¡Mujeres! En general nos tachan de intensas, pero existe un fenómeno aún mayor  para con mujeres Lesbianas/Bisexuales.

Nos dicen que vamos demasiado rápido, que nos enamoramos sin control, que nos enfadamos hasta por que la mosca pasa y que si por nosotras fuera nos mudariamos con nuestra novia en menos de un mes si fuera posible. Románticas empedernidas, sin remedio alguno.

No lo somos ¿O sí?

¿Es esto del todo cierto?

¿Acaso es que “si el río suena, es porque agua lleva”? He querido desmentir esto de distintas maneras, pero yo misma he sido parte del Lesbosensual #TeamMeMudoConElla, cuando aún no era tiempo. He visto a mis amigas decir “Es el amor de mi vida” a penas un par de meses después de conocer a su chica, he escuchado de diversos grupos sociales expresar que “¡Las lesbianas son súper intensas!”  y aún siendo sólo yo, el comulto de mis amigas y los distintos grupos sociales que lo mencionan; de cualquier manera no debería ser algo que defina a las mujeres en general.

La supuesta “intensidad”, el machismo y la etiqueta.

El término “intensidad” hace referencia en gran parte a la “sensibilidad” y “sentimentalismo” que se nos adjudica  como género. A un  hombre con las mismas características de una “mujer intensa”,  jamás se pensará en denominarlo como tal. Hay que separar realmente lo que para muchos es ser “intensa”, porque ha sido un concepto que llega a incomodar, en particular cuando se usa en mujeres Lesbianas/Bisexuales. Se usa como etiqueta peyorativa,  de fastidio, “las mujeres incómodas que no quieres toparte”.

En la comunidad en general, entre chicas, se califica a “las intensas” a modo de ofensa, un evidente comportamiento pasivo-agresivo. Esta manera de definirnos es el mismo viejo cuento de “Los hombres no deben llorar” en su versión adaptada a nosotras. Cuento que nos sacamos de la manga para alejar a mujeres que sólo por no encajar con nosotras, son unas intensas. Y sí, intensidad hay. ¡Y un montón! En nuestra medida individual todas lo somos, y no es algo que deba hacernos sentir mal, ni avergonzarnos.  Y tampoco es algo que nos caracterice como mujeres, no lo es necesariamente.

No les voy a mentir el mudarse en seguida, es algo que pensándolo con la cabeza fría ¡Es súper intenso! Pero ¡Qué divertido que la gente se equivoque (o no) por si misma!  Sí a ti no te acomoda esa clase de actitudes déjalo pasar, si no te gusta quién toma esa clase de decisiones, deja pasar a  esa persona. Pero simplemente déjalo ir, respetando. Siempre con respeto.

Forzar el no expresar ciertas cosas de cierta manera, justo para no ser llamada de esa forma es una atadura que podemos dejar libre. Hay que permitirnos sentir y que los demás lo hagan de igual manera. Sin miedo. Hagamos que parezca que no cometimos el error, de usar la palabra intensa como algo ofensivo. Dejemos que las supuestas “intensas” se pongan todo lo “intensas” que quieran. Dejemos que se cometan locuras a diestra y siniestra, locuras lindas, por supuesto. Que la gente se equivoque y que puedan decidir por ellos mismos si les gusta o no comportarse de tal o cual manera. Con respeto.

La libertad se acaba dónde el respeto termina. 

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