El 24 de junio de 2017 se llevó a cabo la XXXIX Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México. «Respeta mi familia, mi libertad, mi vida» fue el lema del evento. La palabra clave: RESPETO. ¿Qué tanto se practica en el marco de tal acontecimiento?

PÁRRAFO GUÍA >>> Respetar implica valorar y reconocer la dignidad e importancia de una persona y aceptar sin condiciones su libertad para comportarse tal cual es, de acuerdo con su voluntad, autonomía, intereses, necesidades, identidad y opiniones, sin tratar de imponerle o exigirle alguna forma de ser y pensar.

1. FAMILIA. En México, poco a poco se han registrado logros en materia de igualdad ante la ley independientemente de la orientación sexual: matrimonio, seguridad social y adopción, principalmente. Hay más rubros pendientes, como la plena protección jurídica para personas transgénero y transexuales.

2. VIDA. Asimismo, en algunas entidades federativas han surgido iniciativas oficiales para garantizar la seguridad y bienestar de las poblaciones LGBT y proporcionar la atención indicada en casos de violencia y discriminación. Por supuesto, eso no erradica de un día para otro tales problemas —sigue habiendo crímenes de odio por transfobia, lesbofobia y homofobia, por ejemplo—, pero son un avance significativo.

3. LIBERTAD. Gran parte de la población LGBT la desea y exige al resto de la sociedad, pero… ¿la ejercemos entre nosotros?

«Respeta mi libertad» reza el lema del cartel de la marcha. Este acontecimiento detona una infinidad de opiniones, sentimientos, encuentros y desencuentros sobre lo que representa. ¿Y qué representa? Es una pregunta engañosa, complicada. No tiene una respuesta única, ya que cada cabeza es un mundo, y a la marcha asiste un mundo de gente.

Cada persona le llama como quiere a esta congregación: marcha —a secas—, marcha gay, marcha del orgullo, marcha LGBT, pride, gay parade, desfile de gays… Si en ella hay alegría, bullicio, baile, música, máscaras y disfraces, ¿por qué no llamarle también carnaval? La marcha es una fiesta popular en torno a la diversidad sexual que ante la heteronormatividad* constituye también un acto político de resistencia y dignidad.

«¡Entonces ya cámbienle el nombre a carnaval en lugar de marcha!», ordenan algunas voces indignadas con el ambiente festivo que ha adquirido este fenómeno social.

La pregunta es válida, pero refleja una postura absurda como la utilizada por quienes se oponen a que los homosexuales accedamos al matrimonio y exigen que para nosotros se llame homomonio —ajá, así de irrisorio— o de plano no se le diga matrimonio —porque según nuestros ofensores, dos hombres que se casan van en contra la etimología de la palabra. ¡Qué tragedia!—. Las palabras de dominio público no tienen dueño; la marcha, como evento público, tampoco.

¿Por qué no ir de traje, bata —de médico— o ropa «normal» en vez de usar pelucas y tacones, disfraces de Pokemon o suspensorios? Hacen que se pierda el objetivo de la marcha», reclaman algunos vigías autonombrados de su origen histórico. Al respecto, hago tres observaciones:

  1. ¿Cuál es el objetivo de la marcha? Y antes de que te aventures a responder, piensa: ¿el objetivo de la macha debe ser el mismo para toda la concurrencia? Si tu respuesta es afirmativa, regresa al PÁRRAFO GUÍA de este artículo y reflexiona sobre el concepto de respeto.
  2. La marcha del orgullo gay es una fiesta de protesta, amor y diversidad. Cada persona, grupo o contingente va con su propio objetivo. ¿Por qué tratar de marcar línea, de imponer un objetivo, cuando se supone que la población LGBT reclama a la sociedad su libertad para ser, amar, pensar…?
  3. Se puede ser gay, pero que no se note, que no se exhiba, que se disfrace de normalidad (hetero), ¡qué disparate! Disfrazarse de médico, abogado, de alguna profesión u oficio para que vean que sí somos gente de provecho significa ceder a los requerimientos/caprichos de quienes nos desprecian y descalifican. Ningún homosexual tiene que hacer méritos extraordinarios o demostrarle su formación académica, capacidades laborales o alguna otra hazaña a nadie para ser digno de respeto en razón de su condición sexogenérica.

El objetivo por el cual tú vas a la marcha es válido, pero no necesariamente debe ser compartido por todas las personas que asisten. En ello radica la diversidad.

«OK, yo respeto, pero —no hay pero que valga, homosensuales— no deberían exhibirse, se me hace vulgar. Hay familias con niños y…».

Los niños van bien en la vida hasta que se contaminan con los prejuicios de los adultos. Taparles los ojos desesperadamente o aislarlos de lo que ocurre fuera de la burbujita familiar no es de utilidad. Conviene más explicarles qué es lo que pasa en su entorno.

Además, ¿de dónde surge tu necesidad de decirles a otros cómo marchar, cómo ser, cómo vivir? Al respecto, en lugar de preguntar por qué alguien es supuestamente vulgar, exhibicionista o muy sexual, ¿por qué no te cuestionas a ti mismo? Es probable que no lo hagas por temor a encontrar defectos o incongruencia en tu comportamiento.

«Confunden libertad con libertinaje. Por culpa de las personas exhibicionistas no nos respetan.» es la queja amarga de muchos homosexuales.

Lo he dicho antes y lo reitero: quienes no respetan a los homosexuales —por motivo de su orientación sexual— no lo hacen solo por los exhibicionistas de las marchas: ¡lo hacen TODO EL AÑO porque no somos heterosexuales! Punto. Basta de culpabilizar a nuestros congéneres LGBT de la violencia que sufrimos. Los culpables siempre son y serán los homofóbicos.

«Pero es que hay tipos con erecciones y tienen sexo en la calle y…».

¡¿A qué marcha fuiste?! Evidentemente no a la del 24 de junio de 2017 en la Ciudad de México. A ésta, acudieron miles y miles de personas con las más variadas intenciones: manifestarse por sus derechos, enviar un mensaje a los observadores en las banquetas, compartir el momento con la familia, bailar y cantar, corea consignas, tomar fotos, conocer a personas de otras entidades federativas, sumarse a algún contingente, mostrar su cuerpo, caminar por las calles de la ciudad libres de vehículos… [la lista es colosal]

No puede ser que te obstines tanto en encontrar “encuerados”, renegar de asistir o desprestigiar a quienes sí van, que no aprecias ni vives maravillosas experiencias como las que retratan las fotografías que coloco al final del artículo (agradezco** a toda la gente que me apoyó compartiéndomelas).

Concluyo esta entrega con la siguiente reflexión: 

El respeto no es una concesión ni un un favor. No es una dádiva ni una atención. Tampoco es opcional. Es un derecho y una obligación.

NOTAS:
* La heteronormatividad es un sistema de ideas y normas sociales y morales que establecen la heterosexualidad como la única forma necesaria, válida y aceptada de orientación sexual. Tiene como eje la oposición macho/hembra, hombre/mujer, masculino/femenino; y no admite puntos intermedios en esas categorías. A partir de lo anterior, restringe y dicta formas de ser y convivir con otras personas en todos los ámbitos de lo público y lo privado: afectivo, erótico, sexual, político, jurídico, económico, familiar, doméstico, interpersonal, laboral, escolar, religioso, recreativo, etc. Provoca discriminación cultural y legal hacia la diversidad sexual así como privación de un amplio espectro de experiencias relacionadas con el género y la sexualidad, además de fomentar homofobia, machismo y androcentrismo.
** Mil gracias a estas personas por enviarme sus fotografías de la XXXIX Marcha del Orgullo LGBTTTI en CDMX: Rocco Barbón, Arghenis Del Rey, Mikel Pardiñaz, Manuel Hernández, José Miguel Caraveo, Eduardo Salcedo, Ulises Martínez [vía Soy Homosensual], Adeín Brambil, Víctor Villeda, César Martínez, y todos los que amablemente respondieron la petición en mi página de Facebook.

Y tú ¿qué opinas?