Cicatrices
Cicatrices

Todos a lo largo de nuestra vida hemos tenido experiencias malas y dolorosas que han dejado huellas imborrables en nosotros, en nuestra forma de relacionarnos, de confiar en alguien, etc. Por ejemplo, hay quienes a partir de que han descubierto la infidelidad o engaño de su pareja, se cierran a nuevas posibilidades de confiar en alguien nuevo, pensando tal vez que la historia se repetirá y, por miedo a este hecho, evitan darse una nueva oportunidad. Y es que este tipo de “marcas” o cicatrices del corazón no son fáciles de superar para muchos, por lo que prefieren ocultarlas y evitar la posibilidad de que aparezcan nuevas, aún sabiendo que existe la posibilidad de que esta vez todo vaya bien.

Es por eso que quiero hablarles de un arte japonés que tal vez les ayudaría un poco a sobrellevar estas “cicatrices”. Su nombre es Kintsugi o Kintsukuroi. El Kintsugi consiste en la reparación objetos de cerámica que se han roto volviendo a unir sus piezas, pero dentro de los materiales que utilizan para volver a pegar las piezas, se encuentran el oro, la plata y el platino.

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Kintsugi

La filosofía de este arte plantea que las fracturas o “cicatrices” de las cosas representan un momento de su vida, por lo que deben mostrarse con orgullo en lugar de deshacerse de la pieza u ocultarse. Al volver a unir las piezas, las cicatrices son embellecidas con materiales preciosos para comunicar esto y embellecer aún más el objeto. Este arte y su filosofía llegaron a ser tan preciados que luego de reparada una pieza, adquiría otro valor, incluso uno mayor.

Y en cierta forma tiene sentido si llevas esta filosofía a tus experiencias previas que te han causado “cicatrices” en el corazón, ya que éstas te han hecho sufrir. Sí… pero también es cierto que te han hecho alguien más experimentado, alguien más fuerte y no por ello, vales menos, al contrario.

Las cicatrices son hermosas porque cuentan tu historia.

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Que se vean las cicatrices

De hecho muchas personas buscan como cualidad en otras la experiencia, ya sea como amigos o algo más, alguien que sepa dar consejos desde su perspectiva y vivencias, resulta ser muy valioso para quienes no han experimentado lo mismo que tú. De igual forma, hablar sobre lo que has vivido, cómo te ha afectado y sobretodo cómo lo sobrellevas o superaste, te hace alguien más interesante, bello e incluso digno de admirar. Pero ojo, tampoco te vayas al extremo de parecer un mártir y siempre sacar el tema a relucir, no se trata de “engatusar” a nadie ni de dar lástima para atraer atención. Simplemente digo que no tiene nada de malo hablar sobre estas cosas. Sí, a algunos los hicieron mensos, los engañaron, etcétera; pero no por ello la gente tiene por qué pensar “qué tonto fuiste” o cosas por el estilo, y si lo hacen, seguramente no te convienen.

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Las cicatrices pueden ser bellas

Así que ahora que sabes lo importante que son tus “cicatrices” para conocer tu historia, quién eres y por qué actúas de determinada forma ante algunas situaciones; sería bueno que comenzaras tú mismo a realizar un tipo de Kintsugi sentimental con tu corazón roto. ¿No te parece? Obviamente no podrás utilizar oro y plata (bueno, quién sabe hay algunas adictas al shopping), pero puedes emplear un poco de autoestima, mezclarla con perdón para contigo mismo y quien te hizo daño, así como un poco de seguridad y confianza en ti mismo, sin dejar de lado la posibilidad de que la siguiente vez puede que sea mejor.

Te aseguro que tu corazón quedará bellísimo una vez que termines de recoger y unir todas sus piezas. Incluso podrás  admirar la belleza de tus cicatrices. Y bueno, luego de que la Dra. Corazón se posesionara de mí, me voy porque me siento muy cursi el día de hoy…

Y tú ¿qué opinas?