En las últimas tres décadas ha existido un fenómeno bien interesante que podríamos llamar, por ponerle un título, el auge homosexual.

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No porque la homosexualidad se haya puesto de moda ni mucho menos, sino porque los patrones de comportamiento humano, han permitido que situaciones varias de la historia, puedan ser mucho más visibles y hasta cierto punto, aceptadas.

Abordar temas LGBT+ desde diferentes espectros de la vida, como el cine, la literatura, la moda, la televisión y el internet ha sido constante desde la aparición de cada uno de estos “formatos”. Sin embargo, es probable que el día de hoy, gran parte de nuestro quehacer de entretenimiento, nos muestre, sin buscarlo, algún elemento relacionado con la comunidad sexualmente diversa.

Existen por lo tanto, personas que en un toque de ignorancia, establecen que la homosexualidad y los temas LGBT+ están de moda, ya sea porque el entretenimiento ha encontrado en ellos un nicho de negocio que les permite explotar y explorar nuevas historias relacionadas con el tema, que al final del día son económicamente redituables, o porque en el entendido de un mercado potencial hemos buscado contar experiencias de vida que se salen del estándar común de lo que hace unos años podíamos encontrar en el cine y la televisión, por poner un ejemplo de ello. Sin embargo, la moda no es ser homosexual, ni parte de la comunidad LGBT+, la moda, el mainstream, quizá radica más en la proliferación de contenidos con esta temática, que por ende, nos permiten hablar de ciertos temas en las reuniones familiares, en las charlas de café y en las reuniones de amigos. Poniendo sobre la mesa, anécdotas que siempre han estado ahí, pero que al día de hoy, se vuelven tan constantes y tan comunes, que algunos pueden creer que se han convertido en temas necesarios y que han desembocado en un elemento casi obligado de las conversaciones.

Ser heterosexual nunca “fue una moda”, porque nunca existió un tabú que sesgara los temas relacionados a ella. Las orientaciones, por lo tanto, no entran en los patrones de la moda, los definen, pero no es la orientación lo que se vuelve producto de intercambio comercial. Cuando decidimos qué vestuario usar para salir, estamos respondiendo a un entendimiento personal de interacción con el mundo, mismo que se va modificando, quizá lo que usábamos en el 2007 es totalmente distante a lo que usamos en el 2017, los patrones se modifican, los gustos cambian. En el caso de la orientación no sucede así, no decidimos ser gays, lesbianas, bisexuales, trans, por el hecho de una moda pasajera, no son artículos que se reciclen, al contrario, la orientación sexual y/o la identidad de género, pueden ser expresadas a través de las decisiones pensadas respecto al comportamiento y la moda, pero jamás serán productos de aparador.

En este sentido, podemos proceder con el título de este texto: Si todos fuéramos bisexuales.

Abordemos el análisis desde una perspectiva más que interesante: la utopía. La total bisexualidad del mundo es tan compleja, que de entrada podemos asumir que nunca sucederá. Sabiendo esto, podemos pensar en su existencia y encontrar en el planteamiento, elementos que nos permitan estructurar nuestra convivencia diaria de una forma mucho más orgánica, positiva e  inclusiva.

Adiós Homofobia, adiós Bifobia, adiós LGBT-fobia.

La capacidad de sentir atracción física y/o sentimental por quienes son como tú y por quiene son diferentes a ti, permitiría que el rechazo originado por las diferencias tanto de orientación sexual e identidad de género fuesen inexistentes. La LGBT-fobia es producto de un miedo irracional a quien no se desenvuelve como tú en términos de relaciones afectivas o sexuales. En un mundo donde la bisexualidad fuese el patrón, dejaríamos de ver las diferencias y comenzaríamos a identificar las similitudes. Tendríamos claro lo que nos atrae y lo que nos enamora, lo que nos gusta y lo que no, pero desde un enfoque personal que no estaría ligado ni al sexo, ni a los genitales.

Permitirnos amar con libertad.

¿Alguna vez se han cuestionado si estarían con alguien que no corresponde a aquello que establece su orientación sexual? Ejemplo: Como gay, ¿alguna vez has pensado: “Esta chica es muy agradable, es muy guapa y me cae tremendamente bien, qué mal que es mujer”? Si todos fuéramos bisexuales, no colocaríamos a la orientación sexual como regla para la interacción humana. No concluiríamos de entrada el desemboque de una relación, sino que nos permitiríamos conocer a la gente e interactuar con las personas a partir de lo que son, sin concluir de antemano: “Sólo puede ser mi amigo/a”, “qué guapa, lástima que me gustan los hombres”, “si no fuera mujer (o si no fuera hombre) seríamos una excelente pareja”. Seríamos mucho más libres a la hora de elegir con quien estar.

Religión silenciada.

Este punto será muy breve, porque la religión me da escalofríos: Si todos fuéramos bisexuales, seríamos capaces de amarnos los unos a los otros, y de amar al prójimo como a uno mismo, sin diferenciar a partir del sexo, sino a través de su calidad humana.

La cultura pop sería más incluyente.

Podríamos encontrar historias humanas con las cuales podríamos identificarnos al instante, sin tener que catalogarlas como “la historia gay de la serie” o “la serie lésbica” o “el personaje bisexual”. La música exploraría nuevos territorios, donde, por ejemplo, las letras de las canciones exigirían un proceso creativo que pudiera responder a cualquier persona. Estaríamos dispuestos a humanizar a los personajes de ficción, que serían capaces de enamorarse sin prejuicios y sin ataduras relacionadas con la heterosexualidad de manera obligatoria. Batman podría al fina declarársele a Robin, tener un romance fallido y buscar a Catwoman sin problemas. En Game of Thrones no sería necesaria una boda hombre-mujer en las familias para legitimar el reino, bastaría con que los amantes se pusieran de acuerdo y listo. Los productos de higiene como los desodorantes, podrían enfocar sus anuncios en la calidad de lo que venden y no en el objeto de deseo que acostumbran fabricar.

Economía, política y sociedad.

Dejarían de existir quienes creen que lo merecen todo sólo por ser “hombres” o “mujeres”, pues no habría un planteamiento de las relaciones donde uno es el que da y el otro es el que recibe (hablo de dinero). Los mercados aprenderían a justarse a las necesidades contundentes y no al producto comercial. El sexismo desaparecería, ya que al final, el poder amar a alguien sin importar su sexo, abre las puertas directas a la igualdad, al equilibrio y al entendimiento de que el otro es igual a mí, sin importar su sexo.

Todos seríamos felices de poder elegir sin ser juzgados.

Miles de bisexuales, el día de hoy, tienen miedo de aceptarse, viven bajo la decisión de permanecer ocultos, ya sea en el espectro de la heterosexualidad o de la homosexualidad. Esto, como resultado del rechazo y el no entendimiento a su orientación. Si todos fuéramos bisexuales, no importaría con quien estés, porque al final del día, lo que todos buscaríamos ver, es la persona que eres, más allá de quien esté contigo en la cama.

La utopía es clara, pero lo que podamos concluir para nuestras vidas, sí es una decisión que somos capaces de llevar a cabo. Los leo pronto… Sab!

Y tú ¿qué opinas?