¿Unión marital entre parejas del mismo sexo? Una doble indiferencia

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Hace un tiempo mi pareja y yo decidimos casarnos (una decisión que toman miles de parejas en el mundo diariamente). Lo particular es que somos dos mujeres (todo esto por el matrimonio gay en Colombia ) y en esa época no teníamos claro si las leyes colombianas ya aceptaban el matrimonio gay. Habíamos escuchado diversos comentarios: algunos decían que era posible, otros decían que no y otros que se podía pero que tenía muchos trucos legales para ralentizar el proceso o impedirlo. 

Sin embargo continuamos haciendo nuestros planes y finalmente conocimos a una pareja que ya había hecho todo el proceso. Ellos nos explicaron que el matrimonio no es legal y que la opción que nos daban es una unión marital de hecho. También nos aconsejaron ir a una notaría específica, ya que conocían casos de notarías en las cuales no dan la información correcta o inventan excusas para que la pareja que desea unirse crea que no puede hacerlo.

Después de los respectivos preparativos formalizamos el acto y nos dieron el contrato que lo probaba.

Sin embargo nos dijeron que una parte fundamental del proceso era llevar una copia de ese contrato a las notarías en donde tenemos nuestro registro civil de nacimiento, las cuales son la 12 y la 13 de la ciudad de Medellín. Y ahí comenzó nuestro infierno, ya que nos vimos enfrentadas a una discriminación y una humillación que nunca habíamos experimentado. 

La notaria de la Notaría 13 le dijo a mi pareja que no era posible hacer el registro porque ese no era el decreto adecuado, y no quiso darle información sobre los cambios que había que hacer en el contrato para que éste fuera aceptado. Yo soy una ignorante en el tema de leyes, pero me parece absolutamente extraño que en algunas notarías funcione un decreto específico y que en otras no. 

“es que USTEDES son unos acomplejados”

En mi caso, desde el primer día que me presenté en el lugar (al cual me han hecho ir más de 4 veces), me respondieron con evasivas y posteriormente empezaron a enredar el proceso. Y cuando mi paciencia se agotó y les hice saber mis sospechas de que estaban evadiendo su responsabilidad con excusas y supuestos errores de atención, haciéndome perder tiempo y dinero, el notario profirió con desdén una frase absolutamente ofensiva “es que USTEDES son unos acomplejados”. Y cuando, totalmente fuera de mis casillas, le pregunté a quiénes se refería con la palabra USTEDES, respondió con una sonrisa sardónica que él no iba a decir ESA palabra, como si decir la palabra homosexual fuera un insulto. 

Fue una batalla injustamente ganada por ese ser despectivo y prejuicioso disfrazado de justo y diplomático, ya que totalmente humillada y frustrada le grité terribles improperios delante de los testigos mudos que miraban absortos el extraño espectáculo. Cuando las opciones se redujeron a salir derrotada le pregunté llena de ira si no era posible cambiar mi registro a una notaría en donde me respetaran, a lo cual respondió con una sonrisa de satisfacción que tenía que quedarme en ella hasta el momento de mi muerte. 

GayLuego de entender que la lucha iba a prolongarse debido a las evasivas de las notarías contactamos a una abogada especialista en derechos LGBTI, la cual nos explicó que algunas personas logran registrar con éxito en sus libros de nacimiento este tipo de contrato, pero que una cantidad no despreciable no lo logra debido a las contradicciones y a la falta de claridad en cuestión de derechos civiles para esta comunidad. Y la peligrosa consecuencia de la injusta libertad que tienen los notarios para actuar como les convenga es la invalidez del contrato. Lo cual anula todos los esfuerzos hechos por la pareja que desea unirse y por el notario que había aceptado la unión. 

En una sociedad que se jacta de tener un elevado grado de evolución mental, espiritual, ética y todo lo demás es terriblemente injusto que a una gran parte de la población se le nieguen derechos importantes basándose en su elección afectiva. Cuando nos niegan el matrimonio nos impiden realizar la unión sin haber tenido por lo menos dos años de convivencia, nos impiden acompañar a nuestros compañeros afectivos en momentos críticos como enfermedades graves, nos impiden tomar decisiones relevantes cuando el otro no puede tomarlas por diferentes circunstancias, nos impiden afiliarlo a nuestro sistema de salud y a dejarle un seguro de vida en caso de muerte.

Por eso hago un llamado a la comunidad para que estén atentos cuando tomen la decisión de unirse legalmente a su pareja para que no se dejen engañar por seres inescrupulosos. Nuestra voz cuenta y por más que el camino parezca imposible o tortuoso debemos continuar con nuestra lucha para acabar con esa discriminación irracional y odiosa. Hagamos eco. Actuemos con manifestaciones, propagación de información por medio de redes sociales, conferencias y todos los recursos que estén a nuestro alcance. Ya es hora de que los prejuiciosos vivan y dejen vivir. 

Adriana García

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