Nos causa mayor indignación escuchar hablar de parejas involucradas en relaciones abiertas que el asesinato de una mujer trans. Así somos los homosexuales.

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Lo primero se siente como un ataque frontal a algo íntimo y cercano mientras que lo segundo no es más que ruido en la periferia. Los hombres homosexuales solemos ser sujetos misóginos y transfóbicos que preferimos cerrar los ojos a los problemas de otras minorías antes que renunciar al disfrute de los logros de la nuestra.

Cuando el video inicia, Dandara Dos Santos está sentada indefensa en el piso de una calle polvorienta. La ropa rasgada con manchas de sangre nos indica que ha sido golpeada brutalmente por un grupo de jóvenes que, a lo largo de la grabación, continuarán haciéndolo a patadas y con una tabla. Antes de que el video termine tres de ellos la subirán a una carretilla para llevársela. Por las noticias sabremos que la mujer habrá sido rematada con dos tiros y abandonada en un terreno baldío.

Dandara tenía 42 años. Era una mujer trans, pobre y seropositiva. Vivía en el noreste de Brasil pero lo que le pasó ocurre también en México. Sólo que Dandara, a diferencia de Paola, Itzel Durán y Alessa Flores -por nombrar a tres de varias mujeres trans asesinadas en el 2016 en nuestro país- no tuvieron la macabra suerte de que alguien registrara con un teléfono su calvario para subir el video a YouTube y viralizarlo. De acuerdo con las cifras del Proyecto Transrespeto Versus Transfobia en el Mundo, México ocupa el segundo lugar en asesinatos de personas trans.

Como usuario frecuente de redes, me inquieta pensar qué tanto he estimulado esta violencia y permitido que, en consecuencia, otros la lleven a cabo.

Las redes son terreno fértil para el odio transfóbico. Basta leer los comentarios al video de Dandara o sobre las notas de las mujeres trans arriba mencionadas (“No creo que fuera una perita en dulce”, “Eran prostitutas”, “Así terminan siempre ellos”). O darse una vuelta por esos canales de Youtube, cuentas de Twitter y Facebook en los que individuos homosexuales despedazan con sus críticas despiadadas a mujeres trans simplemente por el hecho de serlo. Lo que alarma no son estos sujetos cuyas opiniones en condiciones de escaso auditorio pasarían desapercibidas sino el hecho de que miles de seguidores los aclamen y  que pulgar arriba, a la inversa de como se hacía en el circo romano, pidan la cabeza virtual de la mujer trans denigrada.

Último ejemplo. Este es un caso de homofobia. La reciente viralización del gif de un niño del programa Masterchef en el que se le ve corriendo de modo afeminado acompañado de leyendas como “Soy pasivo”. Lo que en un principio pareciera una aproximación humorística aislada de la realidad homo se convierte por su repetición en burla sistemática del homosexual que no cultiva su hombría. Cuando te percatas de que con ello contribuyes a definir los límites invisibles de la normalidad y que eres parte del linchamiento virtual de los “anormales” es demasiado tarde.

Lo anterior me preocupa también porque los homosexuales cada vez más estamos construyendo y reforzando nuestra identidad con el apoyo de la información que obtenemos en internet. Al ser sujetos encerrados en nosotros mismos, sin el contacto cara a cara con otro ser humano, nos costará superar los prejuicios. En las redes se tiende al monólogo, a ganar seguidores y a la búsqueda del like sin importar que lo que se promueva sean tragedias como la de desfigurarle la cara a alguien por no caminar de acuerdo con lo que tiene entre las piernas. Nos hace falta un verdadero ejercicio de instrospección que propicie el diálogo sano para identificar de dónde surge nuestro odio, rechazo y temor hacia lo que nos parece grotesco, nauseabundo o extravagante, calificativos con los que se suele referir despectivamente a las mujeres trans.

Con nuestra indiferencia o hipocresía, mantenemos las desigualdades y violencia. Cuando a alguien como Dandara la muelen a golpes nosotros le damos fuerza a los puños de sus agresores con nuestros like a los mensajes transfóbicos.

 

**Si quieres saber más:

-Consulta el informe del estudio Transrespeto versus transfobia en el mundo. Un estudio comparativo de la situación de los derechos humanos de las personas trans.

-Dos películas mexicanas. Una de ficción: Carmín Tropical (2014) de Rigoberto Perezcano. Un documental: Quebranto (2013) de Roberto Fiesco.

Y tú ¿qué opinas?