No lo podemos negar: no hay tal cosa como una relación perfecta. Todas las parejas discuten y se pelean, pero sólo las buenas superan las crisis. Para lograrlo, es vital saber qué puede ceder uno, qué no vale un berrinche, y qué posibilidades tiene el otro de hacer lo mismo. Entonces, en Homosensual nos preguntamos: ¿Qué es negociable con tu novio?

Negociar es una habilidad con la cual no todos nacemos, pero que muchos podemos desarrollar siendo inteligentes y consistentes. Y hacerlo con nuestro novio es todo un arte, ya que quizá podamos dominar negociaciones en el trabajo o con amigos o familia, pero cuando hablamos de la media naranja, las emociones nos pueden hacer perder el juicio… porque lo amamos.

Razones para terminar una relación sobran, como la distancia, los horarios, o encontrar a tu “novio” en apps de ligue. Todo es muy circunstancial y relativo. No es lo mismo que tu novio de cinco años te confiese que besó a alguien en una borrachera, a que a tu novio de tres meses lo encuentres con tus dos mejores amigos en tu cama. Tampoco aceptar que tu novio de diez años se vaya seis meses al extranjero por trabajo, que aceptar seguir con alguien que conociste hace seis semanas y que no tiene papeles para quedarse en tu país más tiempo.

Abrir los ojos no es fácil

Una cosa es cierta, el interés tiene pies, pero también todos tenemos límites y hay que pensar en nosotros mismos, debemos ser inteligentes para encontrar lo que al final va a ser mejor para nosotros. Quizá vale la pena negociar horarios con alguien que vale mucho la pena con tal de que se vean al menos un par de veces por semana, ambos cediendo un poco. Y por poner otro ejemplo, hoy la mayoría de las ITS realmente no tienen por qué afectar la vida sexual de una pareja tomando las precauciones necesarias (que, siendo objetivos, tampoco implican demasiado), así que usar muchas de ellas como pretexto para no estar con alguien ya no se justifica.

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Así, primero nosotros debemos estar conscientes de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a ceder. Piensen en esto: para mí, mis amigos son la pila de mi vida. Salgo con mucha gente varias veces a la semana a cenar, a bailar, al cine, a fiestas, etc. Si un prospecto muy celoso me pidiera que dejara de verlos, primero negociaría ver a mis amigos quizá un poco menos para darle a él el lugar que se merece, y le pediría que nos acompañe cuando nos reunamos, todo eso antes de tomar decisiones drásticas. Otro ejemplo puede ser considerar abrir la relación. Durante años eso para mí fue impensable, pero hoy conozco a unas cuantas parejas que lo han manejado verdaderamente bien mucho tiempo, y que el sexo sin sentimientos no tiene por qué amenazar una relación estable. Entonces, aunque nunca he estado en una relación abierta, hoy podría hablarlo y establecer reglas, probarlo una vez o un tiempo y ver si funciona (y sobre todo, considerarlo antes de ser infiel).

Te quiero pero…

Los horarios son otro dilema. Aunque la mayoría maneja horarios de oficina y escuela normal, muchas otras actividades transforman nuestro tiempo, como pasatiempos o el tráfico. Y muchas profesiones tienen horarios fuera de lo común: los actores y músicos suelen trabajar los fines de semana, quienes trabajen en el sector turístico no tienen vacaciones cuando la mayoría sí, los médicos deben estar disponibles siempre y sus jornadas son muy pesadas, y bueno, los freelancers hacen lo que quieren con sus tiempos, pero deben ser disciplinados. Entonces, saber balancear horarios es básico en una relación, y cuando no se puede, ambos deben tener la madurez suficiente para aceptarlo.

Los planes de vida a largo plazo y las personalidades pocas veces se pueden modificar. Si uno no piensa en otra cosa que en bebés, y el otro odia a los niños, o si uno vive para viajar y el otro para trabajar, o si uno es un activista y el otro está aterrado de salir del clóset… ni hablar. La personalidad es algo delicado, porque la esencia de alguien quizá pueda cambiar ligera y lentamente, pero muchos detalles claro que se pueden mejorar por la otra persona, como ser un poco más limpios, puntuales, organizados o detallistas por el otro. No hay que pensar necesariamente que el otro “nos quiere cambiar”, a veces hay que verlo como si esa persona sacara lo mejor de nosotros mismos al echarnos porras para cambiar malos hábitos, esforzarnos más en el trabajo o para hacer ejercicio y mejorar nuestra salud. Pero cuando el otro ha sido un vicioso sin control o un zorro desmedido durante años… ¿qué seguimos haciendo con él?

“Una relación deja de serlo cuando ambos dejan de ser ellos mismos. Se trata de saber qué tanto estás dispuesto a olvidarte a ti mismo para hacer que la relación funcione. [Uno de mis personajes dice] ‘Yo no quiero desperdiciar mi vida para que te encuentres a ti mismo. No quiero ser tu sombra. Quiero ser yo.'” Xavier Dolan.

Mi hermano tiene una fórmula que creo es muy inteligente. Podemos hacer una lista de las diez cosas que esperamos en nuestra pareja, y luego, elegir las tres que son indispensables (las otras siete serían negociables). Mi pareja no tiene por qué tener barba o tatuajes (aunque me encanten), y podría vivir del otro lado de la enorme ciudad si es que nos encontramos en puntos medios. Pero aunque mi pareja no necesita un premio Nobel, no puede ser idiota, tiene que aceptar mis fuertes lazos con mis amigos, y debe darme mi lugar. Yo no necesito casarme ni una boda, pero si él quiere, yo podría hacerlo para hacerlo feliz, ya que la idea tampoco me molesta. Yo amo a los perros y veo un par en mi vida en veinte años, pero si él es alérgico, pues ya me estaré haciendo amigo de un gato.

En fin, yo creo debemos estar conscientes de que los momentos buenos deben hacer que valgan la pena los malos (porque los habrá). Lo importante es que también ambos pongan proporcionalmente de su parte, porque cuando solamente uno da y da, el futuro es muy poco prometedor.