El día Internacional de la Mujer tiene el objetivo de recordarnos por qué es importante el reconocimiento de la igualdad de género y la necesidad del empoderamiento para construir un mundo en el que el género y la identidad de género no sean motivo de exclusión y menoscabo para los derechos humanos de las mujeres, cisgénero y trans, bisexuales y lesbianas, no sólo en la sociedad en su conjunto, sino también al interior de las filas del llamado movimiento LGBTTTI.

La participación de las mujeres LBT en la historia y en el devenir del movimiento de la diversidad sexual, es de vital importancia para comprender los alcances obtenidos hasta hoy, no sólo por ellas y para ellas, sino para todos los colectivos que este movimiento arropa, pues han sido, principalmente las mujeres heterodisidentes quienes han contribuido, Desde posicionamientos feministas, a hacer una crítica del machismo que también padecen los hombres gays, a la heterosexualidad como orientación sexual obligatoria, en tanto que es considerada por grupos conservadores como normatividad a la que todos y todas deben sujetarse. Las lesbianas feministas han hecho una crítica fundamental a lo largo de la historia de las relaciones humanas con un fin reproductivo basado en reglas biologicistas, que consideran que los lazos entre personas sólo pueden darse en términos de reproducción heteronormativa: entre un hombre y una mujer, debidamente casados y fieles creyentes sólo de una doctrina religiosa: el cristianismo. La aportación desde estas posturas ha sido la de reconocer que las uniones de pareja no tienen por qué tener como fin último la reproducción y que ésta puede darse por métodos asistidos, sin omitir sin duda que las personas tienen el legítimo derecho a relacionarse con aquellas de su mismo género.

Por su parte, las mujeres trans han contribuido dentro del movimiento LGBTTTI a romper poco a poco con las percepciones genitalistas de los cuerpos y con ello han removido los cimientos falocéntricos de la homosexualidad masculina cisgénero.

Sylvia Rivera

En la historia contemporánea de nuestro movimiento, es imprescindible hablar de Sylvia Rivera, una mujer trans de ascendencia latina, defensora de las personas trans de color, y a quien se le atribuye con haber lanzado el primer rocazo  en la revuelta de Stonewall. Sylvia luchó hasta sus últimos días por los derechos de las personas trans de color y de  estatus socioeconómico bajo. Las mujeres trans han tenido que pagar muy alto una visibilidad muchas veces obligatoria que también las ha convertido en piedra angular de la resistencia contra el Patriarcado.

La lucha de las mujeres trabajadoras sexuales trans ha logrado abrir el debate en torno a la dignidad de este oficio, al mismo tiempo que enarbolan una crítica contundente contra los privilegios lésbico y gay, demostrando la precarización de los cuerpos y la violencia que la sociedad ejerce sobre las disidencias de género.

Por otro lado, las familias lesbomaternales cumplen con un papel muy importante al desmitificar los roles de género dentro de una pareja conformada por personas del mismo género, junto con las familias homoparentales. Por otra parte, pero no muy alejados del punto anterior, si la heterosexualidad no es ya la única posibilidad para formar una relación, las familias lesbomaternales apuntalan y sostienen que el género de los padres y madres, así como su orientación sexual, no influyen de forma negativa en sus hijos e hijas, lo que conlleva a la despatologización de las orientaciones sexuales por sí mismas, y eso es algo de lo que se habla poco, aún hoy.

Hoy nuestra Primera Constitución Política de la capital del país, invita a las mujeres LBT, a mantenerse en pie de lucha. La perspectiva interseccional que ponen sobre la mesa las mujeres LBT, ha contribuido, por ejemplo, a que Nuestra Primera Carta Magna, reconozca la naturaleza intercultural, pliriétnica, pluriligüe y pluricultural de la Ciudad, y desde ahí, desde la posición política como mujeres LBT, han abierto el panorama para explorar aún más los derroteros pendientes de nuestras agendas, impulsando el reconocimiento de las diversidades indígenas, migrantes, entre otras, como parte de la llamada diversidad sexual, lo que nos permite también hacer frente a las lesbofobias, homofobias y transfobias interiorizadas en el movimiento LGBTTTI.

Es así pues, que es preciso hacer una mención fuerte y profunda sobre las grandes aportaciones de las mujeres dentro de la diversidad sexual para la propia diversidad sexual. Omitir o menospreciar el papel fundamental de las mujeres LBT para el total del movimiento y la conquista de derechos humanos para las personas LGBTTTI, sería, sin duda, un grave error.

En el marco del Día International de la Mujer, hablar de mujeres bisexuales, lesbianas y trans es de vital importancia. Respetar sus espacios y no invadirlos es también una responsabilidad que debe asumirse.

No más transfeminicidios

Ni una menos

Vivas nos queremos

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