Mayo es un mes muy importante para todas las personas LGBTTTI en México, pues celebramos el Día de las Madres, una fecha que no pasa desapercibida para muchas y muchos de nosotros, quienes tenemos la bendición de vivir una relación cercana con nuestras madres, pues hay que reconocer que aún hoy una de las principales fuentes de discriminación hacia las personas LGBTTTI proviene precisamente del interior de las familias.

Y a propósito de esta ocasión, es preciso reflexionar sobre algunos puntos que se ponen sobre la mesa, partiendo desde nuestra posición como personas no heterosexuales, en un mundo y una sociedad excluyente.

Hace algunos meses, mientras preparábamos una Feria del Empleo para personas LGBTTTI, un empresario que iba a ofrecer puestos laborales, mencionó que era importante crear empleos para los hijos maduraran de una vez por todas y salieran de la zona de confort que les brinda el hogar materno. De inmediato puse el grito en el cielo, no porque desconociera este hecho o estuviera en contra, sino por una razón más simple pero también más dolorosa. Hoy por hoy, miles de jóvenes LGBTTTI, muchos de ellos menores de edad, son corridos de sus casas a causa de sus orientaciones sexuales y/o identidades de género, siendo orillados a vivir en las calles, con todo lo que eso implica. Cuando mencioné esto, el empresario se quedó frío, su semblante era de un asombro doloroso e inocultable. Sólo atinó a decir, con la voz quebrada, que no podía imaginarse que un padre corriera a un hijo porque es gay, lesbiana o trans, porque ni las hienas le hacen eso a sus críos; cerró diciendo que se necesita ser un criminal, una bestia, para correr a un hijo, a tu propia sangre, de tu casa.

El devenir de homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transgénero y transexuales, no ha sido un lecho de rosas desde hace siglos, y basta mencionar tan sólo la historia del siglo XX para darse cuenta de ello. Cárcel, manicomios y la indigencia, han sido tres constantes para las personas que han decidido asumir, como una postura política, que su ser y sus cuerpos no se someten a los lineamientos cisheterocentristas que han intentado delinear el deber ser de la humanidad. Y este impulso discriminatorio ha provocado un sinfín de rupturas en los hogares, por lo que podemos decir sin temor a equivocarnos, que los grupos conservadores, que están en contra de los derechos de las personas LGBTTTI, atentan contra la familia, al promover la intolerancia y al difundir el odio de un padre hacia su propio hijo como valor de su moralidad.

Tan sólo en Nueva York, Estados Unidos, se estima que entre el 30 y el 40% de los jóvenes indigentes son LGBTTTI. ¿Cuál será el porcentaje en México?

Estos lamentables datos muestran que el conservadurismo destruye familias y orilla a la indigencia miles de niños, adolescentes y jóvenes sólo porque son homosexuales, lesbianas o trans, por lo que es muy importante que los posicionamientos de derechos humanos estén acompañados de una perspectiva que permita comprender un acto discriminatorio también como un atentado contra la familia y contra el tejido social. En esos términos, y al ser los grupos conservadores como el Frente Nacional por la Familia, los culpables de la desintegración familiar, siendo la familia la base de la sociedad, podemos afirmar que son estos grupos anti derechos humanos, los principales frenos del desarrollo social y económico de los pueblos y las naciones.

Es por eso que en este Día de las Madres, es necesario hacer, en primer lugar, un llamado a todas aquellas mamás que tienen hijos e hijas LGBTTTI, para que hagan una introspección consciente acerca de lo que quieren para sus hijos e hijas, y si darán más importancia a los discursos de odio que promueven quienes callan ante la pederastia clerical, la corrupción de las iglesias o la violencia contra las mujeres, por un lado; o si apostarán al amor que como madres le tienen a sus hijas e hijos.

Por otro lado, también es la ocasión idónea, para hacer un reconocimiento para todas aquellas madres que han fijado una postura política revolucionaria al estar a favor de sus hijos e hijas, porque no sólo están a favor de un porvenir incluyente y justo, sino a favor de los derechos humanos desde el amor a los suyos. Debemos reconocer que para muchas madres no es sencillo comprender en primera instancia cuando un hijo o hija es LGBTTTI, pues debido a la fuerte discriminación que padecemos en muchos sectores, una reacción por parte de las progenitoras es el rechazo, la no aceptación, entendida como el deseo de que sus hijos o hijas no sean víctimas de una sociedad excluyente. La diversidad sexual nunca ha sido fácil de procesar a lo largo de la historia, por lo que nosotros como personas LGBTTTI también podemos poner de nuestra parte para acompañar a nuestras madres en el proceso de, vamos a decirlo así, salir del clóset. Para muchas madres, la salida del clóset de sus hijos es también un proceso que ellas tienen que vivir; hecho que muchas veces no es del todo sencillo.

Y muy especialmente, ya entrados en materia, quiero dar gracias a la vida por la Madre que me dio, pues desde mi infancia ha sido un soporte muy alto y muy fuerte, ante el machismo de mi papá, la discriminación en primaria y secundaria por parte de compañeros, profesores y directivos. Mi mamita nunca dudó en dar la cara por mí y siempre apoyó mis decisiones, apostando por ese amor de madre que siempre sentí. Alguna vez, hace no muchos años, le pregunté si nunca había sospechado, por así decirlo, que soy gay, antes de que le dijera. Me respondió que desde muy pequeño me percibió y me sintió así, y que quizá por eso el día que sufrí mi primera ruptura amorosa, aunque no le dije bien de qué se trataba, ella me abrazó y estuvo conmigo toda la tarde. Cómo olvidar aquella tarde que recibí su llamada para preguntarme dónde estaba, porque se había enterado que ese día era la Marcha del Orgullo y pensó que yo estaría ahí. Se me hizo un nudo en la garganta, pregunté dónde estaba, corrí hasta encontrarla y marché con ella desde el Hemiciclo a Juárez. Ella coreó conmigo las consignas que se arremolinaban y hacía retumbar los edificios de la calle de Madero, justo antes de entrar a la Plancha del Zócalo. Qué dicha.

Por eso y muchas razones, hay que reflexionar este día. No cabe duda de que las mamás incluyentes también son activistas, y en este 10 de mayo, va una gran felicitación para todas ellas.