En este mundo moderno ser políticamente correcto nos exige ya ni abrir la boca, parece que cualquier palabra puede ofender a algún grupo. Claro que la discriminación por raza, religión, sexualidad y demás siempre se debe descalificar; sin embargo, me pregunto si hemos llevado esto demasiado lejos, por ejemplo, con la belleza del hombre en el arte.

Antes de que la horda enardecida con antorchas y trinches se me venga encima con argumentos de “promover la imagen perfecta del cuerpo del hombre”, “estereotipo masculino” y “discriminación superficial”, debo aclarar que esta reflexión no se trata de ovacionar el hecho de que en las apps de ligue la gente se humille a cualquier persona que no pueda modelar ropa interior.

Angelo Caduco, Roberto Ferri

Campañas publicitarias, Instagram y hasta nuestro mismo gimnasio nos recuerdan constantemente ese ideal del cuerpo masculino, y lo lejos que hemos llegado por definirlo, exponerlo y exigirlo. Claro que esto resulta agobiante, exhaustivo e incorrecto. Para muchos de nosotros, alcanzarlo resulta casi imposible debido a nuestras rutinas diarias, y con frecuencia debemos recordarnos que lo importante es estar sano, no vernos espectaculares sin ropa para un acostón con un wey que nos va a juzgar una vez en la vida durante media hora. Y tampoco voy a venir con el sermón de que la belleza se lleva en el interior, ya que aunque eso es parcialmente cierto, también es verdad que muchos de nosotros no somos ciegos, que las primeras impresiones sí dicen algo de nosotros mismos, y que está comprobado científicamente que la gran mayoría de las parejas está destinadas a fracasar si no hay al menos cierta atracción física.

Ícaro y Dédalo, Rebeca Matte

Peeeeeroooo… en el arte es otra cosa. Quienes me lean con frecuencia saben que soy un aficionado empedernido de las expresiones artísticas como la arquitectura, el diseño, y claro, los hombres esculpidos, fotografiados, pintados o dibujados tanto por Botero como por Mario Testino. Esta pasión frecuentemente me hace preguntarme sobre los orígenes de esta obsesión que sentimos por el cuerpo “perfecto” del hombre, y por tanto, el rechazo que desarrollamos por todo aquél que no lo cumpla. Esto tiene razones perfectamente válidas que van más allá del machismo y la cultura.

Patrocle, Jacques Louis David

Quienes hayan visto los documentales no me dejarán mentir: históricamente el hombre atractivo era el que podía cazar y luchar para defender a su grupo, y para eso era obligatorio estar físicamente preparado, era mera cuestión de supervivencia, PUNTO. Ese hombre, biológicamente, era el más adecuado para perpetuar la especie. Psicológicamente, ese hombre proyectó seguridad a quienes lo rodeaban y a sí mismo. Claro que hoy ya contamos con leyes y diplomacia para defendernos, y con supermercados cuya única exigencia física es empujar el carrito y llevar la lata del estante a nuestra alacena; pero esa hambre física se quedó en nuestro subconsciente y tiene como válvula de escape, por ejemplo, el deporte.

Hoy, ese hombre musculoso es simplemente una opción.

Bañista, Philip Gladstone

Sin embargo, el arte permanecerá indefinidamente como un recordatorio de esos gladiadores, ángeles y héroes bellos que representan algo positivo más allá de su cuerpo, como lealtad, fortaleza, gloria o benevolencia. Si algo me ha enseñado el arte, es que hay que ver más allá de los músculos y la juventud que se muestran, debemos tratar de dialogar con el artista y observar las expresiones faciales, las manos, las arrugas, las poses y los sentimientos de los modelos para realmente absorber lo que el autor quiso transmitir.

Swan Lake, Matthew Bourne

Incluso, por ejemplo, en la danza, la mezcla perfecta entre el atletismo y el arte, la belleza física no es algo que se denigre, sino que se admira gracias a la fuerza, la disciplina y la pasión que un diestro bailarín encarna. Y en el deporte podemos verlo en la belleza de la forma de un clavado, una rutina de gimnasia o de patinaje artístico. No se trata solamente de músculos y flexibilidad, se trata de años de arduo entrenamiento para hacer lograr extraordinario con el cuerpo como un salto o un giro, y además, haciéndolo ver como lo más fácil y natural del mundo.

Sacrificio, DDiArte

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No es sorpresa para muchos de nosotros el hecho de que hoy en día se aplaudan muchos tipos de atributos físicos. En la comunidad gay ya hay fuertes nichos que defienden estándares de belleza fuera de la típica occidental. Apreciamos los dad-bods, zorros plateados, osos, flacos y andróginos de todos los colores, sabores y texturas. Hoy el antiguo modelo de Abercrombie no es el único que termina la noche exitosamente. Hoy, la belleza masculina, tanto en el arte como en otros aspectos, es tan abstracta, subjetiva, relativa, circunstancial y variante que confunde más que un examen de cálculo diferencial, y aunque claro que falta mucho por hacer, ya dimos los primeros pasos, y por eso debemos sentirnos orgullosos.

Es así como hoy los invito, claro, a seguir cuestionando, retando y derribando el estereotipo de la belleza masculina de las redes sociales o la pornografía, pero también a celebrar la belleza clásica, a aprender de ella, a ver más allá, ¿y por qué no? también a cuidar de nuestro físico sanamente. Una cosa es aprender a ver la belleza en cualquier persona, y otra es satanizar el cuerpo de un atleta o una escultura y defender, por ejemplo, la obesidad y las complicaciones a la salud que ésta trae consigo.