Sabemos que buscar qué ver en Netflix es complicado.

Sobre todo cuando quieres ver algo no tan oscuro y aterrador sobre la vida como Blark Mirror pero tampoco quieres ponerte a ver Downtown Abby (ambas muy buenas pero cada una desata emociones diferentes). Para esos momentos existe One Day at a Time, que además, tiene un personaje LGTB joven, mujer y con un camino a salir del clóset muy lindo, es divertida, diferente y nos recuerda que tener una audiencia en vivo mientras grabas no es malo.

Esta serie – que aparentemente es un reboot de una serie de 1975 que no tengo claro si alguna vez llegó a México – cuenta con un poderoso elenco, con diálogos sorpresivamente no cursis y una serie de divertidas situaciones que empiezan con que la hija de la familia no quiere festejar sus quinces porque los considera una tradición machista. Penélope (Justina Machado) es la madre de la familia, fue parte del ejército y sirvió en Afganistán, lo que le dejó algunos terrores personales con los que aprende a lidiar y, junto con su madre, Lydia (la gran Rita Moreno), cuida a sus dos hijos: Elena (Isabella Gomez) y Alex (Marcel Ruiz). La familia es cubana-americana y los escritores han creado una genuina familia cubana, que habla de su llegada a Estados Unidos (a través del programa Peter Pan), sus creencias – discuten bastante por ejemplo, sobre cómo se rehusa Lydia a recibir ayuda de doctores o el estigma en la comunidad latina sobre el uso de antidepresivos e ir a terapia -, cuando parece que a lo mejor se puede convertir en algo estereotípico, aparece Elena para reírse de eso y entonces redireccionar la historia que se está contando.

Justina Machado y Rita Moreno tienen mucha energía, un gran timing para la comedia y un entendimiento natural del momento dramático, al que eventualmente se une Isabella Gomez. Además, por ahí están los “blanquitos”, que se van uniendo y entendiendo la dinámica familiar. Discuten temas como deportaciones forzadas, actitudes machistas y también porqué es importante conocer las tradiciones familiares y de comunidad: estar orgullosos de ser latinos en un país en el que aparentemente ser diferente ya no es motivo de celebración.

Además está el camino de Elena a descubir, entender y hablar con su familia sobre su sexualidad, de una forma más relajada y sin tantos problemas, como parece ser – afortunadamente -, el caso de muchos jóvenes ahora. La vemos dudar, explorar y entonces entender quién es ella. Es refrescante ver historias diferentes. Además, y para sorpresa de muchos – por lo conservadora que puede llegar a ser la comunidad latina-, su familia la apoya, sólo Penélope (también sorpresivamente, dado que ella siempre se muestra liberal), se encuentra incómoda con la situación. Quiere apoyar a su hija pero no es lo que ella esperaba para Elena. Y aquí inicia otro camino que es importante Penélope recorra y creo que puedo ver a muchos papás en esa situación: quieres estar bien pero aún lo logras. Y eventualmente llega el momento de completa aceptación, pero es ese recorrido el que hace que valga la pena: ¿quieres estar en la vida de tu hija o no?

Así que háganse un favor, vean TV inofensiva pero que les alegrará el corazón.