Hola criaturitas de luz, amors y pensamientos libidinosos (no se hagan), el día de hoy quiero ponerlos a pensar en algo que me estaba dando vueltas por la cabeza y que al fin, pude encontrar alguna respuesta: Si defendemos la tolerancia, ¿deberíamos tolerar a los intolerantes?

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Pues bien, para comenzar, sabemos que la tolerancia conlleva el respetar opiniones, ideas, prácticas, culturas o actitudes de otros a pesar de que sean distintas a las nuestras. Hasta aquí todo bien, ¿verdad?

Se trata de un valor indispensable para poder convivir en sociedad, sin embargo, existe una paradoja muy curiosa que recae sobre ella.

Para explicarla mejor, pongamos un ejemplo que podamos entender todos. ¿Recuerdan al Frente Nacional po la Familia?. Sí, los que constantemente emplean campañas en contra de las familias homoparentales.

Pues bien, a pesar de que sus argumentos son arcaicos, obsoletos y sin una pizca de razón, en sentido estricto, nosotros que peleamos por defender la tolerancia, deberíamos tolerar su intolerancia ¿cierto?

Nel, pastel.

¡Pues no! A pesar de que esta paradoja existe, hay razones para entender por qué no debe haber una tolerancia ilimitada. A continuación la breve explicación:

El filósofo Karl Popper (no niños, él no inventó esas cosas del diablo) en su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” habló de la paradoja de la tolerancia, exponiendo razones del por qué si extendemos una tolerancia ilimitada (el ejemplo que les puse), terminaríamos mal.

Karl Popper

“La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.

Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente.

Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.

Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.”

Si les dio flojera leer la cita o bien, si no le entendieron ni papa, básicamente el señor Popper (repito, no tiene nada que ver con los frasquitos) explica que: en sí misma, la tolerancia es un bien que hay que proteger, y para protegerla, se deben prohibir las posturas intolerantes, ya que de no hacerlo los intolerantes acabarían con los tolerantes y la misma tolerancia al imponerse.

Así que aquí está el asunto de todo, la paradoja es que, con el fin de proteger la tolerancia, no se puede tolerar lo intolerante. No obstante, no podemos caer en la violencia (de cualquier tipo) para protegerla, debemos hacerlo en base a la razón y argumentos.

Y tú ¿qué opinas?