El 23 de noviembre, se cumplió el primer año desde que la Ciudad de México se declarara oficialmente LGBTTTI amigable. Ya desde ese momento surgieron dudas de lo que esto implicaba o significaba: ¿Quiere decir que hasta entonces no lo era? ¿Qué cambios en torno a la política pública y la legislación local podrían aparecer? ¿Se generarían mayores estrategias para combatir el acoso y la discriminación?

Publicidad

Y, por supuesto, el comentario que nunca falta: “Y entonces cuándo van a declararla amigable con la mujer o con las personas con discapacidad o ya mejor háganla humano-amigable, ¿no?” en serio… nunca falta.

Para entenderlo mejor, vámonos a la fuente. De acuerdo a la página oficial de COPRED (Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México) esta declaratoria significa que “… (La Ciudad de México) es una ciudad progresista con un claro avance en el reconocimiento de los derechos humanos de todas las personas sin distinción de raza, color, origen étnico, edad, sexo, orientación sexual, identidad de género, expresión social o económica, ideología política o religiosa o cualquier otra condición que limite o afecte los derechos humanos.” Y que “La CDMX es pionera en el desarrollo de acciones de visibilidad social y promoción del respeto a los derechos humanos de las poblaciones LGBTTTI en Latinoamérica.”

Y yo voy a suponer que les creo. Que en verdad creo y siento que mi ciudad es punta de lanza en el reconocimiento de los derechos y la igualdad para los grupos más vulnerables de la sociedad y que trabaja constantemente para generar iniciativas que promuevan el respeto a los derechos de todos. Entonces, a mí, estos últimos 365 días me quedaron a deber y me defraudaron ampliamente. Y no, no es culpa del gobierno.

Si bien he de reconocer los esfuerzos de COPRED, junto con otras organizaciones que promueven, apoyan y educan sobre la realidad LGBTTTI en esta ciudad; he tenido el gusto y honor de participar en iniciativas y eventos organizados por ellos, así como ADIL y Pride Connection desde el sector privado, y me duele admitir que el trabajo que hace falta no está en ellos, está en nosotros.

La Ciudad de México podrá, o no, ser y declararse Incluyente y Amigable, pero sus Ciudadanos no lo son… no lo somos.

Somos nosotros los que seguimos haciendo chistes y comentarios ofensivos hacia la orientación sexual de las personas, pero no importa porque lo hacemos “en corto y en confianza”; los que vamos a ver la película PINK, ya sea porque estamos de acuerdo con lo que plantea o por simple morbo; los que apoyamos a un frente que se hace llamar “a favor” de Familia e incluso marchamos en estas manifestaciones que lo único que buscan es eliminar derechos fundamentales de otras personas, algunas, inclusive, verdaderos miembros de nuestra familia. Fuimos nosotros quienes permitimos que nos representaran legisladores tan incultos (por no decir estúpidos) que deciden el rumbo de la leyes de nuestro país bajo la premisa de “Casarte con alguien de tu mismo sexo es como casarte con tu laptop”. Llenan mi corazón de tristeza.

Y sé que no todos somos así, que existimos individuos tanto dentro de la comunidad LGBTTTI como fuera que nos sentimos ofendidos e indignados ante esta realidad, ante estos pasos de cangrejo que se dieron a lo largo de 2016. No, no avanzamos, nosotros y el mundo entero se movió hacia atrás.

Por esto quiero invitar a aquellos “aliados heterosexuales” o “straight” o “bugas aliados” o como nos quieran llamar, que evaluemos nuestra labor como aliados. Que entendamos qué estamos haciendo y qué más se puede hacer mirando hacia adelante. Porque No: no atacar, no discriminar y tratar a todos con respeto no es suficiente. Esa no es la labor de un aliado, es la labor de un ser humano decente, como se esperaría que todos se comportaran.

Un aliado, quien quiera serlo, porque esto no es obligatorio: si queremos solo ser humanos decentes y tratar a todos con respeto, bienvenidos. Pero si alguien decide tener la convicción de ser activamente un aliado de la comunidad LGBTTTI, les comparto algunos puntos que pueden servirles. Esto no es una ciencia ni lo rige un manifiesto oficial o una serie de reglas, usos y costumbres; es lo que yo he visto y experimentado. Tómenlo como un regalo, si no les gusta, guárdenlo en el clóset y no se lo pongan.

Veamos y aprendamos. 

Yo solía ser de las personas que decía no ver razas o colores o diferencias “Para mí todos son iguales” y creía que eso me convertía en una maravillosa persona. Con el tiempo me he dado cuenta de que estaba equivocada… no sé si soy o no una maravillosa persona, pero sí que no todos somos iguales y no se trata de serlo. Si no somos capaces de entender que nuestros amigos, compañeros y familiares LGBTTTI tienen experiencias de vida distintas, que algo tan simple como salir a cenar con tu pareja, caminar por la calle de la mano y besarse en un restaurante se convierte en una situación difícil e incómoda, no podemos realmente ayudar. Debemos ver, entender y, si no entendemos, preguntar. Y también ser conscientes que siempre tendremos prejuicios que irán surgiendo y de los que tendremos que aprender constantemente.

Seamos vocales y visibles.

Conozco muchos “aliados de clóset”.  Aquellos que en el contexto correcto manifestarán su apoyo a la igualdad de derechos pero que se quedan callados si ellos mismos son minoría y el contexto no es óptimo. Yo sé que no es fácil decirle a nuestro jefe que ese tipo de bromas son ofensivas o explicarle a nuestra abuelita por qué no creemos que nuestro primo va a condenarse al infierno y que lo apoyamos y queremos. Ser aliado no siempre va a ser fácil, pero sí lo correcto. Nos tocarán ataques, burlas, comentarios, etc. Créanme, servirán para entender aún mejor a lo que nuestros amigos se enfrentan. Más de una vez han intentado ofenderme diciendo que si realmente no seré una lesbiana en el armario y, sinceramente, 1. Llamarme gay no me ofende y 2. Con estos comentarios me doy cuenta de que mi mensaje está llegando, que los demás ven que esto no es una moda, sino una verdadera convicción por la igualdad de derechos.

Seamos un ejemplo de inclusión.

No solo se trata de hablar, se trata de actuar. La manera en que defendemos la igualdad de derechos también deja ver quiénes somos. Ofender, atacar e incluso ridiculizar a aquellos que están discriminando no nos hace mejor que ellos. Hay que entender que algunas personas actúan de manera discriminatoria por ignorancia, realmente no saben lo que LGBTTTI significa, su educación en casa, religión y sistema de valores los han hecho así y, aunque debemos esforzarnos por enseñar y re-educar, hay que entender que no son necesariamente malas personas. La lucha por la inclusión no debe convertirse, en mi opinión, en una cacería de brujas. No somos nosotros contra ellos, somos todos juntos. Nuestras acciones dejarán ver hacia donde nos guían nuestros valores.

Hay mucho que se puede y debe hacer, cada uno desde nuestra realidad y contexto para que dentro de un año más podamos decir que el segundo aniversario de la declaratoria Ciudad de México LGBTTTI Incluyente nos llene de orgullo. 

Y tú ¿qué opinas?