La cuestión que jamás debería estar en una balanza: tu familia y tu pareja.

Sin embargo es justo lo que alguna vez nos hemos visto tentados a poner frente a frente, o bien, nos han obligado. Si bien las familias no están de acuerdo en un cien por ciento con la pareja que se elige, esto se ve aún más afectado cuando se refiere a una relación LGBTTTQ, en especial cuando una o ambas partes aún no se han decidido a ser quiénes realmente son frente a su familia.

¿La verdad a medias, relación a medias?

Hablamos justo de lo que va a afectar a tu relación, construirla en una constante persecución y no es únicamente en cuanto a la familia, sino persecución personal. Y es enteramente comprensible, esconderse es difícil, no poder comentar lo que hiciste el fin de semana o lo mucho que estás enamorado de tu pareja, a quienes amas es frustrante. La pregunta es ¿Vivir en el clóset con tu familia, que tanto afecta a tu persona?, ¿Qué tantas barreras de más te pones? Desgraciadamente no hay mucho que se pueda hacer para cambiar el pensar de los demás, o no es fácil, nunca lo es. La única solución posible para lograr tener una relación completa sin que lo que se piense al rededor de ti es formar un carácter independiente a lo que te dictaron ser o no ser. Requiere de la valentía más grande, que viene acompañado de perdidas, de sensaciones de soledad de irremediable enojo. Enojo que tienes que canalizar en lograr hacer de ti un persona con valores inquebrantables, pese a todo, convertirte en un todo, jamás volver a hacer con tu vida nada a medias.

Ser quién realmente eres.

¿Hasta que punto la familia es primero? 

No hay mucho que pensar si esta elección fuese real y viviéramos en el mundo en el que nuestros padres y abuelos crecieron, regidos por miedo, la familia es primero. De otra manera, si nos sumergimos en el romanticismo trágico, siempre es una mejor opción elegir a quién sería “tu gran amor”, quiero decir Romeo y Julieta por ejemplo, son buenos referentes para casos así.  Y siendo así, ambas son extremistas, determinantes y poco flexibles y nosotros somos de todo menos seres incapaces de vivir en la flexibilidad. No hay que elegir. 


No somos victimas por LGBT. Lo somos por sólo tener una familia, como los demás. 

¿Ubican la ya muy famosa frase, en estos días? ¿”Ningún ch… nadie nunca está a gusto”? Así mismo. El defecto más grande de estas familias que suelen ser una piedrita en el zapato al estar en una relación es justo esa. Y pasa a menudo con cualquier familia en la faz de la tierra. Lo único que nos diferencia es que nuestras familias LGBT, es un impedimento a un nivel más profundo, con argumentos para nada válidos, mismos que descalifican la oportunidad de ejercer tus derechos como tal, de vivir en plena libertad. Y por supuesto que es difícil. No está demás repetir lo importante que es, el hecho de hacerte valer por ti mismo sobre todo a nivel emocional. Las personas que amas, podrían hacerte mucho más daño que el que creerías tan sólo por este hecho: ser quién quieres ser. Ya habrá tiempo de que tu familia se enteré de lo mal que lo está haciendo, mientras tanto, tú decides.

Recuerda que la mejor opción, es no tener qué elegir. 

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