Ok, ok, ok… aunque se supone que todos somos diferentes, y que nadie puede generalizar ni estereotipar ni etiquetar (mucho menos yo, publicando en este sitio), a veces no podemos evitar encontrar patrones de comportamiento entre algunas personas que comparten algo en común.

Y como ya los conozco, antes de leer esto deben saber que esto es una opinión personal, basado obviamente en mi experiencia, los tipos de solteros son igual de diversos que nosotros. Aunque seamos diversos, ciertas semejanzas saltan más a la vista entre dos personas en sus veintes que una persona de veintitantos y una de ochentitantos, entre nacionalidades, o como en el caso que hoy les presento, entre ALGUNOS hombres solteros heterosexuales y homosexuales.

La vida de soltero es un concepto en sí mismo que la mayoría empezamos a vivir ya entrados en nuestros veintes o empezando los treintas, y a pesar de que para algunos parece terminarse en los mismos veintes o treintas, hay también muchos que se quedan solteros hasta la edad de Elizabeth II (que no tiene nada de malo). Para algunos, ser soltero es una bendición por elección, para otros, una maldición también por elección… pero no propia; y ambos casos podemos encontrarlos tanto entre heterosexuales como gais. La mayoría debemos enfrentar esta etapa con todo lo que implica: el diseño de un espacio propio, no rendirle cuentas a nadie, pagar cuentas cada mes, administrarnos, limpiar, cocinar, y claro, encoger o teñir accidentalmente la ropa al lavarla las primeras veces.

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Decor…

Cuando los hijos dejamos el nido, solemos armar nuestro nido diminuto, pero los heterosexuales casi siempre lo hacen con ramas comunes y corrientes y demasiados videojuegos y memorabilia de Star Wars, mientras que nosotros lo hacemos con material brillante de mercería… No, nada que ver #Bromi. He conocido depas increíbles tanto de heterosexuales como de gais (con excelente gusto y a veces hasta decoración interior exuberante), y también zonas de devastación y pésimo gusto. Lo que sí es cierto, es que he visitado BASTANTES espacios de amigos homosensuales con paredes decoradas con arte homoerótico, repisas con libros sobre el mismo arte, Wilde y biografías de Milk y alguna diva que ya pasó de moda, discos algo empolvados de pop noventero, botellas con licores afrutados adquiridos en tiendas Duty Free, pequeños arcoíris aquí y allá, y un par de films de Almodóvar. NADA DE ESTO LO HE VISTO EN LOS MUCHOS DEPARTAMENTOS DE SOLTERO HETERO QUE HE CONOCIDO. Lo más interesante de este asunto es que, cuando estos solteros dejan de serlo, los espacios de los homosensuales casi no cambian (únicamente se duplica el guardarropa), mientras que los de los heterosexuales se transforman 180 grados gracias a sus nuevas compañeras que se encargan usualmente de organizar todo, incorporar algunas flores y tonos rosados y morados, obligarlos a tirar las cajas de pizza más seguido, aunque también hay chavas que son i gua li tas.

¿Vieron Crazy, stupid love?
¿Vieron Crazy, stupid love?

En el ligue tenemos una ventaja (y no sólo hablo de Jack’d): el género. ¿Quién va a saber mejor lo que le gusta a un hombre que otro hombre? Conocemos las técnicas de coqueteo, los temas de conversación, los puntos débiles del ego, y los puntos fuertes en la cama; mientras que los heterosexuales deben perfeccionar sus habilidades durante años a base de error-aprendizaje (no tanto de acierto-premio como nosotros). Pero ellos tienen otra ventaja, la estadística. Si un heterosexual quiere ligar casi en cualquier bar o en su trabajo, es más probable que lo logre, y nosotros solamente nos quedamos suspirando por el abogado heterosexual del piso de abajo que nunca será nuestro. Y a los que teneMOS el gaydar roto… ya nos pueden considerar caso perdido.

Los malditos estándares inalcanzables de belleza occidental tenemos que encararlos todos. Los solteros heterosexuales suelen tener en sus baños unos tres shampoos, unos tres antitranspirantes, unas tres colonias (todo lo anterior a la mitad), crema para afeitar, pelos en el jabón, y si acaso algún tónico contra la caída del cabello. Mientras que nuestra colección de cremas, ungüentos, líquidos y geles (y la estricta forma religiosa de aplicarlos) caen en la brujería. El gimnasio es toda una filosofía, ya que para los heterosexuales sólo es eso, pero para muchos de nosotros es la Iglesia/cuarto oscuro. Casi siempre es el segundo lugar con más probabilidades de ligue (después de los antros y bares gay), lo que nos garantiza cierto cuidado en el cuerpo de nuestro ligue (gracias).

Joey, soltero buga por excelencia
Joey, soltero buga por excelencia

Nuestra comunidad tiene fama de superficial, pero casi todos los hombres (gays o no) somos bastante calientes. Aquí tenemos otra ventaja: los hetero la tienen más difícil porque las muchachas heterosexuales no suelen dar el “sí” tan fácilmente, sobre todo si no consideran atractivo al muchacho o si recibieron una educación relativamente conservadora. Mientras tanto, nuestra calentura a veces nos gana y bajamos nuestros estándares físicos un poco con tal de encontrar una válvula de escape (ya ni hablar de rebelarnos contra la educación conservadora). También he notado que las chicas heterosexuales no explotan su sexualidad tanto como nosotros, y generalmente se involucran con un wey sólo cuando desean una relación.

Sin embargo, nosotros solemos ser más aventados, explorar más, y tener menos tapujos para encuentros únicos o esporádicos… somos más honestos, directos y menos complicados…. pobres bugas.

Finalmente, en el mundo occidental existe la gran presión social por casarse y tener hijos. Muchos heterosexuales lo resienten y terminan casándose “porque ya están en edad”, o a veces lo hacen justamente porque ya van a tener hijos. Mientras que la sociedad ya está tan acostumbrada a que los gais vayamos tan en contra de la corriente, que podemos casarnos y tener hijos cuando y como queramos, si queremos… Nosotros además no tenemos la preocupación de embarazar a nadie, y obvio no tenemos dado el caso tener que seguir viendo a nuestro estúpido ex el resto de nuestras vidas justamente por esa misma razón.

¿Se acuerdan de este solterote?
¿Se acuerdan de este solterote?

La soltería no siempre implica independencia, y tampoco soledad… eso depende de nosotros construirlo. Hoy ya podemos buscar ser solteros felices el resto de nuestras vidas, y aunque la fórmula secreta solamente la conocerán Dios y su estilista (si es que existen), lo que sí es definitivo es que los solteros somos un grupo que siempre podremos apoyarnos entre nosotros mismos porque conocemos bien la dificultad de algunos problemas que no reconocen orientación sexual.

Por tanto, la amistad que se puede formar puede llegar a ser muy profunda, y por eso creo que debe al menos explorarse.

Y tú ¿qué opinas?