Quizá no lo sepan, pero yo nací en una pequeña ciudad persignada de Dios, fuera de la Ciudad de México. No descubrí que existía la homosexualidad hasta los quince años, y eso, gracias a internet. El libro de salud sexual que hay en la casa de mis padres aún la lista como una enfermedad. Y todo esto, sólo por darles un ejemplo del tabú que era hablar de aquello en mi familia.

Desde que tengo memoria, todos los viernes por la noche un grupo de trabajadoras sexuales se reunían en la calle de mi ciudad natal. Para mí lo curioso de ellas no era su trabajo, sino su forma de vestir. Creía que eran travestis. Entendía el concepto, pero en mi mente era difícil concebir por qué un hombre querría vestirse de mujer. Simplemente no me entraba a la cabeza. No podía entenderlo. Era como si me dijeran que uno más uno era igual a tres.

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En otra ocasión, en otro lugar cercano a mi ciudad natal, cuando aún no me cuestionaba ser un hombre trans, fui a mi primera “conferencia Queer”. No diré nombres, pero hubo algo que se me quedó muy grabado: había un fulano con el cabello verde usando un corset. Esta persona afirmaba que las mujeres y hombres transexuales nunca podrían llegar a ser verdaderamente hombres o mujeres. Decía que tratábamos de alcanzar una quimera mediante pastillas, inyecciones y cirugías, pero que nunca seríamos algo verdadero. Y lo dijo así, frente a un auditorio, y aunque yo no sabía conscientemente en ese entonces qué era ser trans, me dolió de todos modos porque le creí.

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¿Qué es la transfobia internalizada?

Después de tantos años en terapia, de salirme de esos espacios tóxicos, de viajar y establecerme en la capital del país, he reconocido que algunas cosas en las que yo creía eran profundamente misóginas y sexistas;  y cuando por fin me acepté como hombre trans, entendí que también padecía de transfobia internalizada. Con ese historial, yo creo que era de esperarse.

Así como los homosensuales y lesbosensuales pueden padecer de homofobia internalizada, las personas trans también podemos caer en la transfobia. Puede manifestarse de muchas formas, desde pequeños pensamientos, hasta una actitud ante la vida. Puede que la transfobia vaya dirigida a nosotros mismos, o hacia otra persona trans.

Me declaro culpable de tener en ocasiones una mentalidad transfóbica. Recién salido del clóset, cerca de un mes estuve evitando usar pronombres, tanto en masculino como en femenino, para referirme a mí mismo. Odiaba decir “mí misma”, pero tampoco podía decir “mí mismo”. Sentía que no merecía referirme a mí en masculino. Me sentía ridículo haciéndolo cuando otras personas me escuchaban. Pensaba que no tenía derecho a decir que yo era un hombre.  Así que, cual gimnasta de la lengua, en lugar de decir “estoy cansado”, lo que salía de mi boca era “siento mucho cansancio”. Eventualmente fui descubriendo que hablar en neutro en español era más cansado que decir “estoy cansado”. También es tener miedo o vergüenza a corregir a otras personas cuando se refieren a tu persona con los pronombres equivocados, ya sea que lo hagan a propósito o no. A veces prefiero no entrar a ningún baño público.

Suficientemente Trans

A lo largo de mi corto viaje por los espacios trans, travesti, transgénero, he sido espectador de algunas de estas actitudes. Algunas personas trans piensan que si no “sabías” que “vivías en el cuerpo equivocado” desde que pudiste dar tus primeros pasos, que si no “hubo señales” en tu infancia, entonces no eres trans. “Si no odias tus genitales no eres trans”. Si eres hombre trans y quieres tener hijos de la forma tradicional no puedes ser trans. Si no odias tus pechos no eres trans. Si no quieres un pene o una vagina no eres trans. Si decides no tomar hormonas entonces “no eres lo suficientemente trans”. Se dicen esas y muchas cosas más. Yo creo que nadie es quién para decirte “tú eres o no eres trans”. No hay examen de admisión para ser trans, ni requisitos obligatorios impuestos por otras personas.

No hay una normatividad para ser transgénero o transexual

Tener transfobia internalizada es sentir que eres más mujer o más hombre que otras personas trans porque “no te ves como trans” (qué significa eso, no lo sé). Es pensar que nunca serás un hombre o una mujer “de verdad” porque no naciste con un pene o una vagina o con cromosomas XX o XY. Es pensar que los hombres trans deben tener el cabello corto y usar ropa de macho si quieren ser hombres “reales”. Es pensar que las mujeres trans deben usar falta, tacones, maquillaje, y ser ultra-mega-ad-infinitum femeninas las 24 horas del día.

No todos los hombres y mujeres trans son masculinos o femeninas

Que no seas un hombre masculino o una mujer femenina no te hace menos “trans”, ni menos hombre, ni menos mujer. Todos expresamos nuestro género de forma distinta, y no es obligatorio hacerlo tal y como se esperaría que se hiciera. También hay hombres cisgénero que son femeninos y mujeres cis masculinas. Con esto no quiero decir que sea malo ser femeninas o masculinos, lo que digo es que no es una obligación. Y yo sé que hasta ahora he hablado de hombres trans y mujeres trans, pero no son los únicos que caen en espectro trans. Existen muchos más que caen en este paraguas trans, pero por hoy, yo me quedo con esto.

Lidiar con la transfobia internalizada

Mi forma de lidiar con estos pensamientos, es reflexionar internamente acerca de estas actitudes y pensamientos. Es tratar de entender qué te motiva o por qué piensas o actúas de esa manera. ¿Es miedo, vergüenza, pena? ¿Es por hacerte sentir mejor haciendo sentir peor a los demás? ¿Es por sentirte validadx o porque te sientes amenazadx por otras personas? Darte cuenta de que tus actitudes pueden ser transfóbicas ya es un gran logro, creéme. Hacer algo por solucionarlos, es mejor.

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¿Qué hago?

Recuerda que no hay una guía, ni un patrón, para ser trans y que todas las expresiones son válidas, no sólo la tuya. Todas lo son. En mi caso, mi transfobia es más contra mí que hacia otras personas trans. A veces siento que “no soy suficientemente trans”, o que no merezco decir que soy hombre. Como ya dije, la transfobia internalizada puede reflejarse de muchas formas. Te invito a reflexionar, si es que alguna vez lidiaste, o estás lidiando, con este tipo de pensamientos.

Para terminar, una última pero positiva anécdota: hace algunos meses me encontraba en una fila para recibir un autógrafo de un escritor extranjero. Cuando mi turno llegó, el autor me dijo “Hola preciosa”, o algo por el estilo. De inmediato me puse todo rojo, traté de recordar que no era su culpa que no lo supiera, pero igual decidí corregirlo (iba a recibir un autógrafo, después de todo): “Soy hombre, hombre trans”, le dije. Para mi sorpresa, el escritor sonrió, me dijo: “Hola precioso”, me habló de su amigo trans que había tenido un bebé. Después escribió una bonita dedicatoria con MI nombre (mi primer autógrafo con mi nombre), y también me dijo que lo agregara a Facebook.

De paso a pasito, quiero pensar que estoy aprendiendo a lidiar con mi propia transfobia.