“Honestamente, no creo en la bisexualidad. No puede uno ir jugando a medias, o te gustan los hombres, o te gustan las mujeres”

Esta frase la  escuché hace un par de días en un ambiente de trabajo. Quienes me siguen sabrán que no es la primera vez que me toca lidiar con algo similar, sin embargo, en esta ocasión, mi conflicto iba un poco más allá, no se estacionaba en la incredulidad de quien expresaba la oración, sino que me dejaba pensando en dos palabras que se encuentran dentro de la misma: hombres y mujeres.

Eliel Cruz

Siguiendo a Eliel Cruz, activista bisexual, he aprendido una gran cantidad de cosas respecto a esta orientación que me define. La más importante, para mí, radica en el uso de esas dos palabras dentro del concepto generalizado de la bisexualidad. Cruz se refiere a su orientación de una manera mucho menos radical:

La bisexualidad es la orientación en la que el individuo puede sentir atracción física y/o emocional hacia quien comparte su sexo/género y hacia quien en sexo/género es distinto a él.

Eliel ha dejado de visualizar dentro de este concepto las limitantes hombre-mujer y ha convertido a esta orientación en la única con un concepto mucho más amplio y mucho más empático al cambio social de la historia.

Muchos dirán que en su definición se engloba todo, ¿Por qué no llamarlo simplemente pansexualidad? Históricamente, la bisexualidad ha formado parte del movimiento LGBT+, abriendo caminos, generando rumbos y estableciendo el debate alrededor de sentirse atraído por la persona y no por el sexo. el prefijo “bi” se mantiene: “a quien comparte mi sexo/género” y “a quien es distinto a mí en sexo/género”.

Pensar en hombres y mujeres, excluye automáticamente a quienes no se identifican con ninguno de estos dos géneros, o a quienes fluyen entre ellos. Bajo el concepto anterior de bisexualidad, una persona bisexual no podría enamorarse, ni sentirse atraído más que por personas Cisgéro, tampoco podría generar lazos de afecto por personas de género fluido. Este nuevo planteamiento de la bisexualidad busca mantener la idea primaria de poder engancharse con quien vive su vida fuera del binario, busca consolidar la idea de que quien debe de importarnos es la persona, independientemente de cómo se identifique a si misma.

Regresemos entonces al cuestionamiento inicial de este texto. Ya no se trata de si quienes nos rodean creen o no en la bisexualidad. Se trata de presionar a fondo, como bisexuales y como miembros de la comunidad LGBT+, por un entorno mucho más amigable para quien se sabe dentro de una de las letras fuera del espectro heterosexual. Al final del día, lo que importa es la aceptación concreta de que todos somos diferentes y de que cada quien tiene la libertad de sentirse atraído física y/o emocionalmente por quien desee.

Ustedes, ¿concuerdan con este nuevo concepto de bisexualidad? ¿Estaremos preparados para vivir fuera del binario y enamorarnos de las personas sin importar el género con el que se identifican, o en su caso, si no se identifican con ninguno?

Para mí, este nuevo planteamiento de la bisexualidad la torna en la orientación con la que más me identifico y dentro de la que quiero vivir.

Los leo pronto… Sab!