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Si usted no ha leido la parte 1 de encuentrela aquí.

El día que tus demonios por fin convivieron con los míos.

Aún recuerdo aquella noche, o día, en realidad no recuerdo bien, pero aún recuerdo aquella ocasión de coincidencias constantes, aún recuerdo como todo se puso no sé si en nuestro favor o en contra, recuerdo que nos vimos días atrás, y tú buscabas ilustrar aquella historia que tu papá te contaba de pequeña, pero también recuerdo que no podías dibujar con éxito nada que fuera más complicado que una carita feliz, y también lo mala que era yo para las letras, hasta este momento.

En fin, recuerdo que entre cervezas y risas nos leíste aquel cuento, ahora con toda sinceridad te puedo decir que fue mal momento, las risas, la música, el ruido, nadie pudimos tomar nada enserio, ni siquiera tú, pero pudimos saber que nuestros opuestos por fin servirían para algo, en broma me ofrecí a dibujar la historia, tu historia, y lo hice en una servilleta semi mojada que volaba literalmente por ahí, con la pluma que hasta hoy, el mesero me reclama, dibuje por aquí, por allá, y todos rieron, excepto tú, cualquier cosa que pudiera hacer o decir, nunca te causo risa, por el contrario entre broma y broma parecías molestarte, y ahí quedo, enojada arrancaste la servilleta ahora totalmente mojada de mi mano, y la hiciste “bolita” note que la metiste en tu bolsa de aquel pantalón que siempre usabas, todo el tiempo me preguntaba ¿tendrá cientos de pantalones iguales o es el mismo? Nunca me atreví a preguntar. Obviamente.

En fin, me escribiste, a la mañana siguiente.

-“Hola!”

-“¿Qué hay?” Respondí.

Y esa fue nuestra primer y única platica, en resumen, querías que de verdad ilustrara tu historia, y lo haría esa noche de viernes, en la que coincidentemente (en esta parte de la historia repetiré esta palabra, ya que así paso). Esa noche en que coincidentemente ninguna de las dos tenía un plan.

“El amor de tu vida” como hasta ahora le has llamado, tenía un viaje al otro lado del país, para ver a su abuelo que no estaba muy bien de salud, ella “el amor de mi vida” estaba en un curso laboral del lado opuesto del país y no regresaría hasta el domingo.

Coincidentemente después de tocar a tu puerta y escuchar a tu gato ronronear, ahí estábamos, solas tú y yo (y tu gato) en aquel grande y luminoso departamento, así se dio, así pasó, y hasta el día de hoy, me queda claro que ninguna de las dos lo buscábamos.

Listo, henos aquí, y después de un torpe saludo, entré a tu apartamento, me senté en la mesa del comedor, mientras tú decías cosas al aire como, ¿¡Dónde está!?, ¿¡Dónde lo dejé!? ¡Aquí esta! gritaste por fin, ¡Espera!, y pusiste música, nada especial, solo una lista que sabias que me gustaría, porque en nuestros amistosos encuentros anteriores “el amor de tu vida” notó como yo gritaba “esta es mi canción favorita” casi al mismo tiempo que tú. Así que naturalmente sabías que esa música estaba bien para mí. Pop Rock de los 90’s en español. Nada especial.

Comencé a leer tu historia, la historia con la que creciste, tu manual de vida, tu “Principito” personal, la historia que tu padre había creado solo para ti, y que era lo que con más orgullo portabas.

Yo sabía ya más o menos de que trataba, pero por fin la tenía entre mis manos, el verdadero librito sin imágenes que exaltabas a cada oportunidad, comencé a leerlo mientras a media voz las dos coreábamos aquellas canciones, ambas sin vernos, tu haciendo quién sabe qué en tu teléfono y yo prestando mucha atención a lo que leía, e imaginando cómo lo podría ilustrar.

¡¿Quieres chela, vino, algo?! Gritaste desde la cocina

Esa fue la frase que me regresó a la realidad y que tumbó aquel pacífico silencio que nos envolvía, -Si, lo que tengas está bien-, grité de vuelta.

Y te escuchaba murmurar, regresaste con dos vasos enormes de cerveza, y no pude decir más que “Gracias” pero mi gracias no era más que un disfraz de toda la duda que me acechaba de pensar ¿De dónde habrías sacado tanta cerveza? ¿Tenías un barril, un dispensador como en el bar?

En fin, mi duda duró menos que el camino del vaso hacia mi boca para dar el primer y glorioso sorbo, y ahí estabas, más cerca de mi esta vez, viendo con fascinación, como comenzaba a plasmar con colores, en hojas blancas, las letras que tanto tiempo coloreaste en tu imaginación, y henos ahí, dos chicas enamoradas de otras chicas, ahí, pasando un buen momento de colegas, dibujando, opinando, platicando y riendo, sin maldad alguna, sin intención alguna, era un momento realmente feliz en el que solo existíamos tu y yo, y todas nuestras cosas en común. Coincidentemente nada especial.

CONTINUARÁ…

Y tú ¿qué opinas?

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Soy Amanda, tengo 23 años, y jamás viví en un closet, Dicen que soy Licenciada en Administración pero mi físico es más de un puberto, nadie conoce mi segundo nombre, Soy la persona más necia y aferrada que he conocido, soñadora cuando se puede y terrenal cuando se debe, amo comer y no me gusta el ejercicio. Mi gato es lo único fiel que he encontrado en la vida, la música puede arreglarme el alma, busco el amor de mi vida porque casada ya estuve. NADIE PUEDE Y NADIE DEBE VIVIR SIN AMOR.