Con tan solo mencionar su nombre, uno ya sabe que de este autor solo puede esperarse excelencia y mucho homoerotismo. 

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Salvador Novo nació en la Ciudad de México un 30 de julio de 1904. Escribió poemas, ensayos, obras de teatro, en fin… este hombre es sin duda uno de los personajes más destacables de la Literatura Mexicana y no por nada fue miembro de un selecto grupo de jóvenes intelectuales encargados de difundir las grandes innovaciones culturales en nuestro país durante la primera mitad del siglo XX, a través de una revista titulada Contemporáneos, título con el que también se hacía referencia a este grupo en donde resonaron nombres de la talla de Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet y Antonieta Rivas Mercado, tan solo por mencionar algunos. Aunque, también se les conoció como “Archipiélago de soledades”, y “Grupo de forajidos”.

La publicación de esta revista comenzó en 1928. No poseía un programa definido pero sí un gran ímpetu por la difusión de la cultura.

Pero hablemos un poco más de Novo, que también fue fundador del primer teatro moderno en México, el Ulises (1927) que también tuvo como antecedente una publicación escrita bajo el mismo título. Cuando expreso el término moderno, no me refiero a sus instalaciones sino al contenido que impulsaban Novo y su Xavier Villaurrutia que fue con quien fundó este recinto; ya que la naturaleza de las obras presentadas era bastante banal, al menos para la alta sociedad que se ocupaba de presenciar espectáculos de “mejor categoría”. Pero eso poco le importó a Salvador Novo y continuó con su labor como escritor y además como cronista. De hecho, en 1965 fue nombrado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz como “Cronista de la Ciudad de México”. Y por si ello no fuera poco, en 1967 fue acreedor al Premio Nacional de Lingüística y Literatura.

Carlos Monsiváis habló de Salvador Novo como el “homosexual belicosamente reconocido y asumido en épocas de afirmación despiadada del machismo”. Tal vez fue su gran talento o la forma en cómo se condujo para ganarse el respeto, primero de sus colegas y luego de la sociedad mexicana, pero sin lugar a dudas, este hombre se hizo espacio entre hombres intolerantes con gracia y esgrimió en las conciencias de los mexicanos con su obra.

Escribió 11 libros de poesía que abarcaron temas como el romance, la modernidad, su perspectiva sobre la época en la que vivió y una extensa lista de temas que le permitieron convertirse en un hito universal de nuestra cultura y por supuesto en uno de los homosensuales que más admir(o)amos.

La estatua de sal…

“Sin pronunciar palabra, me atrajo a sí, me estrechó con fuerza, y fundió su boca con la mía en un beso largo y húmedo que penetraba con su lengua todos mis sentidos… Sin soltarme, llevó su mano a su bragueta, y extrajo de ella un pene erecto y rojizo que trató de poner en mis manos. Yo lo rechacé horrorizado. No había visto nunca una cosa semejante, enorme, veteada”.

La estatua de sal (fragmento), 1945.

Entrando de lleno en materia, hablemos de La estatua de sal, la biografía clandestina de un hombre de 40 años que se desdibuja entre la niñez y la experiencia fundamental y fuente de inspiración de su vida: su condición como homosexual. “La salida del clóset más provocadora de la literatura de habla hispana”, según Monsiváis.

Novo nos lleva de la mano explorando su niñez, esos primeros rasgos que denotaban las evidentes diferencias que tenía con otros niños, el descubrimiento de su sexualidad y todos aquellos momentos en los que construyó e hizo ruinas su identidad en honor a aquellos que amó y también presionado por aquellos que lo persiguieron.

Lo fascinante de esta obra, es cómo el autor incluye al lector en su mundo. Y aún cuando aquellos nuevos lectores de su obra se internen en este mundo, la serie de similitudes y todas aquellas situaciones en las que nos hermanamos ya sea por el sufrimiento o la ansiedad de que nos descubran o nos señalen, derrumban las paredes y por un momento pareciera que no han pasado más de 70 años desde que este libro vio la luz.

 No, no voy a mentir. Es una sensación agridulce el darse cuenta de cuánto hemos avanzado y que aún así, el machismo continúa oprimiendo la frágil heterosexualidad que al sentirse amenazada, aún hoy busca sutiles formas de señalarnos y en sus expresiones más radicales, sigue cobrándose las vidas de muchas personas LGBTI+.

En gran medida, por ello considero esta obra de suma importancia para cualquier persona que pertenezca a nuestra comunidad o que busque entendernos. Es un documento histórico que explica las dificultades de ser diferente en un mundo que insiste en clasificar a todas las personas según su naturaleza, y de aislar a aquellas que no encajan en ninguna categoría.

Otro elemento en la obra de Novo es el homoerotismo que desborda en su prosa. Sí, es explícito, muy sensual, provocador, maravilloso para encerrarse en su cuarto un fin de semana y dejarse llevar por la magia de sus letras. Y al mismo tiempo es un poderoso testimonio de alguien que sobrevivió, que se hizo paso en medio de una sociedad intolerante y que sin buscar su reconocimiento, se ganó un lugar en la memoria colectiva de nuestro país.

Para despedirme, les comparto otro pequeño fragmento de esta obra, no sin antes desearles ¡Felices letras! 🤓

“Mi vida se escindía en tres partes: la casa y la familia, en que cada vez me sentía más extraño, humillado e incómodo; la escuela y los paseos y aventuras a que me arrastraba Ricardo. Solía presentarme con los tipos más inusitados -y gozarse en que me poseyeran casi en su presencia.”

La estatua de sal (fragmento), 1945.

Y tú ¿qué opinas?