A veces, la crítica de otros hacia nosotros pesa más de lo que debería.

Nuestra madre piensa que debemos cortarnos el cabello, nuestro mejor amigo que nuestro novio no nos conviene, nuestro jefe que tenemos “áreas de oportunidad”, y a veces hasta el extraño que se sienta a nuestro lado en un autobús pero que decide cambiarse de lugar; todo eso puede llegar a ser frustrante y cansado. No obstante, otras veces un punto de vista objetivo y bien intencionado puede llegar a ser refrescante, interesante y hasta constructivo, como el de este ruso en la CDMX.

Tuve la fortuna de que (mi ahora amigo) Vladimir Dotsenko me contactara por Instagram hace unos meses. Me confesó que por trabajo próximamente viviría en México durante un año, por tanto buscaba algunos contactos amigables. Y ahora, teniendo la oportunidad de hablar con él sin prisas ni tensiones, me dio datos curiosos sobre los latinoamericanos, y sobre todo los mexicanos.

Las relaciones entre Rusia y México quizá no son tan fuertes como otras, pero cuando se combinan, la mezcla puede ser interesante

Para contextualizarlos, Vlad es un moscovita matemático gay que ha vivido en Budapest, Luxemburgo y Dublín (su lugar de residencia oficial); ha estado por temporadas en otras ciudades, y ha viajado más que Madonna en gira. Por tanto, pueden darse cuenta de que no sólo es inteligente y culto, además con una perspectiva bastante cosmopolita, intercultural y progresista. El hecho de haber vivido realmente en diversas ciudades le da un panorama más real que el de un turista cualquiera.

Incluso el hecho de ser originario de Rusia, pero de vivir en Irlanda, le ofrece panoramas opuestos sobre su propia sexualidad. Rusia no deja de caminar hacia atrás en términos de información e igualdad; y considera que la homosexualidad es una “amenaza que viene del oeste decadente”, así, las personas no heterosexuales viven con miedo y escondidos. Pero ahora ser orgullosamente irlandés le da libertades y satisfacciones incomparables gracias a su política, sociedad y cultura respetuosa e inclusiva.

Este ruso dice que “ser gay no debe ser un secreto vergonzoso, es sólo una pequeña parte de quien soy”.

El hecho de que Vlad viva hoy en México, y haber conocido algunos países latinoamericanos y gente de la región, nos trae ahora una opinión desde fuera, donde a veces todo se ve más claro. Vlad piensa que en general el latinoamericano tiene en un pedestal a los estereotipos de la masculinidad. Sin embargo, algo positivo que ha traído este machismo es que en la comunidad LGBT+ de Latinoamérica hay mucha gente valiente, fuerte y maravillosa que lucha contra los estereotipos, que explora la fluidez de género, que no le teme a su lado femenino, y que forma una parte importante de la comunidad LGBT+ mundial del siglo XXI.

Lo más frustrante de la comunidad gay en Latinoamérica es el alto nivel de machismo y homofobia interna (…) sufriendo callados tras una máscara de macho.

Vlad en el Museo Espacio de Aguascalientes

Pero yendo más allá, Vlad se ha dado cuenta de que el gay latinoamericano es todo un espectro de colores. Puede llegar a ser fatalista (al no hacer algo para cambiar lo que frecuentemente le molesta) y racista (relacionado con el status), pero igualmente apasionado (al mostrar sentimientos más intensa y profundamente) y hermoso (gracias a la mezcla de etnias que crea “rostros verdaderamente bellos y fascinantes”).

Quise preguntarle a Vlad todo esto para identificar comportamientos generales que en ocasiones no vemos por estar inmersos en ellos, para saber qué es lo que podemos cambiar para crecer, pero también para identificar lo que nos puede hacer sentir orgullosos o agradecidos. Vlad concluye que hasta ahora vivir en México ha sido una experiencia interesante, y se siente feliz de tener la oportunidad de pasar un año fuera de Europa y de aprender sobre América Latina de primera mano.