Porque somos tan antiguos como Adán y Eva, o en este caso, como Quetzalcóatl.

Antes de comenzar, debo anunciar que las fuentes existentes sobre el tema son crónicas realizadas por españoles, conquistadores o sacerdotes, muchos años después de la caída de Tenochtitlán; esto quiere decir que la visión cristiana se respira a lo largo de estos textos.

La sociedad azteca, al igual que muchas otras a lo largo de la historia, tenía un sistema patriarcal altamente militarizado. Debido a las constantes guerras, los hombres, incluso los nobles, sólo tenían una forma de obtener reconocimiento a nivel social: ir a la guerra y capturar hombres para los sacrificios.

En el código Ramírez (1979:182) se escribe:

“el que no supiere ir a la guerra, no fuese tenido en cosa alguna, ni reverenciado, ni se juntase, ni hablase, ni comiese con los valientes hombres, sino que fuese tenido como hombre excomulgado o como miembro apartado […] podrido y sin virtud”.

Por lo tanto, conductas contrarías a las del hombre valiente eran vistas con repudio y con burla. En el libro Tratado del descubrimiento de las Yndias y su conquista de Juan Suárez Peralta, relata que:

“durante un guerra contra los purépechas, uno de los hombres de Moctezuma II, luego de haber huido del campo de batalla, fue obligado a llevar trajes femeninos y luego exhibido en la plaza del mercado antes de ser castrado” (2007:203).

Si el castigo de huir del campo de batalla era el ridículo público utilizando accesorios femeninos, entonces podemos decir que el cobarde y el miedoso era igual que una mujer para la sociedad azteca.

En igual o peor estima se les tenía a los #Homosensuales. Los nombres Náhuatl con que los llamaban eran amo Tlacáyotl y Áyoc Tlacáyotl, que significan “no hay humanidad” y “ya no hay humanidad”, respectivamente.

Y si bien ambos eran repudiados, se consideraba todavía “menos hombre” al que tuviera el papel de pasivo en el acto sexual; se le llamaba Cuiloni (suena muy parecida a collón, ¿no?). Cuilón es el nombre que los aztecas les gritaban a los españoles que huían en la Noche Triste. Es decir, tenía más repercusión social el hecho de ser penetrado, por ser considerada una posición de quien es subyugado, vencido, una posición de la mujer; por lo tanto, el hombre en el rol activo, seguía siendo todavía “un hombre”.

Por si algunos o algunas creían que nuestras ideas machistas tenían como único origen la religión católica, apostólica y romana traída por los españoles a estas tierras vírgenes… están muy equivocados.

Sin embargo, el activo no quedaba libre de culpa ni de castigo, ya que a ambos se les asesinaba, pero es evidente que había una distinción de superioridad entre quien era penetrado y el que penetraba:

Al agente [activo], atado en un palo lo cubrían todos los muchachos de la ciudad con ceniza, de suerte que quedaba en ella sepultado y al paciente [pasivo], por el sexo se le sacaban las entranyas y asimismo lo sepultaban en ceniza (texto del Ixtlixóchitl, 1985:139-140, citado por Rodríguez-Shadow, 2007:210).

¿Y las #Lesbosensuales?

En cuanto a la #Lesbosensualidad, existe la palabra Náhuatl Patlache, que significa “la que tiene la superficie ancha”. Maria J. Rodríguez-Shadow menciona en su libro La mujer Azteca, que al igual que a los homosensuales varones, éstas eran desdeñadas, y si eran sorprendidas eran condenadas a la muerte, a menudo a la horca o a la lapidación (1988:231).

La poquísima información respecto a la #lesbosensualidad es de esperarse, y me inclino a creer que es debido a las restricciones que se les imponía a las hijas “cuando ya habían llegado a los años de la discreción”:

Mira que no te des al deleite carnal, mira que no te arrojes sobre el estiércol y hediondez de la lujuria; y si has de venir a esto más valdría que murieras luego (Sahagún, 1979:333).

No es mi intención “defender” estos actos, pero hay que entender que gran parte de la desaprobación hacia los #Homosensuales se debe a que el mundo azteca estaba gobernado por la idea de la dualidad: el sol y la luna; el día y la noche; el cielo y la tierra; muerte y vida; el hombre y la mujer. Por lo tanto, dos hombres, o dos mujeres, eran un claro atentado contra los cimientos de su propia cultura.

Aquí termina mi primer artículo (que espero haya sido de su agrado); queridos lectores de #SoyHomosensual, las imágenes descritas que encontré en crónicas y estudios durante mi investigación son muy impactantes, pero, en lo personal, nos ayudan a comprender un poco más desde dónde vienen todas las ideas, ahora consideradas anticuadas, pero que no dejan de estar vigentes en algunos sectores de nuestra sociedad.

Más sobre el tema y obras consultadas

Códice Ramírez. (1979). Relación de los indios que habitan en esta Nueva España. México: Leyenda.
Rodríguez- Shadow, María J. (2007). “Las mujeres en Mesoamérica prehispánica”. México: Universidad Autónoma del Estado de México.
Rodríguez-Shadow, María J. (1988). “La mujer Azteca”. México: Universidad Autónoma del Estado de México.
Sahagún, de Bernardino. (1979). “Historia general de las cosas de la nueva España”. México: Porrúa.