¿Alguna vez habías escuchado el término “disforia”, querido Homosensual? ¿Qué es eso? Aquí te lo explicaré…

Imagina que un día despiertas y no estás en tu cama (o sofá o suelo, en su defecto). Abres los ojos y todo es oscuridad. Estás atrapado en una caja metálica donde no puedes extender las extremidades y estás en una posición incómoda. Únicamente hay una pequeña rendija por la cual puedes respirar y ver a las personas pasar, llevando una vida normal. Seguramente querrías salir de la caja, romperla a como dé lugar, salir corriendo y tener una vida como la de todos los demás, aunque mientras estás en la caja no falte quien mire con extrañeza tu jaula y se burle de tu situación o patee la caja para ver qué pasa. ¡Qué horrible sería eso! Ahora imagina que no encuentras la manera de salir de esa caja. ¿Qué sentirías?

Seguramente, te sentirías impotente, triste, desesperado, enojado, tendrías ganas de llorar o de gritar, incluso sentirías envidia por aquellas personas que caminan libremente afuera de la caja.  Y seguramente, odiarías a la caja con todas tus fuerzas. ¡Cómo no odiarla cuando es la que te impide ser libre, la razón por la cual te miran con lástima y te patean al pasar!

¿Ya lo imaginaste? Bien, has pasado la prueba y ahora sabes lo que es la disforia. Recapitulando, la disforia es un conjunto de emociones negativas potentes que causan un malestar generalizado.

caged

¿Te sientes atrapadx?

¿Qué tiene que ver esto con lo trans? Bueno, es muy simple… Una de las primeras expresiones de una persona trans al darse cuenta de que se siente incómodx con su cuerpo es “me siento como una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre” o “me siento como un hombre atrapado en un cuerpo de mujer”. Para una persona trans, esa caja es su cuerpo. Sí, hemos hablado mucho de la lucha que implica ser trans en una sociedad que no asimila que esa sea una postura válida, pero la lucha de una persona trans empieza consigo mismx al sentirse en un cuerpo equivocado que le genera malestar. ¿A poco no les parece injusto decir “ay, pues estás loco, tan guapo que eres” o “si eres una niña tan linda, ¿cómo se te ocurre ser hombre”? Es por esto que muchas veces nos sentimos incomprendixs…

Frecuentemente los investigadores de la medicina llaman a la transexualidad “disforia de género”… Yo en lo personal, me opongo totalmente al término porque suena a que lo que me causa malestar es mi identidad. ¡Es todo lo opuesto! Mi identidad me pone eufórico, feliz y orgulloso. Es mi cuerpo (mi sexo) y las condiciones sociales a las que se me ató durante muchos años, la transfobia y la discriminación, las que me causan estas emociones tan desagradables.

Es común escuchar la palabra disforia al tratar el tema de la transexualidad, pero no es un término que aparezca fácilmente al tratar otros temas. Sin embargo, no es un término exclusivo de las personas trans. Es más, es probable que tú lo hayas sentido también. ¡Hey, no te asustes, no te estoy diciendo que eres trans y no lo sabías!

La disforia no sólo es una emoción asociada a la percepción que tenemos de nuestro cuerpo. Este conjunto de emociones puede ser disparado por muchas otras circunstancias en la vida de una persona, incluyendo (pero no solamente) algunos padecimientos como la depresión crónica, el síndrome premenstrual, el dolor físico prolongado, las disfunciones sexuales, el estrés y la ansiedad. Cuando sientes un malestar intenso pero difícil de verbalizar o de explicar, es probable que estés sintiendo disforia.

Y es cierto que cualquier persona  sin ser trans (es decir, cisgénero)  puede sentir un intenso rechazo por su cuerpo, desde sentirse incómodo con el corte de cabello hasta realmente aborrecerse. Alguna vez escuchaba a un compañero de la universidad hablando del malestar que le causaba dibujar autorretratos y me sorprendí de escuchar frases que había escuchado en personas trans al hablar de lo incómodo que se sentía consigo mismo y fue ahí cuando caí en cuenta de que la disforia es un problema que le puede ocurrir a cualquiera.

¡Ten cuidado y aprende a poner límites!

¡Ten cuidado y aprende a poner límites!

Pero ojo, no hay que confundirlo con la dismorfia corporal. ¿Qué es eso? Bueno, es cuando se desarrolla una obsesión por la imagen corporal y se siente que no se es lo suficientemente estético al grado de causar ansiedad, depresión, fobia social, conductas obsesivo compulsivas, y hábitos dañinos. Sí, todos hemos oído hablar de la anorexia, la bulimia, la vigorexia, la adicción a las cirugías plásticas. En este caso, la persona que lo padece puede sentir disforia como un síntoma de su cuadro, pero no es ni la causa ni el principal factor.

¿Entonces, ser trans y querer modificar el cuerpo es una especie de capricho por no aceptarse? No hay nada más falso. Para una persona trans, esa disforia es incapacitante, además de que la apariencia del cuerpo le impide desarrollarse en sociedad como siente que debe ser. Eso por un lado, y por el otro, algunos de los procedimientos a los que nos sometemos las personas trans (pero no todas) son por salud más que por apariencia, como el remover las gónadas que se atrofian con el uso de hormonas.

Sé que esto último es difícil de explicar y de comprender, pero pongámoslo así y espero que también les sirva a ustedes… porque admitámoslo, nadie está 100% feliz con su apariencia: hay una vital diferencia entre aceptación y resignación. Por poner un ejemplo: puedo aceptar que estoy pasado de peso pero no me voy a resignar y decir “#SoyGorda y así me quedo porque no hay de otra”.

Aceptarse es el primer paso al cambio. Aceptar que estás en una caja (tu apariencia, tu situación familiar, tu trabajo, tu entorno social) y admitir que te sientes mal con ello es el primer paso para salir de ahí y comenzar a vivir como todos lo merecemos: libremente.

¿Qué opinas?