Nude pics y descripciones sobre los roles sexuales plagan las apps de ligue. Desde las que están diseñadas para la interacción “inocente” hasta las que prometen que encontrarás el acostón seguro y rápido. En ese mar de caras y cuerpos, puede vislumbrarse el que, desesperadamente, le ha adjudicado a su celular y a estas aplicaciones la ardua tarea de encontrar al amor de su vida, diciendo que está en busca de algo serio, hasta aquel que sabe a lo que va y no dice “hola” en su primer contacto, sino que manda una foto de esas que antes podrían permanecer resguardadas en alguna carpeta oculta de la computadora.

¿Qué es lo que somos dentro de las apps de ligue?

La respuesta no es sencilla. Ahí, en el universo predilecto por muchos, somos casi, lo que decidamos ser. Una fotografía, una frase romántica, una frase atrevida, un asesor de superación personal o un vendedor de algún producto que ha encontrado como plataforma eficaz la pantalla de tu celular. Las apps de ligue definitivamente facilitan la interacción casual entre dos (o más) extraños que buscan un encuentro veloz. Nadie está obligado a nada en ese entorno, o al menos eso es lo que parece.

Acostumbrados vivir en el mundo digital, hemos vuelto mucho más tangible esa frase que establece que la belleza es subjetiva, más tangible y con menos sentido. Desde el momento en que nuestra carta de presentación en las redes sociales está definida por la selección personal de una fotografía que hable de nosotros de manera instantánea, el mundo se ha vuelto “adicto” a la reproducción gráfica de lo que somos a partir de un encuadre y un flash auto aplicado. Y desde esa perspectiva, surge una frase clásica dentro de las plataformas de ligue, especialmente de ligue no heterosexual:

No pic, no chat

Como si fuera un mantra adherido a la pantalla, esta frase se reproduce constantemente en muchos de los perfiles de cualquier app de este tipo conocida y por conocer. Pero, ¿Qué significa realmente adornar tu perfil con este planteamiento? De manera concreta, el usuario está avisándole a todo aquel que pueda toparse con su cuenta que, si no hay una fotografía de por medio, usualmente donde pueda verse su cara, su cuerpo y su condición física, no se tome la molestia ni siquiera de saludarlo. El hola se ha convertido en producto de trueque:

“Si quieres que conversemos, muéstrame tu foto”

Muchos dirán que si la gente ya sabe para qué es la onda de las apps de ligue, no deberían de espantarse, y de cierta manera tienen razón. El entorno está creado para la interacción a partir de la atracción física, que, en el espacio digital está definido por la imagen.

Pero ¿Somos realmente lo que muestran nuestras fotografías?

Las apps de ligue han colocado en la mesa un boom muy interesante sobre el culto al cuerpo en la imagen que decidimos mostrar al mundo (evidentemente no sólo las apps de ligue, sino todos los medios digitales de comunicación). En estas apps, el sexo es el punto de partida, el encuentro sin complicaciones, la satisfacción del cuerpo. Los besos, las caricias, la piel contra piel se intercambian si quienes interactúan llegan a un acuerdo que es generado cuando la atracción por la imagen (o imágenes) que nos llegan es permitida. Como personas, aceptamos ser un recorte de colores, líneas y formas visto a través de la luz de una pantalla. No es el mismo fenómeno que ocurre cuando dos personas se observan en una fiesta, se acercan y buscan interactuar partiendo de la idea de la atracción física. En las apps mencionadas, no hay un clic de cruce de miradas, sino un “este sí, este no” lo cual plantea un desarrollo mucho más práctico y rápido de lo que ambas partes están buscando.

Ojo, nadie está generando un juicio de valor o recurriendo a “la moral” mientras hablamos de las apps de ligue. La modificación de las relaciones y de la interacción a través del tiempo han permitido que estos nuevos canales, donde el objetivo es mucho más contundente y mucho más directo, existan.

Lo que quizá es digno de ser analizado, hace referencia a cómo, dentro de estas aplicaciones, la belleza generalmente no es subjetiva, sino que responde a patrones aceptados de lo que “debería gustarnos”, sintetiza de manera directa el culto al cuerpo, el narcicismo y la recurrencia al sentido de la vista para establecer puntos de encuentro. En la fiesta, o en la reunión, evidentemente recurrimos a los sentidos primarios para interactuar, pero la posibilidad de que alguien que no cumple con “los patrones de belleza” nos pueda atrapar con un buen sentido del humor, una conversación interesante o un momento agradable, existe. Apelamos entonces a los sentidos secundarios, a la sensación del descubrimiento, a la emoción de la curiosidad y a establecer relaciones más orgánicas.

Muchas personas llegan a decir: Ya no uso, porque me terminé aburriendo. Definitivamente no se aburrieron de tener sexo, lo que pudo haber sucedido es que, la fugacidad de los encuentros terminó convirtiéndose en hastío de la interacción. Las apps de ligue definitivamente aparecen como resultado de una serie de necesidades culturales y sociales, donde se grita a todo pulmón que debemos de adjudicarle al sexo el altar de la emotividad o del compromiso. Aparecen para estructurar de maneras diferentes las líneas de pensamiento, para permitir-nos disfrutar de algo que se ha buscado silenciar desde los anales de las instituciones públicas y religiosas. Sin embargo, como todo, producen divisiones positivas y negativas. ¿Existen, por ejemplo, apps de ligue para ciegos? ¿Están diseñadas para que cualquiera pueda sentirse seguro de formar parte de ellas? Por momentos, uno puede pensar si es necesario ser “Alto, varonil, discreto y con cuerpo de gym” para vivirlas plenamente.

Repito, porque luego algunos pueden ponerse intensos, usar las apps de ligue NO TIENE NADA DE MALO. Tratemos solamente de considerar si lo que “exigimos” dentro de ellas es lo que queremos o lo que nos han dicho que debemos querer. Entendamos que su función es resultado de llevar al mundo digital el deseo sexual y no necesariamente, la solución a los problemas sentimentales. Si un día llega alguien a su casa a través de estas apps y les mueve conversar de alguna tontería con esa persona, háganlo, al menos para que sepan si más allá de la atracción sexual y el acostón, podrían haber sido muy buenos amigos.

Los leo pronto… Sab!

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