En la totalidad de la vida de un militar se supone que siempre debe poner en práctica varios valores no sólo en los actos del servicio, sino en su vida personal y familiar. Estos son: Disciplina, Honor, Valor, Lealtad, Abnegación, Patriotismo y Espíritu de Cuerpo.

La Disciplina son una serie de hábitos con un fin benéfico para nuestro desarrollo personal. El honor es gozar de una personalidad intachable o al menos cívicamente aceptable. El valor es estar dispuesto a llegar a las últimas consecuencias en lo que se cree justo. La abnegación consiste en no esperar nada a cambio de las acciones en pro y a favor de los demás. La lealtad es el mutuo respeto y compañerismo. El patriotismo es el amor a la nación, pero sin duda es la lucha constante por ofrecer a los demás un mejor país, mejores instituciones para servir, un mejor ambiente para desarrollarse. Y finalmente el espíritu de cuerpo que va muy unido a la lealtad, una especie de cohesión siempre reforzándola por intereses comunes.

¿Suena bonito? La verdad sí.

Dentro de la institución armada, la invisibilidad voluntaria de muchos compañeros LGBT ante abusos de compañeros y superiores corrompe en su sentido original esos valores, así tenemos que la disciplina se convierte en una restricción de la libertad obtenida mediante el temor, el honor se vuelve hipocresía, el valor en indiferencia, la lealtad en complicidad con los abusadores, la abnegación en sumisión, el patriotismo pasa a un plano meramente laboral de recitar marchas y porras, y finalmente el espíritu de cuerpo se convierte en una red de opacidad, irrespeto con quienes son diferentes (no sólo los compañeros LGBT).

Por supuesto que todos los miembros uniformados homosensuales dentro de las Fuerzas Armadas somos discriminados por alguien o muchos otros integrantes. Habrá quien diga que eso no le ocurre a él o ella y que se ha ganado el respeto de compañeros y superiores. Sin duda en algunos casos así será. Pero en la inmensa mayoría en realidad ocurre una especie de práctica de tolerancia a medias:

“Respeto tus “preferencias” pero yo no le hago a eso”.

Los albures, los comentarios homófobos en pláticas entre “héteros” contienen a veces expresiones de índole machista y fascista tan agresivas como: “deberían juntar a todos los putos y fusilarlos”, “si viviera mi general Villa ya los hubiera mandado a fusilar”, indican claramente que aunque muchos miembros LGBT no son discriminados directamente lo son a sus espaldas y en la práctica de manera disimulada, la hostilidad interior de muchos en algún momento puede salir a relucir a pesar del “respeto” que les aseguran tener. Y por ello ante los abusos graves y evidentes que sufren algunos compañeros homosensuales la comunidad LGBT uniformada guarda un silencio realmente escabroso sólo digno de quienes viven en países teocráticos y muy tradicionalistas, muchas veces justificándolo con el pretexto de “cada quien su vida” o “mi orientación sexual se queda en casa”. Bajo esas excusas argumentan que se quiere convertir a todo y a todos en unas locas u homosexualizar al Ejército o Armada. Nada de eso.

Si bien es cierto que debemos proteger nuestra vida privada de injerencias de terceros, el tolerar la discriminación, los comentarios homófobos y el maltrato a algunos compañeros o a nosotros mismos en realidad nos convertimos en cómplices de una práctica inhumana y renunciamos a esos valores militares que a muchos les gusta alardear en su círculo social.

Sin embargo el problema de falta de educación en materia de Derechos Humanos y sobre todo de No Discriminación puede contenerse entre todos los uniformados por la disciplina, la costumbre histórica o el hartazgo momentáneo del bullying entre compas.

Pero aquí ocurre una situación que es más dramática que quiero mencionar y denunciar: cuando se trata de la familia de muchos militares con esos valores tergiversados y el machismo inherente del que a veces alardean.

Hay veces que por cuestiones de los actos del servicio nuestras familias conviven dentro del resto de ese microuniverso social uniformado. Y se conoce al hijo o la hija del alguno de las tropas, de un oficial, de un jefe o un general, y si estos resulta que a veces gozan de mala estima, aunque también suele ocurrir entre quienes son queridos por sus subordinados, resulta que se enteran de que algún miembro cercano de esa persona es LGBT lo cual provoca en estas personas a veces una verdadera pesadilla. Además de soportar el código de conducta dentro de su propia familia y demostrarlo bajo castigos y maltrato en su entorno social, deben soportar las burlas de los demás uniformados e incluso de los miembros homosensuales.

Tampoco caeré en fatalismos. No ocurre siempre, hay que aclararlo. A veces un civil es mayormente aceptado en su orientación sexual entre las tropas que dentro de su propia familia. Pero quienes no corren con esa suerte, el problema de la no aceptación puede terminar en casos de violencia intrafamiliar. Esto último si bien no me es desconocido, me llenó de rabia y tristeza cuando un compañero acudió a mí pidiéndome orientación sobre un caso cercano a él: Pues bien, resulta que un conocido de él, también militar, había expulsado de su casa a su propio hijo al confesarle de que era gay y no sólo eso, lo golpeó y de pasó también se fue contra su esposa, culpándola del hecho.

Ese es el precio, lo ganado o mejor dicho lo perdido, por la pereza, la indiferencia, indolencia o quizá la homofobia interiorizada de los altos mandos en no pedir asesoría a las instancias o autoridades competentes que pueden ofrecer educación a quienes si bien no cometen homofobia o transfobia de manera tan cínica y grave caen en esas conductas dañinas. Así como proceder con los castigos a quienes cometan delitos por esas causas y proveer u orientar la protección a las víctimas de ese tipo de violencia intrafamiliar motivadas por orientación sexual u orientación de género. Pero también ayudar u orientar a los soldados homosensuales para con personas civiles y abandonar la invisibilidad, salir del locker.

Por ello, insisto, una vez más les pido a la comunidad LGBTTTI civil y militar NO CALLAR.

¡Homosensuales siempre leales!

Por cierto, ya que el próximo tema que trataré será sobre los asuntos sanitarios dentro de las Fuerzas Armadas,  los invito a ver la siguiente entrevista que se me hizo.

Colaboración de: Gonzalo Elías Flores Tecalco

Mail: [email protected]

Y tú ¿qué opinas?