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Lo que dice nuestra familia, o gente externa a ella. Los pequeños comentarios que nos hacen querer salir de la habitación o dónde quiera que nos encontremos. Justo cuando se cree que se tiene ganada la partida.

 Los chistes blancos, teñidos más bien de homofobia. 

Comentarios que a lo largo del tiempo, en especial en Latinoamérica, quedan como “bien vistos”. Están ad hoc. Tuve la penosa oportunidad de escuchar en mi familia, misma que, se congratula de ser incluyente al aceptar las preferencias de su “mujercita bisexual”; de escuchar esta clase de comentarios “inocentes” en los que se ven reflejados todos los​ temas que aún nos quedan por abarcar, por educar. Porque aunque se crea que somos unos pesados al querer que todo mundo esté informado para que no dañen nuestra susceptibilidad y nuestros sentimientos, esto es algo que va más allá. Es acerca de educación, valores y sentido común en su estado puro.

Así muchos de nosotros seguramente

Pareciera que se quedase obligado a reír de tal o cuál “chascarrillo” por ser meramente, algo cultural y no algo que en particular se hace para dañar a tu persona. Se dice que, el no saber separar un buen chiste, para tomarlo como algo personal… Es reaccionar como un verdadero de ignorante. ¿Pero hasta qué punto es cierto?

Es de vital importancia, no olvidarnos que pese a que vivimos de broma en broma, el contexto de estas puede afectar la toma decisiones para quién cuenta con una estabilidad emocional endeble. Y lo confirmo puesto que yo. que me encuentro ya con los píes en la tierra, completamente segura de quién soy, con la libertad mental suficiente como para ser quién realmente soy, me veo afectada en gran medida por esta clase de comentarios, ya legendarios y fuera de lugar hoy en día.

“Aguas con los manita torcida” *Entre carcajadas*

¿Porque obvio es absurdamente gracioso, no? Quisiera decir, que esto sólo sale de boca de generaciones adultas, más no. De toda muestra de homofobia/bifobia/transfobia, etc. para con la comunidad, me atrevo a decir que el hacer chistes de mal gusto, o frases que aluden que es motivo de risas, es por mucho una de las acciones que más aviva y alienta a quel ya conocido odio, y hacen ver como “anormal” algo tan sencillo como vivir como uno quiere. Cual niño de preescolar, mientras más didáctico, más se aprende. Lo que más nos divierte, es lo que más nos ayuda a retener información y nosotros, siendo información pura en todo sentido, consumimos esa manera de expresar sin apreciar lo que verdaderamente implica.

No se trata de que al luchar para que no dañen nuestra paz mental, nos discriminemos por no ser capaces de aguantar un supuesto chiste o broma. Se trata de ser consciente de que si bien, quienes te rodean están conscientes de lo que hacen y no lo hacen por desconocer el resultado de sus actos, hacer una coraza y no una de odio. Es protegernos con inteligencia emocional. Suele ser más doloroso cuando viene de quienes amas y aumenta siendo tu círculo primario quien lo externa así; tu familia.

Si te sintieras en la necesidad de puntualizar el daño que te hace escuchar tales cosas, tu familia será quién mejor te escuche. Pero no puedes hacerlo con rabia, ni con voz entre cortada… no si quieres un resultado civilizado y que sea tomado con el respeto requerido.

Debes saber que el enojo impide que el receptor deje de escucharte con propiedad, pues el enojo alarma a cualquiera, podrías evitar una discusión de la que más de uno se arrepentiría de haber tenido. 

Y tú ¿qué opinas?