En ocho párrafos les cuento acerca de mi experiencia con esta app de ligue gratuita, que tiene más de 50 millones de usuarios en más de 190 países.

1. ¿Usar o no usar Tinder? La primera vez que oí la palabra Tinder fue hace unos cuatro años en mi casa. Un amigo-soltero-heterosexual acababa de descargar la app y se pasó toda la noche muy feliz ojeando el catálogo de chicas que estaban cerca. Él ahora está recién casado y nunca lo había visto tan feliz. No, mi amigo no conoció a su esposa en Tinder.

2. A finales del año pasado, una amiga-lesbiana-soltera me enseñó cómo era Tinder. Abrió la app en su teléfono y me dijo que pusiera las preferencias que yo quisiera. Descubrí que en Tinder podía elegir el género (hombres / mujeres / hombres y mujeres), el rango de edad y hasta la distancia máxima, porque si está muy lejos entonces como para qué. Estuve como una hora (¡si no es que más!) deslizando mi dedito una y otra vez, sin poder encontrar a alguien que me interesara. Qué pérdida de tiempo, pensé.

3. Hace poco vi a una amiga cercana. Me contó que lleva ocho meses con su novio actual. Ella es directora de internet de un importante diario mexicano. Él es fotógrafo. Ella tiene 35. Él 28. Son muy felices. Se conocieron en Tinder. Tinder ya no solo es una aplicación. Tinder es un lugar, un espacio virtual donde ocurren interacciones entre usuarios que quieren encontrar a alguien con quien salir. Y, por lo visto, funciona.

4. Estaba en el bar Xaman bebiendo mezcal con una de mis mejores amigas. Ella me pidió mi celular y descargó Tinder en mi teléfono sin preguntarme. Decidí fluir y abrirme a nuevas posibilidades. Minutos después descubrí la opción Mostrarme en Tinder. La desactivé.

5. Al día siguiente pensé en borrar la app, pero mejor me suscribí a un servicio que tiene Tinder para que nadie pueda verte (algo ridículo porque se supone que lo que quieres es encontrar a alguien, pero bueno…). Un par de días después decidí que eso no era para mí y eliminé la app de mi teléfono. Dos meses después me percaté de que a pesar de haber borrado Tinder, me seguían cobrando la suscripción que había contratado (y todo para que nadie me viera, ¡JA!). Escribí a Apple explicando la situación, pidiendo que me devolvieran mi dinero. Una amable señorita me contestó que me harían un reembolso del último mes y me aclaró que no basta con borrar la app, hay que cancelar la suscripción o te pasará lo mismo que a mí. Suena bastante obvio. DUH! Oso mil.

6. El mes pasado leí en la pantalla de mi computadora: «México, el país con más usuarios de Tinder en Latinoamérica». Según ese artículo del periódico Excélsior, «en México se realizan tres millones de matches al mes, además de que al día se hacen más de 16 millones de swipes».

7. Yo confieso que conocí en persona a una chica con la que chateé primero en Instragram. Yo confieso que una vez me encontré con una chica que conocí en Hi5. Yo confieso que una vez fui a un antro con un chico de pelo pintado de azul que conocí en ICQ. Yo confieso que en la época de los beepers, a principios de los 90, salí con un chico que una amiga me presentó por teléfono (cuando lo conocí descubrí que medía casi dos metros, tenía la cara llena acné, era cholo… no era mi tipo).

8. Acaba de ser la pink moon. Leí que hay que estar abiertos al cambio y en un mood de gratitud. Según mi horóscopo, en algún instante de las próximas dos semanas conoceré a alguien… Por si las dudas volví a descargar Tinder (no vaya a ser). Solo que esta vez no oculté mi perfil.

Si algo extraordinario sucede, les cuento por aquí o en mis redes sociales.

Por Mildred Pérez de la Torre. Twitter: @milgoeshunting Facebook: @MildredPerezdelaTorre