CriSzis en Cancún (Foto: Instagram)
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Estaba un poco triste, saben amigos, sigo enamorado de un hombre que ama a otro chico y eso duele en el alma. Soy muy feliz pero cada año por estas fechas me acuerdo mucho de Checo. Fue la época en que dejó de verme para seguir los pasos de su verdadero amor. No sé dónde esté ni que haya sido de él pero volteó al cielo estrellado y lanzó una plegaria pidiendo que su vida sea hermosa.

En eso en mi play list comenzó a sonar: “Whenever I’m down, I call on you my friend, A helping hand you lend, In my time of need”, letra de My Friend, rolita de Groove Armada. Mi abuela decía que el universo nos manda señales y esta era muy clara.

Así que levanté el teléfono… bueno ya nadie levanta el teléfono, es decir abrí un grupo Whatsapp con mi prima Bibi y mi amiga Mar, lo llame: “Mini Break Cancún 2017”. En tres horas ya habíamos comprado boletos de avión y reservado el hotel en Playa del Carmen, sería una semana estilo CriSzis, magia y diversión forevaaaaaaa.

En cuanto pisamos el suelo del estado de Quintana Roo donde se encuentra Cancún, recordamos viajes pasados, aventuras adolescentes y algunas anécdotas familiares. Hace unos tres años que no visitabamos esas hermosas tierras.

El plan para sacarme de mi depresión era pasar las tardes en las playas de Cozumel, Tulum y Playa del Carmen; comíamos delicioso, jugábamos volleyball con chicos de todas partes del mundo y por la noche subíamos al hotel a cambiarnos para ir a cenar a alguno de los sitios que me recomendaron los lectores de Homosensual MX.

Fue como al tercer día que visitamos la zona arqueológica de Tulum, mi playa favorita. Aunque no te dejan estar pasadas las 18:00 horas, amo sentir su arena tan suave, su agua tan clara, y el abrazo tan relajante de las olas.

Siempre que llego ahí pienso que dios extiende su mano para mecerme, me acuesto sobre las aguas del caribe y mirando al sol dejo que un canto divino me arrulle… pienso que el agua comunica sonidos de todas partes del mundo y de todas las épocas; historias de amor y desamor, que viajan miles de kilómetros y años.

Entonces yo también le cuento mi historia a las olas y dejo que con su amable mano liquida sane las heridas de mi corazón.

“You say the right things, To keep me moving on, To keep me going strong”, volvió a mi cabeza la letra de esa canción.

Esa noche, con el corazón sano y el culo lleno de arena, regresamos a Playa del Carmen y fuimos a un bar de música rock ubicado en la Quinta Av. Ahí un chico nos sorprendió con un emocionante sesión de hip hop, en la que los únicos instrumentos eran sus cuerdas vocales.

Saliendo de ese sitio les pedí a Bibi y Mar que me acompañaran a un antro gay. Primero se negaron porque pensaban que se iban a aburrir. Finalmente las convencí y déjenme decirles que convencer a una mujer es muy difícil… comenten este bello párrafo lleno de cultura machista al final.

Pues bien, alguien de ustedes me recomendó a través de mi cuenta de Twitter @CriSzis que fuera al Club 69, desde el nombre ya pintaba demasiado… caliente.

El Google Maps me indicó el camino y así llegamos a un oscuro callejón entre un 7 Eleven y una tienda de recuerdos. Nos miramos a la cara como diciendo “Que miedo”, pero igual caminamos al interior de la callejuela.

El salto de un gato nos hizo gritar, bueno supongo que era un gato, corrió demasiado rápido para distinguir si era un animal o un espíritu chocarrero. En eso estábamos cuando cara a cara nos encontramos con un muchacho bastante guapo, sin camisa. Nos sonrió y guiñó el ojo, le respondimos con un nervioso “Hola”, al unísono; siguió su camino y nosotros el propio.

Entramos al local. Después de visitar los bares y antros más chic de la zona, Club 69 la verdad dejaba mucho que desear, pensamos. Los asientos de vinipiel desgastados y los desniveles en el piso, nos indicaron que no era un lugar de gran estilo.

Pedimos una mesa y unas cervezas, el calor era infernal y el bar parecía una caverna en el infierno. Como sea la gente empezó a llegar y pues a bailar y ligar.

En eso regresó el chico sin camisa, vimos que se acercó a la barra y le dijo unas palabras al cantinero. Al parecer era una especie de RP del lugar. Después caminó con un aire felino frente a nuestra mesa.

Además de observar su hermoso cuerpo tonificado y piel dorada por el sol, mi gaydar notó que no era homosexual. Así es amigas y amigos, era un buga.

Es una costumbre muy común que los dueños de antros gay contraten meseros, cantineros y otros empleados buscando que no sean homosexuales, esto con la intención de asegurarse de que nada los distraerá de su trabajo o de cobrar las cuentas. No me juzguen, así son las reglas, yo no las pongo.

Mar me preguntó: “¿A poco ese chavo es gay?”, como es mi amiga decidí no ser mala onda y hablarle con la verdad; le dije que a mi parecer era hetero.

Seguimos en lo nuestro y cuando pedimos la segunda ronda se acercó el descamisado. Como éramos turistas divertidas, decidimos comportarnos como chicas mal y le coqueteamos, sabiendo que era hetero y tal vez flexible, nos retamos: “Que gane la mejor”.

Entre flirteo, baile, algunos roces, sonrisas y carcajadas, nos enteramos que llevaba por nombre “Daniel”, que tenía 28 años y que era de Sinaloa pero que viajaba por distintos destinos turísticos de México para trabajar en la vida nocturna.

La plática se puso muy buena y entre que trabajaba y nosotros nos emborrachábamos, se acercó el gerente del lugar. Un tal “Jaime”. Él sí era bastante gay pero divertido y también guapo. Dijo que le habíamos caído muy bien y nos invitó una botella de tequila.

Algunos chicos se comenzaron a acercar a nuestra “fiesta privada”. Durante el show Drag Queen, la pasamos bomba y brindamos con las artistas.

Entonces empezamos a bailar con más excitación que habilidad, la música cada vez se ponía mejor.

Daniel se nos acercaba de vez en cuando para bailar, brindar con un caballito y mostrarnos su hermosa sonrisa estilo Luis Miguel de los años 80s. Ya saben con esos bellos dientes separados que solía tener “El Sol”.

Nos adueñamos de la pista, invitamos a todos a bailar, oh cielos estábamos muy borrachas – uso el término femenino pues éramos dos mujeres y un hombre, se me hace justo -. Dan y Jaime se acercaron y comenzamos a bailar como en una extraña sesión mágica de amistad infinita.

El Club 69 cerró, nosotros caminamos por la avenida y nos dirigimos hacia la playa. Eran no sé, las 5 de la mañana ¿tal vez?.

Dan y Jaime decidieron acompañarnos. Frente al mar nos sentamos, escuchando la música marina estábamos primero Jaime, luego Mar, luego yo, después Dan y al final Bibi.

Queríamos ver el amanecer. El choque de las olas nos relajó mucho, nadie hablaba, no había necesidad de pronunciar ni una sola palabra. Las estrellas nos intentaban enviar un mensaje: No teman, sus sueños están por hacerse realidad.

Bajé la mirada y Daniel estaba besando a Bibi, del otro lado, Mar se besaba con Jaime… yo sonreí y cuando me disponía a alejarme para no interrumpir, Daniel tomó mi mano y se la llevó al pecho.

Noté que su corazón latía muy fuerte y el mío también. Me levanté con una especie de furia, no sabía por qué me sentía así y corrí por la playa.

En la oscuridad, llegué hasta un muelle cercano a un extraño arco humano, una escultura símbolo de Cancún. Fue cuando corriendo llegó Daniel, me tomó de los hombros y me preguntó: “¿Por qué te fuiste así Cris?¿Qué pasó?”.

Vi en los ojos de Daniel una luz extraña, es como cuando conocen a un buen amigo pero todavía no saben que lo será, ya saben como cuando el primer día de escuela conocen a José Alonso pero aún no saben que será su mejor amigo, hasta que llega el último día de sexto año y PUM!.

Dos lágrimas rodaron por mis mejillas, aunque como les conté había sentido que mi corazón había sanado, era obvio que jamás olvidaría a Checo y eso me dolería por siempre, le conté a mi nuevo amigo la CriSzis existencial de mi alma.

“Whenever I’m down, And all that’s going on, Is really going on, Just one of those days”, sonó en mi mente Groove Armada.

Daniel secó mis lágrimas, levantó mi cara y mirándome a los ojos, me dijo: “El amor duele, afortunado eres si sientes ese dolor porque quiere decir que has amado y conozco a muchas personas que mueren sin haber amado”. ¿De dónde había salido este poeta de antro?¿Por qué su voz era tan dulce?

Luego se acercó demasiado, podía sentir su aliento en la cara, lo detuve, él me apretó hacia su pecho y me besó, luego yo lo besé, luego nos besamos.

En eso un grito: “¡Cris!¡Daniel!”, eran Mar, Bibi y Jaime. Nos separamos, reímos mucho y nos dimos un abrazo antes de salir al encuentro de nuestra pandilla de mini break de invierno.

Todos juntos volvimos hasta la playa frente al hotel, nos volvimos a sentar y esperamos el amanecer. Muchas culturas creen que con al girar el planeta Tierra y permitir que el Sol “salga” de nuevo los dioses nos están brindando una tras otra oportunidades.

Oportunidades para empezar de nuevo, para entender que a veces necesitamos pedir ayuda, para darnos la oportunidad de hacer nuevas amistades, para abrir nuestro corazón y ayudar también a los otros.

No creo que Daniel sea gay, se la pasó besando a mi prima todo el día siguiente y la verdad la trató con dulzura y respeto. Pero creo que es una persona que ha aprendido a estar cuando alguien lo necesita, a tender la mano y a no tener miedo a mostrar sus sentimientos. Espero que el mundo tan cruel en que vivimos no lo corrompa y su alma siga intacta, brindando amor, nos hace falta mucho amigas y amigos.

Antes de regresar a la Ciudad de México, los chicos nos invitaron a comer. Cuando Jaime se ofreció a pagar la cuenta, sacó su tarjeta de un monedero femenino Louis Vuitton, que a su vez estaba guardado en un bolso gigante de Carolina Herrera. Como Bibi y Daniel estaban distraídos, quise llamar su atención para viborear el momento: “Oigan..”, pero Daniel me interrumpió para decirme: “¿Su bolso…? así es mi amigo”.

Lo gracioso fue que con todo esto Mar, mi amiga siempre acostumbrada a los hombres extremadamente varoniles y hasta machistas, luciera como deslumbrada por Jaime, no enamorada pero pues había chispa.

Luego recordé que el amor y la amistad no entienden estos estereotipos y pues yo no sería una de esas personas horrendas que juzga la genuina conexión entre dos seres humanos.

No obstante sigue siendo la anécdota del viaje.

Subimos al avión, llorando como cuando la chica del video “My Friend” de Groove Armada, sube al autobús recordando su bello fin de semana.

Pero créanlo o no me siento satisfecho. El amor tiene rutas misteriosas, a veces coincides en un vuelo con él, a veces sólo se ven cuando documentan el equipaje, otras veces lo conocen en un lugar y después cada uno vuelve de donde vino. Pero así es el amor, un viajero libre, que no conoce de fronteras, mucho menos estúpidos muros.

Les recomiendo que no intenten aprisionar al amor, si lo hacen dejará de brillar y el amor sin brillo no puede compartir su fuerza.

Yo seguiré amando a Checo, la vida sigue su curso y no me detendré, pero sé que en el trayecto, cuando me sienta particularmente triste, puedo llamar a mis almas gemelas y juntas escapar a un mini break de amor y amistad, a la playa, a otro país o a la sala de nuestras casas.

Y tú ¿qué opinas?