Hoy ya estamos acostumbrados a ver en el súper o en restaurantes todo orgánico. Pero donde no solemos ver productos orgánicos es en nuestros clósets, excepto quizá nuestro compañero de oficina vegano y que todos menos él sabemos que es gay. Cuando se trata de cuidar el medio ambiente y nuestro cuerpo, podemos ir más allá del refri… con moda orgánica.

La moda orgánica, o sustentable, es un concepto reciente que ya ha invadido pasarelas y aparadores, gracias a su filosofía de diseño.

¿Ya habían visto la ropa hecha con ropa?

También llamada eco-fashion, tiene dos variantes: en su producción o en sus materiales. En la cadena de producción existen diseñadores que trabajan con artesanos, que implementan energía solar o eólica en sus fábricas, que evitan la producción masiva que requiere demasiada emisión de gases, que optan por transporte ecológico de materiales o mercancía, que evitan pesticidas en campos de algodón, etc. No se trata de donar parte de las ganancias a equis organización ambiental.

Juega Vintage es una gran opción

Sobre los materiales, obviamente hablamos de fibras y tintes naturales, de telas con una marca de carbono menor que el resto, de reciclar materiales o de aprovecharlo al máximo, y hasta de ser creativos en el proceso. Seguramente recuerdan las bolsas hechas con brillantes empaques de papas fritas, y hoy, por ejemplo, hay lentes de sol hechos con bambú o de plástico extraído del océano. Algunas marcas como Juega Vintage rescatan piezas de mercados de pulgas o de ventas de garaje y las renuevan, volviéndolas únicas y originales. Tampoco se trata de ir por la vida recolectando cáscaras de fruta para hacernos una chamarra composte-chic.

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Aunque sea más popular como avant-garde o editorial, también hay muchas opciones ready to wear

La moda amigable con el planeta cuenta con aliados prestigiosos como Stella McCartney, Patagonia, Timberland, American Apparel y Topshop; pero también otros diseñadores emergentes como Lucy Tammam o Ryan Jude Novelline. La moda orgánica ya la hemos visto en fashion shows de Nueva York, Londres, París y Milán, y celebridades como Meryl Streep o Bradley Cooper la han lucido en las alfombras rojas.

La tendencia no solamente se lleva puesta, también piensa en el futuro. Este concepto de responsabilidad social busca atacar directamente la llamada “moda rápida” (la manufactura veloz y barata que afecta al medio ambiente por su calidad menor), por eso también se le conoce como “moda lenta”. Hoy se trata de invertir en piezas de calidad y que duren, no de preocuparse por siempre salir con la misma ropa en las selfies.

La moda orgánica no es solamente consciente, puede llegar a ser tan estética como la estándar. Además, comentarios como “Ah, ¿te gustó mi corbata de madera? Es de madera reciclada de patinetas” sirve para apantallar. Busquemos y apoyemos diseñadores y productores locales en bazares o redes sociales, y dejemos de usar el mismo top que traen todos en el antro.