los problemas se tienen que resolver desde las cúpulas, que Peña nos debe resolver todo. No es así, y no basta con sólo reconocer que no nos ha funcionado exigirlo.

Hace falta ensuciarse las manos, en el buen sentido de la frase.

¿Qué le hace falta a tu calle, a tu colonia? ¿Qué tan capacitada esta la policía de tu municipio? ¿Quiénes son tus representantes locales? ¿Cuál es tu distrito? ¿Qué programas sociales hay en tu comunidad? O para empezar, ¿quiénes son tus vecinos?

La semana pasada dio inicio un gran proyecto dirigido por el doctor Mauricio Merino llamado Nosotrxs, una campaña que busca reclamar el estado de derecho a las manos de los ciudadanos con una estrategia clara y simple: organizando ciudadanos en sus comunidades alrededor de objetivos cercanos e inmediatos en los que urge activarse. Tan simple como registrarse en su página web, selecciones y propongas los temas de tu interés a atender, selecciones un nivel de participación, y que al final te asignen al grupo de tu colonia o comunidad para trabajar en una agenda armada por sus miembros. Es ser parte de una sociedad civil organizada.

A quienes damos el paso extra de hacer algo por nuestra comunidad se nos llama “activistas”, cuando realmente lo único que hacemos es ejercer nuestra ciudadanía. Nosotrxs pretende ayudarnos a reclamar nuestra identidad como tal, como ciudadanos, para recuperar nuestros espacios, nuestra seguridad y libertad de expresarnos y movernos en nuestro propio país. Si la suficiente gente se suma en todas y cada una de las colonias, desde Tijuana hasta Cozumel, habremos forjado nuestro propio legado.