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Siempre me pregunto por qué no soy como los demás. ¿Por qué no experimentan, como me sucede a mí, esa clara separación entre el deseo carnal y el espíritu?

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Estoy convencido de que la literatura nos adentra en otras realidades, que nos ayudan a identificarnos con aquello que consideramos extraño de nuestra vida o nuestra personalidad. Un libro puede ser un espejo o un buen consejero y en el caso de esta obra, un fascinante mundo por descubrir.

Anteriormente revisamos Confesiones de una máscara, la maravillosa novela de Yukio Mishima que le dio fama mundial y que hoy por hoy es una de las obras de temática homosensual más destacadas en cuanto a literatura se refiere. Por ello, me parece importante destacar otra obra de este autor que también se destaca por la historia y la forma en la que Mishima la ha escrito. El color prohibido (禁色 Kinjiki) fue publicada en 1951, apenas dos años después de su rotundo éxito con Confesiones de una máscara. Para contextualizar un poco esta reseña, es importante que sepan el origen del título original: la palabra kinjiki es un eufemismo utilizado en Japón para denominar la homosexualidad masculina. Sus dos raíces son que significa «prohibición» y tiene las definiciones de «color» y «amor erótico». Así que no podríamos tener un título más preciso para esta obra.

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Esta novela se centra en la historia de Shunsuké, un exitoso novelista, nada agraciado físicamente, de edad avanzada que en resumen es un misógino y controlador. En un ataque de celos, persigue a su amante en turno, una chica mucho menor que él, a la ciudad de K. Estando en esa ciudad se deslumbra con la belleza de un joven llamado Yuichi, cuya descripción podría equipararse al Dorian Gray de Wilde. Shunsuké queda tan prendado de él, que abre por completo su corazón al muchacho y le confiesa ser homosexual.

El muchacho y el escritor se vuelven cercanos y Yuichi se vuelve parte de un plan de Shunsuké para vengarse de todas las mujeres que lo han frustrado a lo largo de su vida. Aunque es evidente, que nada tiene que ver su frustración con las mujeres, sino con el hecho de que es incapaz de hacerle frente al mundo y vivir su sexualidad abiertamente. Así que en el viaje literario es interesante cómo Shunsuké pone en perspectiva su vida a través del joven dueño de su obsesión, y por supuesto de cómo su entorno (posguerra japonesa) contribuye a que la historia se desarrolle en un ambiente de aparente estabilidad por parte del escritor y que esconden una profunda turbación debido a la poca aceptación que ha encontrado en su mundo.

Es importante reconocer que puedes encontrar momentos en los que el autor parece perder la continuidad del argumento porque se detiene a hacer descripciones muy detalladas de los personajes, esto tiene que ver con el agudo sentido de la apreciación estética que Mishima tiene sobre la belleza, sobre todo sobre aquella que poseen los hombres. Esto, lejos de distraer de la historia, la vuelve mucho más intensa.

El requisito indispensable de la belleza es que nuestra sensualidad pueda saborearla. Así pues, la sensualidad es importante, ya que identifica la belleza. Pero jamás puede alcanzarla, porque la percepción por medio de la sensualidad impide ante todo alcanzar la belleza.

Yuichi, fascinado por el poder que le ha dado el ser demasiado consciente de la belleza que posee y del encanto que su apariencia puede ejercer sobre hombres y mujeres, lo transforman en un oportunista y aunque de principio él sería utilizado por Shunsuké, el escritor termina por desarrollar una peligrosa dependencia por el muchacho, lo que convierte a este relato en una vibrante historia sobre deseo y una lucha de poder que desenmascara la aparente estabilidad de Shunsuké y libera el misterio, la gracia y el peligro de una hombre como Yuichi. Y no es porque uno sea el bueno y otro el malo, porque Mishima tiene ese peculiar estilo de escribir sobre matices, más que de blancos y negros; por ello nos entrega una historia extensa, pero precisa, con espacio para el erotismo y el romance, pero también para la intriga.

Así que si no se han decidido a leer su obra, es momento de hacerlo…

Y tú ¿qué opinas?