Aquellos que han estado al pendiente de mis publicaciones saben que este año he estado particularmente emocionado por la boda de dos muy queridas amigas de la universidad, desde que me dieron la noticia y empezamos a planear todo hasta una despedida de soltera que no olvidaré en un buen tiempo.

Pues bien, el gran día llegó, y aunque leemos sobre los aspectos legales y políticos de los matrimonios entre parejas del mismo sexo con cierta frecuencia en las noticias, hoy les quiero compartir la experiencia personal desde una perspectiva íntima, emotiva y directa.

OBVIO fui una de las damas… perdón, del cortejo nupcial, por tanto mi emoción fue mucho mayor que la de un invitado cualquiera. La emoción se sentía quizá desde un mes antes… vaya, cuando realmente nos cayó el veinte de que se aproximaba la fecha, pero una semana antes ya todos estábamos como espuma de champagne. Las novias llegaron de Seattle (donde ya viven juntas), fueron a su última prueba de vestido, peinado y maquillaje, el cortejo terminó de planchar sus últimas prendas, se ataron los moños en los últimos regalos para los invitados, se cargaron las cajas, y nos fuimos todos a Cuernavaca.

fullsizerender-2Una noche antes, durante en el ensayo, las familias nucleares y los amigos cercanos terminamos de revisar los detalles finales. Quienes hayan estado involucrados “de más” en una boda saben bien que siempre llegan sorpresas que hay que resolver en el último momento, como reacomodar invitados debido a las cancelaciones inesperadas o improvisar poses para las fotos del día siguiente. Así, tras la cena, todos nos fuimos a dormir temprano para recargar pilas para el gran día.

Al despertar, canalicé mi dama/wedding planner interior (Jane Nichols, Miranda Hobbes, Charlotte York, Samantha Jones, Julianne Potter, Mary Fiore). Nos reunimos para un brunch con mimosas (porque obvio había que empezar a brindar desde las 10 am), y las chicas se fueron a peinar y maquillar (claro que a mí me tomó 45 minutos desde que me metí a bañar hasta que me ajusté mi boutonnière).

Lo que sentí cuando vi a mis amigas llegar al backstage del altar, vestidas de blanco #LikeAVirgin, más bellas que nunca (literal), es un recuerdo que me perseguirá hasta que muera.

fullsizerenderEl encaje, la seda, las perlas, las orquídeas, el perfume… todo formaba un par de ángeles sólo digno de posar para Miguel Ángel, pero sus miradas enamoradas, su sonrisas ansiosas… ni el pintor renacentista podría replicarlas en mil años. Las abracé, les desee lo mejor, y al escuchar el Canon, empezamos todos a caminar.

Quizá el mejor momento del día fue verlas acercarse al altar, cuando los invitados las vimos del brazo de sus respectivos padres… ¡AL SON DEL TEMA DE STAR WARS! (las novias son fanáticas obsesionadas). La ceremonia simbólica la guió Ana,  una amiga de todos, de manera brillante. Los cuatro padres de ambas nos regalaron unas palabras, intercambiaron anillos y votos entre lágrimas, y al terminar todos hicimos sonar cascabeles con listones.

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El primer baile como mujer y mujer

Luego ya saben, fotos bonitas… fotos divertidas, y nos fuimos a la recepción, donde cocteles y canapés ya nos esperaban… digo, los invitados. La pareja entró bailando, todos nos fuimos a sentar para disfrutar de la deliciosa cena (si nunca han probado jamón serrano con guacamole, no han vivido), brindamos cuando el best man terminó de felicitar a las chicas, las cuales fueron con sus padres a abrir la pista bailando swing. No paramos de bailar y de tomar peligrosos shots toda la noche, comimos s’mores y tacos al pastor, las novias lanzaron flores y… balones de fútbol americano, y nos fuimos a la cama exhaustos y felices tras una de las mejores bodas a las que he ido (quizá la mejor).

Me es muy importante aclarar que el personal de Las Mañanitas nos trató a todos impecablemente todo el fin de semana. No solamente es un hotel y restaurante de primera, con jardines de ensueño y una ubicación privilegiada en el centro de Cuernavaca, se trata verdaderamente de un lugar donde todos respetaron a la pareja y a sus invitados, donde las parejas del mismo sexo pueden celebrar el día más importante de sus vidas sin un solo par de cejas fruncido, todo lo contrario, con sonrisas genuinas. Igualmente agradecemos a IDL Buró Legal por echarnos la mano con los trámites legales en la CDMX y que las chicas se pudieran casar sin preocupaciones.

Debo terminar felicitando a Clau y a Car, deseándoles lo mejor para el resto de sus vidas, con una familia geek, única y hermosa, como ellas quieran formarle y donde ellas deseen hacerlo.