Marcha del Orgullo LGBT de la Ciudad de México 2016. Foto: Gabriel Rendón.

Como cada inicio de temporada de las Marchas del Orgullo, muchos ya estamos organizando nuestros contingentes para recorrer las calles de nuestras ciudades.

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Pero con cada inicio de esta temporada viene la eterna discusión moralista sobre las marchas: ¿es una celebración o una protesta? ¿qué celebramos, o qué protestamos? Y ¿cuál es la manera digna de celebrar y protestar?

Hace unas semanas cuando se anunció el cartel de la Marcha del Orgullo LGBT de la Ciudad de México, más allá de las críticas en ambos sentidos sobre la obra de Erick Rivera, se hicieron escuchar voces en redes que reclamaban no sentirse representados por este evento. Los desnudos y las expresiones artísticas transgresoras del género al parecer incomodan a más de uno. Nos tachan de carnaval. ¿Por qué tanta animosidad?

Habiendo ya participado en un par de comités organizadores de Marchas del Orgullo, puedo decir que por supuesto hay muchas cosas perfectibles, así como también hay muchas cosas que están fuera de nuestro alcance al ser eventos masivos, al menos hasta que nos profesionalicemos con estructuras organizacionales y de transparencia. Existen varios temas que se tienen que gestionar con las autoridades locales, como la seguridad y los eventos culturales; pero hay otros tantos como el consumo del alcohol en las calles (que es ilegal en la capital y en muchas otras ciudades) y la misma movilidad de la marcha. En ambos casos sólo pueden atenderse tratando de sensibilizar a los asistentes, apelando a su buena voluntad cívica.

En otras palabras, es totalmente criticable la organización y dirección que los comités les den. Sin embargo, las críticas no suelen ir por ahí.

La activista Meg Cale el año pasado escribió acerca de algunas cosas que la gente heterosexual debería entender antes de asistir a nuestras marchas. Me parece que varios de sus puntos pueden ser rescatados para dirigirlos a nuestra propia comunidad:

  1. La primera Marcha fue un motín policiaco.

La mayoría de las Marchas del Orgullo se llevan a cabo en el verano en conmemoración de los Disturbios de Stonewall, en el The Stonewall Inn, un bar. Esto no quiere decir que el movimiento LGBT haya comenzado en Nueva York, ni que haya sido la primera manifestación de este tipo, pero Stonewall fue tan emblemático y ocurrió en una de las ciudades más emblemáticas del mundo que muchos colectivos la tomaron de referencia para protestar en otras ciudades. Todo fue reacción al constante acoso policiaco en nuestros supuestos espacios seguros. En las grandes ciudades se nos olvida, o terminamos normalizando, que vivíamos en la clandestinidad. Nuestros espacios, incluyendo las marchas, son los pocos lugares que reclamamos para ser y amar como queramos.

Juzgar a tu misma comunidad por su expresión de género no te hace mejor que quienes nos acosan fuera de la marcha.   

  1. Las personas Trans y Travesti siempre han estado en las trincheras.

A pesar de que en un principio se hacía referencia a una comunidad gay, y después lésbico-gay, las personas trans y travesti son quienes se han llevado los golpes más duros en el trayecto. Son las personas más visibles y las más invisibilizadas de nuestra comunidad. La deuda que tenemos es rescatar nuestra historia, dándoles a nuestros hermanos y hermanas trans y travesti su lugar al frente, así como también acompañarles en su agenda autónoma. Nos toca ser aliados.

  1. La emancipación del cuerpo es el objetivo.

Para quienes se escandalizan con los desnudos lo más seguro es que nunca terminen de sentirse cómodos en las marchas, pero no confundan expresión con libertinaje. La expresión con el cuerpo lo heredamos del movimiento feminista, que en cada manifestación se descubren los senos porque no hay nada que amenace más al patriarcado que la libertad de las mujeres en decidir sobre su propio cuerpo. Con nuestro movimiento, hijos de la liberación sexual de los 60’s, hemos usado el desnudo en tiempos cuando no nos hubieran volteado a ver de otra manera.

Mientras nos sigan diciendo qué hacer con nuestros cuerpos no seremos libres.

Para mi, no me es ofensivo que la gente diga que nuestras marchas son carnavales, porque al final del día es también una celebración de nuestras identidades y cuerpos, pero somos más que eso. Mi entrada al ambiente gay en mis años universitarios fue a través de entrañables amigas drag queens y mujeres trans artistas, que me enseñaron las muchas formas que hay de burlarse del estatus quo, pero sobre todo, de no tachar de superficiales y banales a quienes orgullosamente viven sus cuerpos y arte, poniendo en riesgo sus vidas de marcha en marcha, año tras año.

Y tú ¿qué opinas?