El cine; plataforma de sueños, parada de ilusiones, central del ir y venir de aquello que puede parecer insignificante en el día a día, pero que ahí, en la pantalla, en las bocinas y en nuestros sentidos se torna maravilloso.

Nuestro tiempo está marcado por lo que nuestros ojos escuchan, por lo que nuestras orejas ven y por lo que nuestra vida siente.

En Homosensual tenemos un espacio dedicado a hablar del séptimo arte, un rinconcito donde nos podemos deleitar con historias LGBT+ comiendo palomitas, acompañados de quien se nos antoje o ¿por que no?; en actitud #SoySola. Sin embargo, esas historias que tanto pueden llenarnos el momento, también se cuentan desde perspectivas y formatos distintos, más compactos, incluso más directos, un ejemplo claro es el cortometraje. Diría mi maestro de guión: un largometraje (aquella película de más de sesenta minutos) es una pelea a varios rounds con balance entre los luchadores. Un cortometraje (aquella película de menos de treinta minutos) es una pelea a un solo round en donde se gana por knockout, sin opción a recuperarse.

El día de hoy les dejo una serie de cortometrajes gay muy diferentes entre sí, pero con un hilo conductor que seguro les encantará; la diversidad sexual. Sírvanse sus palomitas, échenle un ojo, pásenla rico, apapachen a quien esté a su lado y que comience la función.

¡Disfrútenlos!