El mundo es un clóset enorme del que nunca terminas de salir. Siempre habrá alguien a quien le tengas que verbalizar tu homosexualidad.

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Esta semana lo hice varias veces. Me sentí como si hubiese estado atrapado en un bucle temporal en el que le confirmaba continuamente a diferentes alumnos sus sospechas de que no soy heterosexual.

Tiene razón Paco Vidarte cuando afirma en Homografías que la heterosexualidad es silenciosa porque no necesita confesarse en ningún momento. En contraste, la homosexualidad sí.

Como profesor, estoy acostumbrado a que en las primeras semanas de clase con un grupo nuevo los adolescentes se dediquen a la especulación sobre mi orientación. Entre murmullos, miradas furtivas y pequeñas risas, los estudiantes hacen suposiciones sobre mi vida personal a partir de detalles que al ser relacionados les causan ruido. Este momento es clave porque define nuestra relación.

Hay compañeros maestros que dejan que les domine el miedo por lo que optan por la invisibilización de su homosexualidad. Sobre todo cuando algunos creen que de por medio está la permanencia en su puesto. Sin embargo, los alumnos preguntan por ti a otros maestros, googlean tu nombre, stalkean tu Facebook y rastrean tus tweets.  Después cruzan los datos obtenidos y confirman lo que querían saber. Por eso el silencio es contraproducente: le permite la entrada al salón de clases al elefante que todos verán pero del que nadie se atreverá a hablar.

Las prácticas de homofobia son muy comunes en las escuelas. Joto, maricón, marimacha, machorra y puto son palabras de uso común entre los alumnos y las alumnas para humillar a alguien más.  El informe 2015 de la UNESCO “Violencia homofóbica y transfóbica en el ámbito escolar”, por ejemplo, revela que en México el 59% de los estudiantes entrevistados manifestaron haber utilizado expresiones homofóbicas en los colegios, mientras que el 51% fue víctima de ellas. La discriminación, las burlas, los insultos, la exclusión y el acoso por homofobia ocurren todos los días en las instituciones educativas muchas veces ante la indiferencia de los profesores, prefectos y directores quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad y ambientes libres de violencia.

En todos estos años como profesor he notado que los maestros homosexuales con quienes he trabajado son los que más han permitido la discriminación por homofobia entre sus alumnos.

Es irónico porque nuestra experiencia directa con el acoso tendría que haber desarrollado en nosotros el compromiso ético de no participar jamás como cómplices. Entiendo que no se trata de llegar al salón el primer día de clases con una presentación de Power Point para explicarles, junto con el programa de estudios, tu homosexualidad. Pero si quieres promover la diversidad sexogenérica en el aula tienes  que colocarte en el centro de la conversación verbalizando tu homosexualidad.

Un consejo que los profesores nos damos el primer día de clases es que los alumnos huelen el miedo por lo que no debemos demostrárselo, ya que reaccionan negativamente a partir de ello. Si como profesor les transmites el pánico a que se descubra el elefante de tu homosexualidad, le das armas a los alumnos acosadores para que continúen con la discriminación y dificultas a los acosados la aceptación de su identidad.

A los estudiantes les hacen falta más referentes directos de la diversidad sexogenérica. Lo que aprendan de ello en el aula se lo enseñarán a sus padres y a otros miembros de su entorno. Paco Vidarte  dice en Extravíos que los armarios son todos iguales. Son instrumentos para crear una identidad falsa e inmerecida porque no corresponde con nuestros sentimientos y deseos. Sólo “la visibilidad permite matices de color, de tono, de sabor, de textura y de olor”.

El clóset en la escuela únicamente sirve para perpetuar la exclusión, la desdicha, las mentiras y la homofobia (interna y ajena)

No importa cuántas veces como maestro tengas que salir de él. La ventaja de quedar atrapado en estos bucles temporales es que a fuerza de repetición cada vez lo podrás hacer mejor.

*Si te interesa saber más:

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