En sí, la situación es más común de lo que creemos… Disfrazamos mediante mofa, burlas, sonrisas y opiniones aquello que hemos vivido por ser parte de una comunidad marcada por la discriminación y la homofobia. Olvidamos lo sangrante de las palabras, ocultamos lo doloroso de los señalamientos, no miramos a quien ofendemos. No, es claro que es más fácil replicar la violencia de la cual tanto tratamos de alejarnos seamos o no LGBT+, y el machismo en Río no es la excepción.

“No hay nada que engañe más que una sonrisa, y nadie lo sabe mejor que la gente que se esconde tras de ella. Algunos muestran los dientes como una advertencia amable a sus enemigos, algunos ponen una expresión radiante para evitar que caigan sus lágrimas, otros hacen gestos para enmascarar sus miedos. Pero también existe la risa genuina, es la sonrisa de la persona que sabe que pronto sus problemas terminarán.” Mary Alice Young

“Es mi libertad de expresión” dirán algunos, otros se excusarán con “es sólo mi opinión” y ni con eso podrán reconocer que las opiniones pueden ser racistas, también pueden ser clasistas, otras son misóginas, algunas pueden ser homofóbicas. Si, es fácil esconderse tras esta fachada. Sin embargo, olvidamos que no por ser “nuestra opinión” significa que será válida, respetable e inofensiva… El discurso de odio que tanto nos ha afectado a todos y todas, seamos o no LGBT+, el rechazo que tanto hemos denunciado, puede disfrazarse de buenas intenciones.

Alexa Romero
Alexa Moreno

Sí, esto seguramente nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas. En este momento en específico vivimos las olimpiadas, y seguramente hemos leído sobre el caso de nuestra querida Alexa Moreno que tras su presentación, le “llovieron” críticas para “hacer menos” su esfuerzo. Probablemente hayan visto también la jugada de las deportistas, que tras la red de volleyball, las opiniones se polarizaron… Por un lado, la fuerte carga cultural de la mujer tapada hasta las orejas, y por el otro a la mujer cuyo uniforme deja ver más su cuerpo…. O quizás hayan leído:

“buenorras” son las mujeres que ganan medallas, o deportistas simplificadas a “bellezas rubias de ojos azules”

¿A qué se debe tanto escándalo? Al ocultamiento de la violencia simbólica que nos daña a diario, ya que no hemos aprendido a reconocer al otro o a la otra por algo que no sea un objeto de deseo. Porque su existencia vale más que volver a alguien un objeto para nuestros fines, porque no vemos los estragos de nuestras “opiniones”, porque sencillamente no vemos que todos y todas deseamos ser reconocidos/as y tratados/as con respeto.

NOTA RELACIONADA: ATLETAS GAY EXPUESTOS EN RIO.

La filósofa Judith Butler en su libro Dar cuenta de si mismo, violencia, ética y responsabilidad, nos narra la difícil travesía que implica reconocernos y reconocer a los demás. Que ante la imposibilidad de ver las normas que nos conforman en una sociedad violenta, reproducimos quizás, y sin querer hacerlo, aquello que no quisiéramos que nos hicieran: humillar, insultar, burlarse y sonreír ante el dolor ajeno. Estas pueden ser formas de actuar, que se disfrazan y se justifican para afirmar mi ser hombre o ser mujer en esta sociedad impregnada de violencia.

Si nuestra identidad (todo aquello que muestra quiénes somos), emerge en el contexto de la violencia, hacer una crítica (como la que hago ahora) a las normas, exigiría una indagación sobre cómo el contexto constituyó nuestra identidad. Porque nuestra existencia no es algo en ningún sentido independiente de aquel contexto normativo que ha posibilitado lo que somos. Entonces, la crítica a las normas es una acción que supone arriesgar nuestra propia identidad, es por eso que no nos gusta recibir una crítica hacia “nuestras opiniones”.

En el ejercicio de la crítica a las normas que reproducen la violencia simbólica como el machismo, criticamos, inevitablemente, dimensiones de nuestra propia identidad. De otro modo, no hay crítica posible, porque la crítica no solo se refiere a un contexto externo, sino que implica también “que yo mismo quedé en entredicho”. Por eso, tal vez no nos gusta que critiquen nuestras opiniones.

¿Estamos en 1953?
¿Estamos en 1953?

Sin embargo algo bueno emerge de esto, y es la posibilidad de reflexionar sobre lo que hacemos. Bien Aristóteles lo dijo “conócete a ti mismo” y qué mejor en este momento, que muestra que tras esas opiniones hirientes hacia las y los demás, mostramos más de dónde venimos y dice que en algún momento de nuestra vida nos han insultado y hemos padecido ese dolor. De lo contrario no lo usaríamos para herir a las y los demás, porque conoceríamos sus efectos.

Por lo tanto hay que sanar las heridas y tratar de reflexionar sobre nuestras opiniones sobre cualquier tema, detenernos y pensar ¿Qué dice de mi esta opinión? ¿Quiero reflejar eso de mí? Sólo así podremos dar cuenta de los demás y de nosotros mismos en un ambiente de respeto.

Y tú ¿qué opinas?