Es nuestra naturaleza juzgar a las personas que nos rodean, si ignoran nuestros deseos creemos que son irrespetuosos, si no cuidan a sus hijos concluimos que no son buenos padres, si descubrimos que engañan, suponemos que conocemos sus razones, pero ¿qué pasa cuando por fin nos detenemos un momento a juzgar nuestra propia vida?, puede ser doloroso contemplarnos y ver lo que hemos hecho y todavía más doloroso darnos cuenta de que no tenemos intenciones de detenernos.
Mary Alice Young

La verdad, es que todxs nos cansamos, la felicidad no es como nos la pintan, por el contrario; es efímera, es cara y no se encuentra ni en lo material, ni en lo sexual. Es un estado mental que pocxs logramos alcanzar, siempre y cuando seamos honestos con nosotrxs y con los demás sobre lo que realmente pensamos y sentimos.

Este artículo está inspirado realmente en un texto que mala mente se le asigna a nuestra querida Meryl Streep, siendo el autor José Micard Teixeira el que escribió hace no mucho tiempo, que, para quien no lo recuerde, compartiré inmediatamente su escrito:

Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. no tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme. Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chismero. No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia para quien no merece mi paciencia.

Cabe mencionar que el principal atributo de su pensamiento es, precisamente una mente crítica que, básicamente ya está cansada de las costumbres que la ataban a ser alguien que tenía que aceptar todo lo que le dijeran. Lo que vuelve importante la siguiente interrogante: ¿Por qué el pensamiento crítico es importante?, ¿Qué es hacer una crítica? Apostaría a que se trata de algo que la mayoría entendemos en un sentido ordinario. El asunto, no obstante, se complica si intentamos distinguir entre una crítica de tal o cual posición y la crítica como una práctica más general que pudiera ser descrita sin referencia a sus objetos concretos.

La crítica siempre cuestiona alguna práctica, discurso, forma de pensar o institución e instituidos, y pierde su carácter en el momento en que se separa de esta forma de operar y se la aísla como una expresión pura y generalizable, pero sobre todo, incuestionable. Es decir, cuando alguien dice “No creo en el feminismo por que pienso en la igualdad”; pero a quienes traten de ampliar su forma de pensar, los tratarán con desprecio, pues, su “crítica” se convirtió en pura y “esencial” para la “humanidad”, situación ampliamente contradictoria. Pero, aún siendo esto cierto, no significa que tengamos que enfangarnos en particularismos de este tipo y que rondan en las redes sociales sin poder dialogar con el énte “crítico”; como el ejemplo anterior. Todo lo contrario, aquí transitamos en un área de obligada generalización que aborda lo filosófico y lo reflexivo pero que debe, si queremos que sea siempre crítica, guardar distancia frente a sus propios resultados. Sigamos con más ejemplos de cómo pensar la crítica.

Quienes somos críticos, no sólo expresamos nuestra forma de razonar, sino que también somos cautelosos ante los resultados y  ante eso, somos reflexivos. 

Raymond Williams
Raymond Williams

Para Butler, al analizar al filósofo Raymond Williams, describe que él se preocupó por el hecho de que la crítica se había reducido excesivamente a la noción de «descubrir errores», y propuso que encontrásemos una respuesta más específica que no se apresurase a generalizar: “que no es un “juicio” sino una práctica ética que incluye hacer lo correcto para los y las otras».

De manera que, para Williams, la práctica de la crítica no es reductible a alcanzar juicios (y expresarlos). Por lo que es un proceso más complejo, tampoco es una mecánica puramente lógico- formal y administrativa que decide expresarse ante algo que no apetece, como el ejemplo antes citado.

Hacer una crítica va más allá de sólo pensarla y decirla sino actuarla definiendo lo que es correcto para mí y para los y las otras; sin dañar a las y los otros. El gran problema radica en la idea social de lo que se piensa que debe ser correcto. En nuestra sociedad se valora más lo material sobre lo espiritual y mental. Se valora más la sexualidad que la conexión con las personas. Se piensa que los movimientos sociales en sí mismos son radicales sin pensar en las victorias colectivas que han traído consigo la lucha de mujeres y hombres. Por último, se piensa que la idea individual es mejor sobre la colectiva, de ahí que no se pudieran conectar las personas y movilizarse de forma conjunta para lograr un objetivo.

Si bien la crítica es un ejercicio intelectual, debe de estar acompañada de una mirada ética en la cual incluya el beneficio personal y colectivo, de lo contrario, podría hacerle daño a alguien pensando en que mi beneficio personal es mejor sobre el de los demás.

un ejemplo claro que nos ha heredado el CAPITALISMO GORE.

Y tú ¿qué opinas?