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Cuando tratamos de explicar el tema de la bisexualidad en los entornos cercanos, es común ser bombardeados con las dudas clásicas alrededor de esta orientación sexual. Ya saben, lo de siempre, que si existimos o no, que si le tenemos miedo a decir lo que realmente somos, que si estamos experimentando, etc. Hablar sobre estas preguntas puede volverse cansado, responder siempre a lo mismo, a las dudas eternas sobre lo que somos es algo así como tratar de llegar al final del pozo sin fondo. Sin embargo, es una necesidad que se coloca en el marco de nuestra propia visibilidad y el amor y respeto que nos tenemos como seres humanos.

Ahora, hay una afirmación de la que poco se habla en el tema de la bisexualidad y que el día de hoy le da sentido a este texto:

Los bisexuales no son capaces de amar, solo buscan el placer sexual por encima de todo y de todos.

En esta frase, la palabra clave es: Amar.

Esta afirmación duele, duele no sólo por reafirmar la idea de que los bisexuales sólo queremos divertirnos sexualmente, no sólo porque nos coloca de nuevo en la zona de la promiscuidad sin sentido, no sólo porque nos dice que en algún momento terminaremos siendo infieles, sino porque amputa de tajo nuestra posibilidad de enamoramiento, compromiso, respeto y sentido de pareja sentimental.

B is for Bisexual
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El sustento de la frase está ligado a la ignorancia del tema, a la falta de conocimiento alrededor de lo que un bisexual entiende sobre sus procesos emocionales. La gente sigue creyendo que un bisexual necesita, obligatoriamente, estar sexualmente con personas de su mismo sexo/género a la vez que está con personas de sexo/género distinto al suyo. Somos unos depredadores sexuales, unos ninfómanos insaciables de placer, incapaces de sentir, de emocionarnos por los pequeños detalles, incapaces de comprometernos, de hacer crecer una relación. Cuando la gente (evidentemente no todos) escucha “bisexual” automáticamente establece todas estas ideas en su cabeza. El amor no está hecho para los bisexuales, porque el amor es tierra sagrada de la castidad, la fidelidad, la pareja. ¡Ay ajá!

El gran problema en este tema es por mucho, el gran problema en todas las actitudes bifóbicas: Asignarle valores morales a una orientación sexual.

Decir que un bisexual no puede enamorarse es tan absurdo como decir que todos los gays quieren ser mujeres, o que todos los chicos trans son lesbianas con superpoderes, es igual de dañino que el hecho de establecer que dos hombres que crían a un hijo lo convertirán en homosexual, o que sólo las familias heterosexuales tienen derecho a existir, porque en ellas la crianza sí es propicia para el menor.

Los bisexuales NO somos incapaces de enamorarnos, tampoco somos incapaces de mantener una relación, o de ser fieles. En todas las orientaciones sexuales, en todas las identidades de género, en todas las personas, hemos escuchado argumentos sobre sí mismos diciendo cosas como:

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Yo no pienso casarme nunca, no es algo que quiera para mí.

¿Hijos? ¡Qué lata! No puedo cuidarme a mí mismo, no podría cuidar a alguien más.

Mientras llega el amor, hay que darle gusto al cuerpo.

Yo creo totalmente en la lealtad, el tema de la fidelidad es otra cosa.

Soy gay-lesbiana-bisexual-trans y mis papás son heterosexuales.

 

No existe una sola afirmación respecto al comportamiento humano que pueda considerarse como una ley generalizada. Claro que hay bisexuales que no están dispuestos a enamorarse, de la misma manera que hay heterosexuales que jamás se permitirán tener una relación sentimental, u homosexuales, o lesbianas. El enamoramiento por sí solo es un tema complejo como para negarle a todo un grupo de personas su capacidad de ejercerlo.

Y habrá quien diga:

Yo no conozco a ningún bisexual que no sea infiel, todos terminan dañando a sus parejas, yo con los bisexuales: paso.

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Adelante, si eres una persona que no está dispuesta a tener una relación con alguien bisexual, es aceptable. Nadie puede obligarnos a estar con quien no queramos, nadie puede decirnos cuáles deben ser las reglas de selectividad en términos de pareja. Pero ojo, desde esa apreciación, se está decidiendo de quien enamorarse y de quien no. Eso aplica para todos. Sin embargo, no porque todos los bisexuales que conozcas han sido infieles, significa que todos los bisexuales del mundo lo son. Debemos ser responsables de nuestras acciones, de nuestras decisiones y de la manera en que nos relacionamos con los demás. Hay en este mundo una gran cantidad de bisexuales que viven en su propia negación, que quizás han sentido algún tipo de atracción que es distinta a la heterosexual y no se han permitido vivirlo, porque están casados con la gran cantidad de afirmaciones que flotan en el aire que los llevan a pensar que la bisexualidad es un tema del diablo, una especie de pecado, de error, de equivocación, eso no suena muy diferente a lo que se dice de la comunidad LGBT+ en general.

A muchos bisexuales también nos da miedo salir a la calle y expresar que amamos a alguien siendo bisexual, porque todas estas afirmaciones, asumidas desde la comodidad, vierten en el que la gente pueda creer que le estamos mintiendo a nuestra pareja, nos estamos mintiendo a nosotros mismos, la gente llega a creer que, al tener pareja, ésta está viviendo dentro de la infidelidad de manera automática, o que algún día la dejaremos por alguien más. Nos da miedo expresarlo porque el dedo señalador está listo para apuntar, incluso sin saber nada más de nuestra persona más allá de nuestra orientación sexual.

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Los bisexuales amamos, y amamos mucho. Podemos enamorarnos de un pene o de una vagina, pero al final, no es eso lo que nos hace bisexuales. Lo que nos hace bisexuales está en la capacidad de enfocar nuestros intereses en algo que va más allá de los órganos sexuales y ahí, en ese espacio, enamorarnos es para nosotros el sentimiento más honesto que podemos llegar a sentir. Así, todo cursi.

Los leo… ¡Sab!

Y tú ¿qué opinas?