En algún momento de la vida llega a nosotros un concepto que para muchos, en ese primer encuentro con la palabra, no nos termina de quedar claro: sexualidad. Ya sea porque nuestra familia decidió sentarse a la mesa y tratar de explicar algo que quizá no sabían cómo, pero que las reglas les indicaban que debían ayudarnos a entender. Si no fue así probablemente la escuela ayudó a confundirnos más sobre el tema o terminamos haciendo nuestra propia investigación para darle forma a eso que no nos quedaba tan claro, pero de lo que nadie tenía el valor suficiente de hablar.

Si fuiste un infante precoz, probablemente (en mi caso por ejemplo) llegaste a sorprenderte con la reacción desmedida del cuerpo viendo algún programa de televisión en donde por una fracción de segundo se evocó alguna característica física de algún personaje encerrado en esa caja de luz y sonido. Si corriste peor suerte (como yo, otra vez) te pidieron que pasaras al pizarrón a resolver algo mientras se te adelantaba esa partecita del cuerpo llamada pene apuntando el camino entre tu pupitre y el ridículo. Sin embargo, a pesar de todo lo que pudimos haber vivido en ese descubrimiento de la sexualidad y en ese periodo de tiempo, los años pasan y cualquiera creería que ya de adultos, tenemos todo bajo control.

Para un bisexual (o para todos los que no responden al binario de género) la situación no pinta tan sencilla, no porque exista un factor que nos convierta en seres humanos en proceso de descubrimiento, sino porque alrededor, en la influencia social, existe un constante cuestionamiento sobre nuestra sexualidad y por ocasiones podemos llegar a caer en el juego y preguntarnos todo lo que llega a nuestros oídos como si fueran una posibilidad y no es así. No si existe en nosotros eso que ya antes hemos llamado la genuina bisexualidad. Así que hoy les dejo algunos puntos que debemos tener claros cada vez que alguien quiera hacernos dudar, y ¿por qué no?, cada vez que nosotros mismos nos coloquemos en tela de juicio.

La sexualidad del ser humano es cambiante

Nada en este mundo es tajante cuando hablamos de sexualidad. Ni los patrones que “rigen” la heterosexualidad, no los que “rigen” la homosexualidad. Somos un manojo de hormonas e influencia social y lo que hace cinco años afirmábamos respecto a nuestra estructura de atracción sexual puede ser completamente diferente el día de hoy. Como bisexuales, podemos sentir mayor atracción hacia un género en particular y eso está bien. Pueden gustarte más los chicos que las chicas, o al revés. Eso no te convierte en gay o hetero, ya que en tu concepción del mundo, no estás especificando que no te atraigan ambos, simplemente eres consciente de que uno pesa más que el otro.

Ojo, tengamos en cuenta que esta fluidez respecto al entendimiento sexual puede modificarse a lo largo de la vida, de la misma manera que a quien le gustaban los rubios hace un año, hoy puede estar convencidx que no hay nada más sexy que un moreno caribeño. Todo es válido mientras seamos fieles a lo que queremos.

Las mil caras de la atracción

En la estructura dicotómica, nos han enseñado que el amor y el sexo van de la mano y esa idea nos ha generado muchos conflictos como sociedad, sea cual sea tu orientación sexual. Si el sexo y el amor fluyen juntos, ¡qué maravilla!, pero seamos honestos, aplicaciones como Grindr, Hornet o Tinder no serían tan exitosas si esa fuera la regla. Tenemos la libertad de acostarnos con quien queramos (siempre y cuando la otra u otras personas estén de acuerdo), no por eso estamos obligados a sentir amor por quien nos acompañe en la cama.

Desde el mismo ángulo, se ha planteado a la bisexualidad como una orientación en la que se DEBEN mantener relaciones sexuales con ambos géneros, porque, dicen aquellos que inventaron el concepto erróneo de la bisexualidad que tiene qué ser así. Hoy podemos afirmar que un bisexual puede encontrarse en una relación monógama y no por eso deja de ser bisexual. Incluso existen personas que afirman que en términos románticos sólo pueden entablar una relación con un género en específico, pero en términos sexuales pueden estar tanto con hombres como con mujeres. Esta es una cara de la bisexualidad que se aborda poco, pero que está ahí y que no debemos ignorar. Al final del día, debemos ser claros frente a las personas con las que nos relacionamos, recuerden; honestidad por encima de todo.

Nadie te conoce mejor que tú

Aunque parezca frase de libro de superación personal, debemos mantenernos firmes respecto a lo que sabemos que somos. El mundo puede decir lo que quiera, pero mientras nosotros sepamos lo que nos gusta, lo que nos atrae y lo que nos define sexualmente, nada más debe importar. Los que vamos por la vida identificándonos con esta orientación sexual sabemos que callar las voces que no creen en ella es casi imposible, hemos aprendido que siempre habrá alguien que dude, señale y juzgue y de la misma manera debemos informarnos y preparar nuestros argumentos. Al final del día, cuando nos vamos a dormir, el único pensamiento que debe darnos vueltas en la cabeza es el de saber que somos felices de la manera en la que nos identificamos, nada más allá debe dañar nuestra estructura y jamás debemos dejarnos agredir por personas que no tienen la capacidad de entenderlo.

Hay gente ignorante

Del punto anterior, surge este. Es simple y sencillo. Hay gente ignorante y a veces no tiene caso tratar de argumentar contra ellos. La vida es muy corta como para pasar el tiempo discutiendo y como para perder los minutos con alguien que no está dispuesto a escuchar.

Los miedos y las inseguridades se proyectan

Vivimos en un mundo donde el miedo rige gran parte del comportamiento, el miedo y la inseguridad.  Muchos homofóbicos señalan a la comunidad LGBT porque en el fondo se saben parte de ella. De la misma manera, en un entorno masculinizado, gran parte de los heterosexuales nos juzgan y nos rechazan porque no entienden que podemos encontrar algo bello en ambos géneros sin quebrarnos la cabeza. A todos nos ha pasado que algún amigo hetero puede llegar a tener conflicto simplemente para formular una frase donde acepte que algún chico es atractivo. Si tienen amigos heterosexuales con la libertad de decirles “no mames ese güey está bien guapo” abrácenlo y quiéranlo mucho.

La bisexualidad no se mide en porcentajes

No tratemos de cumplir con las fantasías de un mundo al que le cuesta trabajo no tener el control. No estamos obligados a irnos a la cama con el mismo número de hombres y de mujeres, ni de sentir atracción 50/50, ni de decir que nos gustan ambos por igual. Ya lo mencionábamos antes, la sexualidad es cambiante y sólo nosotros sabemos cuál es la mejor manera de vivirla.

Somos muchos y somos bi

Cuando algo pueda hacerte flaquear respecto a esta orientación tan bonita, sólo hay qué recordar que somos un porcentaje muy alto de la comunidad LGBT, que no estamos solos y que nadie tiene derecho a decidir por nosotros. Somos muchos, quizá no somos machos, quizá no somos femeninos, quizá somos de todo. Sea cual sea nuestro estilo de vida, nuestros gustos y nuestras atracciones respecto a la sexualidad, como bisexuales tenemos el derecho a vivir nuestra orientación de la manera que nos haga feliz, sin juicios y sin miedos.

Los leo pronto… Sab!