The brain is wider than the sky, for, put them side by side, the one the other will include whit ease, and you besideEmily Dickinson (1830–86).  Complete Poems.  1924. Part One: Life, CXXVI

Esta es la caja de nuestros recuerdos, el ordenador compinche del cuerpo, la bóveda humana de nuestra existencia. No existe algo en la vida misma que no termine convirtiéndose en artefacto de este órgano corporal llamado cerebro. El cerebro ha sido nombrado a través de su propio uso, a través de su propio entendimiento de sí mismo. ¿Quiénes somos? ¿Qué amamos? ¿Por qué amamos?, ¿Por qué sentimos? ¿Qué queremos? ¿A dónde vamos? ¿Qué nos motiva, nos impulsa y nos hace entender nuestra realidad? Todas esas preguntas pueden ser respondidas desde la indagación dentro de nuestro propio cerebro. Buscar afuera es inútil, porque incluso en la búsqueda exterior, estamos evocando el trabajo de este conjunto de células que le dan forma a lo que nos rodea.

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Cuando hablamos del tema LGBT+, sin discusión alguna tenemos claro que el cerebro trabaja de maneras diferentes entre una persona y otra. Para quienes se identifican como homosexuales, por ejemplo, los impulsos, los focos de atención y las descargas cerebrales varían frente a quienes se identifican como heterosexuales. Y es que en el tema del cerebro, no existe una manera establecida de cómo debe o no debe funcionar. Simplemente reacciona, simplemente traduce, evoca y acciona. La excitación, la ruborización, el deseo, son desatados por elementos diferentes para cada uno de nosotros. Asumiendo que el cerebro se inhibe y desinhibe a partir de nuestro contexto de vida, podemos concluir que en la sexualidad, lo que nos gusta, lo que no, lo que nos atrae, lo que nos despierta interés es resultado de un proceso químico. somos una masa deforme aprendiendo a funcionar para uno mismo.

¿El cerebro de los bisexuales reacciona combinando impulsos tanto de heterosexuales como de homosexuales?

De acuerdo a un grupo de psiquiatras y psicólogos de la Universidad Alemana de Magdeburgo y de la Universidad Northwestern en los Estados Unidos, podemos concluir que no. el cerebro de los bisexuales manifiesta comportamientos claramente distintos al cerebro de heterosexuales y homosexuales. Tiene sus propias peculiaridades y, al igual que la orientación bisexual, no es una combinación de ambos mundos.

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El estudio contó con 26 heterosexuales, 25 homosensuales y 28 bisensuales, todos entre 25 y 50 años, tanto de orígenes caucásicos, hispanos, afroamericanos, asiáticos. Una de las reglas establecidas era que cada bisexual debería haber tenido al menos dos parejas sexuales (hombre y mujer), y la orientación fue establecida desde la escala de Kinsey. Pero ¿De qué se trató el estudio? De medir la actividad cerebral a través de imágenes de resonancia magnética. Los participantes observaron videos sexualmene explícitos, en los que aparecían tanto hombres como mujeres desnudos en teniendo relaciones sexuales: mujeres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con hombres.

¿El resultado?

El patrón de actividad era dispar según la orientación sexual de cada uno de los participantes. El Ventral Striatum, que es la zona del cerebro relacionada con las experiencias, los estímulos eróticos y la gratificación fue la región donde las variantes eran mucho más evidentes. Pro primera vez, un estudio fue tan claro en el hecho de que las reacciones neuronales en torno a la bisexualidad establecían que los individuos identificados como tal presentaban una menor actividad discriminatoria frente a sus pares homosexuales y heterosexuales.

¿Qué quiere decir esto?

Que la bisexualidad, desde el funcionamiento cerebral es completamente real, ya que ante los estímulos el cerebro reacciona sin generar barreras de rechazo por alguno de los géneros. En el caso de los heterosexuales, por ejemplo, existe una clara discriminación ante la actividad homosexual y viceversa; los homosexuales presentan esa misma discriminación ante el estímulo heterosexual. Cabe anotar que en el caso de los bisexuales, se registró también cierta inclinación o preferencia de un sexo sobre otro, punto que fortalece el estudio realizado por Kinsey en su momento.

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