Si la (homo)sexualidad es solo un aspecto más de la identidad, ¿por qué es tan devastador que un familiar cercano nos rechace al enterarse de nuestra orientación sexual? ¿Qué obliga a alguien a ocultar sus verdaderos colores aunque ya sea un adulto independiente?

Esta semana, recibí un par de mensajes de Spartan, un hombre de 33 años, quien hace algunos días manifestó su orientación sexual a su madre y padre. Sus palabras me conmovieron, pues agitaron memorias de cuando yo salí del closet con los míos. El relato me provocó flashbacks autobiográficos empañados con homofobia y aflicción.

LA PRIMERA RESPIRACIÓN
El año: 1984. Spartan desalojó el útero. Sus pulmones se inflaron y comenzaron a trabajar por sí solos. La conexión mediante el cordón umbilical se perdió. El neonato atravesó cambios físicos y emocionales para adaptarse a su nuevo ambiente. Un proceso igual de estresante se vive cuando decides abandonar el closet y quienes te engendraron, en lugar de ofrecerte respiro, asfixian tu vida.

Cuando tenía 18 años, le dije a mamá que estaba enamorado de mi mejor amigo. Me prohibió volverle a hablar. Después, noté que me vigilaba cuando yo salía con amigos de la escuela: ella pensaba que todos los hombres querían conmigo o que eran una amenaza.

La familia es una forma de organización social en la que se establecen jerarquías para ejercer poder y autoridad. Esto se mezcla con componentes ideológicos y afectivos mediante acciones repetitivas entre sus miembros: cada integrante lleva a cabo tareas e interpreta estereotipos una y otra vez, día tras día.

Una madre o un padre regular cumple dos funciones básicas: proteger a su cría y prohibirle numerosas acciones, ambas orientadas por los ideales de maternidad o paternidad que habiten en su mente y contexto social. En ese sentido, ¿cómo lidias con la homosexualidad de un hijo cuando eres homofóbico?

Luego, intentó presentarme chicas, y en casa me decían que tuviera hijos y que ellos los mantenían. Yo elegí ser cauteloso en mis relaciones y no dar a notar en lo absoluto mi vida sentimental. Eso fue de los 18 años hasta hace poco, cuando conocí a mi morrito y me volvió loco. Entonces, por darle a él su lugar y respeto, me sincero otra vez con mi mamá y, ¡pum de nuevo!

Surgieron muchas formas de rechazo por parte de mi madre: que [la homosexualidad] es una porquería, que recapacite, que Dios hizo hombre y mujer, que qué vergüenza; que si los tíos, vecinos, familia, blah blah…

Cuando eran infantes, la madre y el padre de Spartan crecieron en un México plagado de discursos morales, culturales, médicos y religiosos que condenaban la homosexualidad. A mediados del siglo pasado, que un homosexual fuera lapidado física o psicológicamente no despertaba indignación: estaba bien enderezar, curar, extirpar, electrocutar, quemar, asesinar a un gay —negarle camposanto inclusive—. ¡¿Qué madre o padre querría eso para su hijo?!

INTERMEDIO

Alrededor de 1970, surgieron los movimientos por la liberación sexual y los derechos de las poblaciones LGBT. En 1973, se divulgó un descubrimiento igual de transcendente (para nosotros los gays) que el de Copérnico en su momento para la ciencia occidental: la homosexualidad no es una enfermedad mental. ¡Vaya, somos personas sanas de la cabeza! ¡Creo que hasta tenemos alma! Ajá, ¿qué pretexto van a usar ahora para discriminarnos o quitarnos la vida, homofóbicos?


¿Cuánto tarda en asimilarse en una sociedad un “descubrimiento” de ese tipo? Puede que ahora contemos con leyes que obliguen a respetar y proteger los derechos humanos de las personas cuya orientación sexual no sea hetero pero, ¿qué ocurre en el día a día, en la convivencia familiar y en espacios públicos? ¿Está garantizado el trato digno de por vida y constante a un individuo que se siente atraído por alguien de su mismo sexo? ¿Las familias mexicanas lo hacen?

BREVIARIO SOBRE HOMOFOBIA EN MEXICANOS*

  • 4 de cada 10 no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales. [Yo creo que más de cuatro]
  • 6 de cada 10 de 60 años o más está de acuerdo con la afirmación anterior. [Esas personas adultas mayores son unas loquillas homofóbicas]
  • 4 de cada 10 piensan que las preferencias sexuales (sic) causan divisiones entre la gente cuando viven en el mismo lugar. [¡Ahora resulta que la culpa es nuestra por ser fabulosamente homosensuales!]
  • 4 de cada 10 personas de 60 años o más está de acuerdo con la afirmación anterior. [Nuestros viejitos mexicanos son duros de roer en sus creencias…]
  • 8 de cada 10 de más de 50 años opinan estar en desacuerdo con que a las parejas de hombres homosexuales se les permita adoptar niñas y niños. [¡¿Qué les hicimos… por qué tanta antipatía, queridos viejitos mexicanos?!]
  • 5 de cada 10 piensa que los verdaderos hombres (sic) solo tienen sexo con mujeres. [¿Los gays son falsos hombres o cómo?]

¡Y pues se armó el debate de reclamos! Yo le dije: «Sorry ma’, ese tema yo ya lo superé. Yo no me avergüenzo ni me apeno, y me importa un comino la aceptación de la sociedad. Me interesa darle su lugar a mi pareja, ver por mi felicidad… Y respetar tus decisiones también. Qué lamentable ma’, porque lo único que haces es distanciarnos. Provocas que deje de venir a verte y que en cualquier momento deje de preocuparme por ustedes. Realmente no tengo a qué venir a tu casa. No tengo confianza, y esconder a mi pareja no será opción.

¿Por qué algunos hombres salen del closet después de los 30, 40, 50 o más años de edad? ¿Qué los motiva? ¿Cómo soportan y manejan el confinamiento de sus deseos y afectos? ¿A quién solicitan apoyo? ¿Realmente son ventajas la independencia económica y vivir fuera del hogar de crianza?

Un par de cuestiones son ciertas para quien experimenta rechazo maternal o paternal:

  1. A veces, se sigue lidiando con la autoaceptación de la homosexualidad, lo cual complica defenderla ante la familia.
  2. Es muy probable que, a pesar de que goce de autonomía, siga padeciendo actos sutiles de dominación: “Eres un hombre, pórtate como tal”, “Yo no crié a mi hijo para que sea homosexual”, “¿Has intentado estar con mujeres?”, etc.
  3. Se tiene miedo de causar (más) sufrimiento o decepción.
  4. Habrá momentos de llanto, tristeza, enojo y desaliento.

UN NUEVO RESPIRO

La aceptación de la sociedad me tiene sin cuidado, pero la de vínculos con mamá y papá, esa sí la esperaba. Hoy estoy bien, más tranquilo. He meditado un poco e intentado ver las cosas con objetividad. No los justifico, pero pues vivimos en tiempos diferentes. Mis papás tuvieron una crianza tradicional y lo que para ellos son valores, son sólo formas de cumplir con un papel en la vida. Yo me enfocaré en no engancharme con sentimientos negativos.

EPÍLOGO
A mí me tomó más de cinco años llevar a cabo lo que Spartan hizo en menos de una semana: comenzar a restablecer la relación con mi madre y padre. También pasé por los sentimientos que él me narró: tristeza, decepción, enojo, rencor. Los dejé hincharse, ya que tuve como desventajas mi inexperiencia y falta de redes de apoyo. No fue benéfico para nadie en la familia.

Estimado lector #homosensual, no hay garantías ante la homofobia materna o paterna. Pero si decidiste compartir parte de tu intimidad con tu madre o padre, defender tu libertad para ser y vivir como quieres —buscando formas de conservar las relaciones que te importan y dándole lugar a las nuevas—, diste un gran paso en la búsqueda de eso que llamamos felicidad. Continúa así.

*Con datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis 2010) e información de la biblioteca Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales, tomo «Géneros asimétricos. Representaciones y percepciones del imaginario colectivo».

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