Hace unos días Ediciones B me hizo llegar el libro de Braulio Peralta “El Clóset de Cristal”, sobre la vida homosexual del célebre intelectual mexicano Carlos Monsiváis, quien prefirió nunca hablar abiertamente de su orientación sexual a pesar de que era bastante obvia.

Monsiváis decía que eso le permitía un espectro de actuación más amplio en la vida cultural y política pues no sería encasillado en los temas de diversidad sexual. Mucho menos ser tratado con desprecio por ser “maricón”.

En el libro explican cómo logró influir en las políticas públicas para que respondieran poco a poco a las necesidades de las poblaciones LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans). Así lo hizo con un suplemento informativo de La Jornada sobre el VIH que derivó en lo que hoy sigue siendo Letra S, y en la aplicación de recursos públicos para atender la que entonces se llamó “pandemia del SIDA”.

Y bueno, eso es sólo uno de los muchos ejemplos de la habilidad de Monsiváis, gracias a la cual la sociedad empezó a hablar y aceptar temas de diversidad sexual en sus mesas. Eso y algunos datos curiosos sobre la vida sexual del escritor podrán encontrarse en el libro de Peralta.

Pero ¿por qué Monsiváis permaneció en ese absurdo clóset de cristal?

Hoy que conmemoramos el Spirit Day, una campaña venida desde Estados Unidos que se ha vuelto ya una campaña mundial para señalar el bullying homofóbico y transfóbico en el mundo, me gustaría que reflexionaramos sobre cómo las generaciones de LGBTs anteriores a la nuestra hicieron frente al bullying. No existía esa palabra, pero eso no quiere decir que no existía la conducta.

Monsiváis creció en una familia y sociedad conservadoras, católicas y clasemedieras, que lo obligaron a reprimirse en público. Pero no sólo por sentir deseo hacia otros hombres, también sufrió bullying por ser “feo”, como él mismo reconocía, y fue rechazado por la misma comunidad gay por permanecer en el clóset. Xabier Lizarraga aseguraba que con sus alcances mediáticos, su salida del clóset hubiera favorecido mucho la aceleración de la aceptación de la diversidad en México.

El intelectual sabía que el acoso (bullying) sería insoportable si además de ser “feo” y de izquierda, hubiera declarado a los cuatro vientos: “Sí, me gustan los hombres”.

Pero no hablo de un acoso escolar, adolescente. Me refiero a un bullying político y social, a una desacreditación por parte de las autoridades culturales de entonces y los gobernantes que veían en él una lumbrera, lo que él aprovechó como dije antes para conseguir beneficios para los LGBTs. Porque en ese entonces la homosexualidad podía desacreditar a cualquiera.

En esa época -1960 a 1990-  los que se atrevieron a salir del clóset tenían una vida un poco más despreocupada que el resto de LGBTs de clóset, provenían de familias ricas o por lo menos intelectuales, que estaban versados en ciencia y cultura, lo que les permitía entender de alguna u otra manera la sexualidad diversa de sus hijos. Revisen el libro de Braulio Peralta, los activistas LGBT que ahí aparecen mencionados, recibían apoyos económicos de sus madres, venían de familias de artistas prestigiosos en todo el mundo, casi ninguno era un simple mortal de esos que viajamos en metro y pagamos nuestras tarjetas de crédito como podemos. Los LGBTs que vivían en Iztapalapa, Xochimilco, Azcapotzalco o Milpa Alta, simplemente no existían. Y qué decir de los que vivían en los estados, su voz no la escuchaba ni el viento.

No nos ofendamos amigos y amigas, pero en esas décadas (y aún hoy) si viviéramos en alguna de estas colonias no podríamos ser tal cual somos. El bullying diario significaba soportar gritos de “¡Puto!”,”¡Joto!”,”¡Maricón!”, golpes, humillaciones y hasta la muerte. El acoso nos tenía acorralados y por eso muchos y muchas decidieron vivir en las sombras, escondidos, sin libertad. Accedían a matrimonios heterosexuales y formar una “familia tradicional”, mientras llevaban una doble vida en la ciudad o de plano ahogaban sus penas en el alcohol.

Podemos decir que Monsiváis y otros célebres como Juan Gabriel y otros menos conocidos, fueron víctimas del bullying, no porque hayan sido cobardes, sino porque en los años que les tocó vivir era prácticamente imposible disfrutar de su orientación sexual en libertad, la inteligencia les dio un consejo:

“Evita el escarnio público y trabaja por la generación del futuro.”

Así que amigos de la generación X y millennials, si hoy a alguien tenemos que agradecer algo, lo poco o mucho que consideremos que se ha avanzado, es a aquellos que desde el “Clóset de Cristal” lucharon por nuestros derechos.

¿Cómo agradecer? Continuando con la lucha. Como bien lo saben aunque se han obtenido triunfos, seguimos siendo discriminados y asesinados, y todo empieza con un poco de bullying que poco a poco se convierte en odio. Por eso hoy, en el Spirit Day, difundan el amor y respeto hacia la diversidad, ayuden a quienes son acosados y denuncien a quienes acosan, esa es nuestra misión.

Fuentes:

PERALTA, Braulio, “El Clóset de Cristal”, Ediciones B, 2016.